blog | 17 mayo, 2017

Contra la ley de anti-discriminación

ILE

Los congresistas Indira Huilca, Marisa Glave, Alberto De Belaunde y Carlos Bruce han vuelto a presentar el Proyecto de Ley 1378/2016-CR Para el Fortalecimiento de la Lucha contra los Crímenes de Odio y la Discriminación. Lo interesante de esta propuesta son las disposiciones complementarias que penalizan a los empresarios que discriminen en lo laboral, educativo y a los consumidores. Lo que no advierten nuestros congresistas son las consecuencias negativas. Aquí van tres:

Primero: No es negocio imponer una ley antidiscriminación.- Es natural que todos hagamos discriminación. Discriminar es elegir, u optar. El empresario discrimina al contratar trabajadores por su valor aportado. Si el trabajador Homosexual produce camisas por S/5,000 y el trabajador Heterosexual lo realiza por S/6,000, sin duda que contratará al trabajador Heterosexual porque es más productivo. Si el empresario es un Heterofóbico contratará al trabajador Homosexual porque es de su comunidad LGTBI. Sin embargo, éste se auto impone una multa de S/1,000 por sus gustos discriminatorios. No es negocio actuar de esa forma pero el proyecto de ley lo fomenta.

Segundo: Incita al desquite laboral.- Si la ley anti discriminación no permite despedir a alguien por ser mujer y madre a la vez, el empresario impondrá el desquite laboral con la próxima mujer que contrate. Consiste en que el empresario seguirá pagando el seguro médico mientras la madre trabajadora tenga que cumplir con los deberes con su hijo recién nacido. La reemplazante asumirá los costos del seguro con un salario más bajo. Ese es la discriminación económica que realiza el empresario para no aumentar costos.

Tercero: Los consumidores pagan caro su gusto discriminatorio.- Si la idea de la ley es evitar que un consumidor sea discriminado por su orientación sexual, al final lo que pida le rebotará en calidad y precio. Supongamos que un cliente homosexual de un restaurante prefiere que no lo atienda el mejor mesero del establecimiento porque es de género masculino. Amparándose en la ley, tendría todo el derecho a reclamarle al dueño que le proporcione un mesero de su mismo género. Pero este reclamo también tiene un precio. Implica que tendrá sustituirlo por uno de menor calificación y esto le ocasionará pagar por un servicio de menor calidad.

El desconocimiento de la lógica económica ocasiona que nuestros congresistas legislen sin considerar las consecuencias no deseadas. En lugar de mejorar la situación de los discriminados terminarán por empeorarla. Mejor es libre mercado.

Por José Luis Tapia, Director de ILE, economista y profesor de Facultad de Negocios.

Entradas Recientes