blog | 23 marzo, 2004

Dile “No” al TLC

ILE

Que vergüenza que el Perú se muestre tan solícito con los EE.UU. para arreglar los conflictos que tiene con las empresas privadas estadounidenses, solo con el afán de lograr que la USTR de luz verde al TLC. Que dirán los “gringos”, que el presidente peruano anunciara para mayo el inicio de las negociaciones luego de que consultara con Robert Zoellick, un subalterno del presidente Bush. Se pensó por un momento que el Presidente Toledo iba a garantizar sentencias favorables en el Poder Judicial para vergüenza de todos. Al margen de estos hechos, lo cierto es que se preguntarán si todo ese esfuerzo es inevitable e irreversible antes de entrar a un tortuoso, costoso y sacrificado proceso de negociaciones. Efectivamente, siento desilusionar al gobierno, gremios y neoliberales pero nada es irreversible e inevitable en materia de política comercial, sobre todo cuando se tiene claro para que se firma un TLC. Si es para que nuestras exportaciones entren “con todo” al mercado externo, además de atraer muchísimas inversiones privadas, hay una gran alternativa olvidada que se llama libre comercio unilateral.

Mercantilismo decepcionante

Hay que desterrar el síndrome de Montaigne que atribuye nuestros fracasos a factores externos y no a nosotros mismos. Se han olvidado en el Ejecutivo y Congreso que su trabajo comienza por casa. Deben hacerse toda una reingenería mental respecto de la nuestra posición comercial frente al mundo. ¿La mercantilista que ve solo beneficios a través de las exportaciones?, ¿o adoptar la liberal, que ve las importaciones y exportaciones como dos caras de una misma moneda?. Si de mercantilismo se trata, nada excepcionalmente bueno se ha conseguido hasta ahora. Siempre hay una brecha sustancial entre las ventajas comerciales obtenidas y las pobrísimas condiciones reales de aprovechamiento. Han pasado 10 años y los empresarios no han podido aprovechar al 100% las ventajas del SGP europeo y el ATPDA norteamericano sin olvidarnos de la Comunidad Andina.

Eliminen impuestos y regulaciones

Por eso, si el Ejecutivo está interesado en que todos nuestros empresarios sean ultracompetitivos no debe negociar un TLC, sino conseguir buenos resultados dentro del Congreso. Es decir, debe consensuarse con la oposición una verdadera desestatización de la economía que incluya la reducción de las funciones del Estado, eliminación de muchos impuestos -entre ellos los aranceles y aduanas-, asi como la desregulación y ejecución de privatizaciones populares. ¿Qué beneficios económicos traería?. Muchos empleos, aumentos de ingresos y oportunidades comerciales también en Asia y Europa. Pero principalmente la reducción en 60 u 80% de nuestros costos de producción frente a un TLC que ofrece rebajar gradualmente -tal vez en 20 años- el arancel del 6% que tiene los EE.UU. como promedio aritmético.

¡Bienvenidas las importaciones!

Los neoliberales y mercantilistas deben aprender que los productos chinos entran masivamente al Perú gracias a sus zonas liberadas de impuestos y regulaciones mínimas que les permiten reducir costos. Pero a los liberales no nos importa principalmente el envío de mercaderías al exterior sino el ingreso de riqueza a nuestro país en importaciones e inversiones privadas extranjeras que son atraídas por un territorio donde hay libre comercio y libertad económica.

Estoy con quienes dicen “No” al TLC, pero son distintas las razones. Una es que el estatismo pone en desventaja competitiva a nuestros empresarios y la otra que es inmoral que se negocien nuestros derechos individuales al libre comercio. Los liberales consideramos que el libre comercio unilateral es una opción viable, que no depende de la magnanimidad de las empresas estadounidenses y la del gobierno norteamericano, sino de nuestras propias convicciones morales y económicas.

Por Jose Luis Tapia, Director de ILE.

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