blog | 26 diciembre, 2017

Apuntes sobre el indulto

ILE

Por: Richard O. Campos Villalobos, analista político. Email: r_camposvill@hotmail.com

Ayer, cuando todos nos aprestábamos a celebrar la Navidad, el presidente Kuczynski indulta finalmente al ex presidente Alberto Fujimori.

Todo en medio de la más grave crisis política de la última década y que estuvo a punto de alejarlo del cargo. ¿Negociado?, seguramente, al menos eso siempre conoció PPK y bajo esta lógica se pagan favores acordados bajo la mesa, previo a la votación que no pudo sacarlo del poder cuando se resolvía vacarlo por incapacidad moral.

PPK se salvó, pero no demostró que es inocente de las acusaciones por su participación en negociados turbios que favorecieron a Odebrecht cuando fue ministro de economía del toledismo.

Eso de la “defensa” de la institucionalidad, el estado de derecho y la lucha contra la corrupción no es más que una prolongada farsa, como si este fuera un país construido en base a instituciones, legalidad y honestidad.

En este país la ley es un acuerdo entre sombras, las instituciones un pacto a puertas cerradas y la honradez una carcajada a mitad de un velorio. Es fácil de entender y más en este país dónde cualquier cosa sucede.

En todo caso, si fue un indulto negociado, también lo fue su juicio, solo la caviarada cree que es algo excepcional, cuando fue la misma la que fabricó y celebró esa pantomima a la que llamaron juicio.

Para entender el indulto, se debe entender previamente lo que fue ese tinglado que armó la izquierda contra Fujimori, toda una vendetta política basada en el odio y la falacia. A Fujimori se le condenó por supuestamente haber cometido delitos de lesa humanidad, durante los operativos de Barrios Altos y La Cantuta.

El escenario que le tocó a Fujimori fue el de una guerra desatada por terroristas que aniquilaban al país desde hacía una década y el descuido de gobiernos anteriores al suyo, permitió el crecimiento del terror.

Había que ganar esa guerra y se decidió hacerlo. Es por eso que esos operativos, no fueron, como hasta ahora fantasiosamente se asegura, terrorismo de estado.

Fue la respuesta a dos violentos ataques del enemigo terrorista como estrategia de guerra de baja intensidad y esta tampoco es terrorismo de estado, es una confrontación no convencional y fuera de cualquier ámbito jurídico, que hace uso de mensajes y se desarrolla por medios políticos, informativos y militares.

El terrorismo de estado por el contrario es la planificación y uso por algún gobierno de métodos ilegítimos, con los que aterroriza a la población para alcanzar objetivos fuera de la ley, justificados como “razones de Estado”.

Como se verá dos cosas distintas, lo último nunca sucedió, pero la izquierda lo asegura siempre a sus tontos útiles y pretende que se crea que durante el gobierno de los 90’s, existió tal figura.

El juicio contra Fujimori, fue injusto a todas luces, carente de un lógico sentido de justicia. Durante el mismo se apeló a figuras turbadoras y de dudosa credibilidad que de pronto escucharon tras las puertas los planes y órdenes de Fujimori al grupo Colina para algún asesinato “extrajudicial” otra invención oral, oficializada por la izquierda.

La defensa del ex presidente fue deficiente, centrándose en negar lo innegable. Fujimori sabía de los operativos, era el Jefe Supremo de las FFAA en ese momento, por tanto es imposible que siéndolo, no estuviera enterado de nada.

Debieron demostrar que aquellos, no eran ni heladeros, ni universitarios, sinó terroristas que habían atacado a militares en 1989 y a civiles en 1992 y por eso se les abatió.

Por negarlo todo, lograron que salieran con los mitos de la autoría mediata y delito de lesa humanidad, cuando la sentencia fue por secuestro agravado, asesinato y lesiones graves, hasta se descubrió que el juez del caso, Cesar San Martín, había armado las conclusiones del juicio vía E-Mail, una aberración jurídica según expertos.

Lo que debió hacerse en todo caso era anular el juicio, revisarlo o liberar a Fujimori con un hábeas corpus y demostrar que no hubo delitos de lesa humanidad, como se asegura.

Nadie tampoco niega que durante el gobierno de Fujimori hubiera corrupción, claro que la hubo, la corrupción en el Perú es casi ancestral.

Es innegable que en los 90’s hubo corrupción y pruebas hay de sobra, también se le juzgó por eso y hubiera sido suficiente, por malversar fondos – que si lo hizo – la pena máxima no va más allá de 8 años de prisión efectiva.

Al margen de todo ello, ese gobierno fue clave para lo que hoy vivimos, se derrotó al terrorismo y no cualquier terrorismo sinó al más despiadado de la historia del mundo, se remontó la nefasta escombrera económica del velascato traducida en la hiperinflación de fines de los 80’s y se impuso la cordura al manejo del aparato público, al privatizar empresas estatales quebradas e inútiles, en fin hay que agradecer que el país haya sido reconstruido y encaminado.

Sin embargo el indulto humanitario que también había sido pedido en varias ocasiones y que había sido negado, se da hoy en medio de la incertidumbre. PPK debe responsabilizarse del gobierno, tomar en serio las cosas y de paso, sanear a su gabinete lleno de gente sin mayores perspectivas.

En todo caso, ha sido la mejor jugada política de los últimos años y seguro el inicio del fin del fujimorismo que la propia Keiko se empeñó en demoler al deshacerse de sus cuadros históricos y estatizar su programa económico.

Nada queda ahora sinó seguir los acontecimientos. Pero nos guste o no, queda también la tarea de cerrar filas junto a PPK y neutralizar a la izquierda.

Son capaces de invocar a una falsa figura de la defensa de la democracia y realizar una asonada mayor, todo ahora está en manos del presidente.

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