blog | 7 noviembre, 2002

Consideraciones morales y económicas de la empresarialidad

ILE

Resumen

La ciencia económica y la empresarial difieren en sus métodos de aprehensión de la realidad y generan dos universos distintos de conocimiento. Sin embargo, de alguna manera la empresarialidad es, por un lado, una aplicación de la economía y, por otro, una permanente fuente de datos ciertos para ésta. La actividad de emprender es el acto creador del ser humano, un acto fundamental mediante el cual sirve a los demás y obtiene su propia realización y bienestar.

Summary

Economic Sciences and entrepreneurship are diferents in their methodologies in order to interpreter realities which generate two differents universes. But, entrepreneurship is, by one side, an application of economics and, the other side, a permanent source of true information to itself. Entrepreneurial action is a creator act of human being, a fundamental action through it serves to the rest of people and obtain its own self-reliance and well-being.

 

Introducción
Últimamente, la teoría competitiva de la función empresarial ha ido ganando espacio dentro de los recientes textos de economía (1), debido que ha proporcionado fundamentos teóricos y metodológicos para una adecuada comprensión de los procesos de mercado que el paradigma neoclásico no ha sido capaz de incorporarlos en forma satisfactoria. Pero al parecer, muchos economistas se resisten a utilizar estos elementos modernizadores de la teoría económica e insisten en perfeccionar determinados instrumentos de análisis de equilibrio de precios y cantidades.

Sobre este particular, debe señalarse que a finales del siglo XIX, durante el clásico debate del Methodenstreit (2), se puso en evidencia, por primera vez, el profundo desacuerdo que existía en la profesión, por validar el uso de elementos dinámicos dentro de la metodología económica, como lo había propuesto la Escuela Austriaca.

Mas allá del problema epistemológico que pudiera surgir y ser motivo de atención por quienes persiguen un légitimo interés en desarrollar ciertas técnicas de análisis estático, sin embargo, este artículo, no pretende esclarecer posiciones metodológicas a favor y en contra del uso de esta teoría empresarial, como insinuaría este documento, sino que, plantea ciertas consideraciones morales y económicas acerca de la empresarialidad, para intentar llamar la atención de aquellos economistas que tienen algún interés científico en ir más allá del carácter meramente economicista y maximizador de cualquier individuo, que a menudo pasa inadvertido, y en el peor de los casos, descuidado, por quienes andan preocupados en explicar la importancia de la empresarialidad en ciertos ambientes académicos, utilizando para ello, sofisticados modelos de equilibrio general y vasta evidencia empírica.

Cabe indicar, que la verdadera magnitud de la generación de nuevo conocimiento científico no reside, precisamente, en las disquisiciones metodológicas —que incluso ponen en tela de juicio hasta los propios instrumentos mentales de razonamiento—, sino que está situado en enfoques que ofrecen una perspectiva diferente sobre la teoría microeconómica dominante; acerca del carácter dinámico del mercado, como fue inicialmente expuesto por Ludwig von Mises y Friedrich A. Hayek, y posteriormente sintetizada y desarrollada por Israel M. Kirzner.

La economía y la empresarialidad

El conocido tratado de economía de Mises (3) señaló que la economía es la ciencia de la acción humana, interesada en estudiar cómo los individuos eligen medios para lograr determinados fines. Como el mundo real es un mundo de escasez de medios, el individuo debe economizar tiempo, esfuerzos y todo tipo de recursos, con el propósito de obtener un fin o beneficio al menor costo posible.

Es indiscutible que la economía tiene su propio método para explicar los fenómenos dentro de su ámbito. Pero sí, debería llamar la atención que esté cediendo su método al historicismo, la matemática y la econometría como métodos válidos para obtener un verdadero conocimiento de la realidad producida por la acción humana. Así los economistas de la Escuela Austriaca consideran que la economía debería ser menos ambiciosa a la hora de intentar obtener resultados exactos y predecibles, dado que no opera con individuos mecánicos y repetitivos.

En este aspecto, la economía debería conformarse con ser una ciencia cualitativa dado que examina a individuos únicos e irrepetibles con información subjetiva y valiosa que no puede ser obtenida por métodos científicos. Es precisamente aquí, que la teoría competitiva de la función empresarial entra a explicar la tendencia coordinadora de los desajustes que se producen en el mercado, que sólo pueden ser comprendida por el economista y, finalmente, anticipada por el empresario en su actuación directa en el mercado.

En esta perspectiva, el problema central y universal que se le presenta al empresario, a diferencia de lo que sostiene el paradigma neoclásico, es cómo asignar recursos limitados que no están “dados” para satisfacer las ilimitadas necesidades y preferencias de la gente. El axioma es que los hombres eligen por descubrimiento sus fines y medios basados en sus escalas valorativas.

Una crítica muy sistemática al paradigma neoclásico elaborada a partir de una teoría microeconómica alternativa la presentó Israel M. Kirzner en su libro Competencia y Empresarialidad. El profesor Kirzner sostiene que un individuo no es sólo maximizador y asignador de recursos, como aparece en casi todos los libros textos de economía, sino que en toda acción humana “…..está presente un elemento que, aunque es crucial para la actividad economizante en general no se puede analizar en términos de economía, maximización o de eficiencia. Calificaré a este elemento, por razones de las que daré cuenta, como elemento empresarial”.

Más adelante señala que “Un mercado que conste exclusivamente de individuos que actúa economizando y maximizando no da lugar al proceso de mercado que queremos comprender”. (4) Pero Kirzner fue muy modesto en señalar que sus ideas no tienen nada de originales y que solamente integra los conceptos de empresarialidad de Mises y de competencia de Hayek.

Es preciso subrayar que, gracias a los importantes aportes del profesor Kirzner la economía ha sabido superar la estrechez conceptual del permanente equilibrio con que la escuela neoclásica pretende interpretar al mercado. Más aún, si consideramos que cualquier economista puede tomar partido por tal o cual teoría, el análisis correcto lleva a considerar, en todos los casos, que el empresario es un creador de riqueza motivado a partir del descubrimiento de oportunidades de ganancias que aún no han sido aprovechadas por otros.

Conocimiento y Creatividad Empresarial

Otra consideración a tener en cuenta es, la concepción del mercado como un proceso que es impulsado empresarialmente por aquellos individuos que descubren oportunidades de ganancias. Una vez que han descubierto nuevos medios y fines, han modificado todo su mapa de información que tenían con anterioridad. (5) Cabe señalar que este nuevo conocimiento es de tipo subjetivo, no articulable, creado de la nada y transmitible a través de comportamientos repetitivos, que son aprendidos y copiados por otros empresarios, siempre que operen eficientemente en la obtención de medios para conseguir sus fines propuestos. Cuando esta pauta se mantiene a lo largo del tiempo y, son alimentados por complejas e irrepetibles circunstancias que experimentan otros actores en el mercado, se convierten en costumbres, tradiciones, instituciones y normas jurídicas que hacen posible la construcción de un orden social libre y productivo.

El conocimiento del empresario es único y, equivale a un trozo de información que se haya entre muchos otros dispersos en el mercado, pero que solamente él posee y sabe como interpretarlo y ajustarlo dentro de su plan de acción, que en algunos casos son contradictorios con respecto a los demás planes empresariales, pero que gracias al carácter competitivo de la empresarialidad, desaparece y elimina toda posibilidad que otros empresarios puedan aprovechar esas mismas oportunidades de ganancias, estableciéndose así, toda una tendencia coordinadora de los desajustes permanentes que ocurren en el mercado. Pero el proceso de mercado no se detiene aquí, una vez más se crea un nuevo mapa de información en la mente de los empresarios, que los incentiva a rivalizar competitivamente en el proceso de descubrmiento de nuevas oportunidades de ganancias.

Precisamente, esta dinámica empresarial hace que los planes estatales de asignación de recursos fracasen en su propósito de producir riqueza para la gente, más aún si son alimentados por aquella información que recogen las oficinas estadísticas, pero que bajo ningún concepto corresponde al conocimiento subjetivo que poseen los empresarios en su misión de crear riqueza.

El empresario y la creación de riqueza

El énfasis que se ha puesto en la importancia del carácter empresarial de toda acción humana, ha encarrilado a la economía por los caminos de donde nunca debió salirse y, que por tal hecho, la concepción robbinsiana del individuo desprestigió a la misma ciencia. A partir de la desaparición de la Unión Soviética la suerte fue echada para los economistas del sector gubernamental, lo que confirmó, una vez más, el fracaso ya vaticinado por Mises en su artículo de 1929 acerca de la inviabilidad económica de una comunidad socialista.

En los comienzos de los años treinta todos los paradigmas concebían a la economía como la encargada de asignar recursos escasos para producir riqueza. Se creía que bastaba con determinar los parámetros de los modelos económicos e implementar unas cuantas oficinas estadísticas gubernamentales, para echar andar toda la maquinaria estatal y determinar cuánto invertir, producir y consumir. Esa concepción de la economía cambió prácticamente a partir de 1989, cuando la caída del Muro de Berlín derrumbó el mito del Estado capaz de ser un empresario eficiente y sensible frente a los cambios en las necesidades y preferencias de la gente.

Una vez más, se devuelve al empresario la misión de crear riqueza para otros, mientras que para la economía el estudio de cómo la gente busca mejorar su estándar de vida a través de una mayor calidad, variedad y cantidad de bienes y servicios. ¿Cuáles son los factores que deben combinarse en el proceso de creación de riqueza?. El empresario debe combinar cuatro factores; tierra, capìtal, trabajo y talento empresarial. La clave está en considerar que cada acierto tiene un beneficio y que cada error tiene un costo y que de eso no se puede escapar.

Pérdidas y Ganancias Empresariales

Una de las leyes naturales, que debe respetar el empresario, es la pérdida y ganancia como indicador de buena gestión. Sin embargo, no debe pasarse por alto que las pérdidas y ganancias (P y G) hacen que la propiedad de los factores de la producción pasen de una mano a otra, donde su utilización se presuma una eficiente combinación. Si el empresario no logra entrever lo que sucederá mañana, con los deseos y necesidades de los consumidores, entonces, perderá parte de su propiedad privada, por ejemplo: su capital. Por el contrario, si descubre con justeza la futura demanda obtendrá ganancias y se hará de nuevos activos y mejorará su estándar de vida.

Gracias a esta ley, las P y G imponen una disciplina en el mercado contra los que muchos creen. La pérdida indica una sobreproducción del bien X que no ha podido coincidir con el curso de acción que han tomado los consumidores. Si pretende desobedecer esta ley, el empresario corre el riesgo de perder la propiedad de su negocio a menos que coloque el producto X donde coincida con las urgentes necesidades y preferencias del mercado. En efecto, toda tasa de pérdida puede indicar a lo mucho que el empresario no ha sabido cumplir con satisfacer eficientemente las preferencias y necesidades de la gente, pero no puede establecer de manera directa que los factores exógenos hayan sido responsables por la quiebra de su negocio, en cuyo caso reflejaría a todas luces un total desconocimiento de cómo opera las leyes naturales del mercado.

El empresario y la especulación

Un recurso que tiene el empresario para enfrentar una futura escasez es la especulación. Si logra colocar el bien o servicio en el momento en que las urgentes necesidades lleguen a valorar fuertemente los bienes que ofrece, su acción empresarial va ser remunerada. Aunque muchos consideran que es un acto moralmente condenable no vender en el presente, sin embargo, olvidan que es el único que está dispuesto a asumir el riesgo de perder su propiedad, con tal de servir a sus consumidores en el momento que más lo necesiten. ¿Acaso no es una virtud producir bienes y servicios, empleos e ingresos para otras personas? Michael Novak señala que el mismo acto de crear bienes y servicios para los hombres y mujeres de este mundo es similar al acto divino de creación señalado en el primer capítulo del Génesis.

La especulación es un acto legítimo de descubrimiento de ganancias futuras (que son siempre inciertas) con el riesgo permanente de cometer errores si la prospectiva falla. Sin embargo, con tal de preservar los bienes y servicios para los momentos en que exista situaciones de escases, el empresario arriesgará de todos modos su propiedad, con tal de satisfacer las urgentes necesidades de sus semejantes.(6)

 

(*) Economista. Presidente del Instituto de Libre Empresa 

 

Referencias
(1) Skousen, Mark  (2000). Economic Logic, 1era. Edición,  Mark Skousen Publishing Inc., EE.UU.

(2) Mises, Ludwig von (1995). La Acción Humana: Tratado de Economía, 5ta Edición, Unión Editorial SA, España, pags.xxxviiin, y 4.

(3) Mises, Ludwig von (1995). La Acción Humana: Tratado de Economía, 5ta Edición, Unión Editorial SA, España, pags.77-85.

(4) Kirzner, Israel M. (1998). Competencia y Empresarialidad, 2da.Edicion, Unión Editorial SA, España, pag. 46; 264-265; y 275.

(5) Huerta de Soto, Jesús (2000). La Escuela Austriaca: Mercado y Creatividad Empresarial, 1era. Edición,  Editorial Síntesis, España, pags.33-49.

(6) Sirico, Robert. (2001). La Vocación Empresarial, 1era Edición, Ocassional Paper No.13E, Acton Institute For Study of Religion and Liberty, EE.UU., pags.24-25.

 

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