blog | 13 febrero, 2006

Disolución del próximo Congreso

ILE

Para sorpresa de muchos algunos candidatos presidenciales han salido a defender la institucionalidad democrática con el valiente planteamiento de cerrar el Congreso, en caso que este poder no apruebe las reformas políticas de primera generación enviadas por el Ejecutivo. No habría mejor explicación de esta actitud totalmente democrática sino es por el desprestigio del Congreso que ha caído en desgracia en los últimos años, al no haber aprobado en su debida oportunidad la renovación por tercios de los congresistas cada dos años, el otorgamiento de derechos electorales a poblaciones para elegir congresistas como San Juan de Lurigancho y Comas, entre otros, y la definición constitucional del híbrido entre parlamentarismo y presidencialismo.

Si ahora muchos detestan la participación de payasos, voleibolistas, cocineros, cómicos, y hasta bailarines de tijeras, no deben perder la paciencia desde ahora. La débil democracia tiene todavía algunos mecanismos de auto reforma y este futuro congreso circense tiene solo unos meses de vida política.

Me parece que el liderazgo del futuro presidente es fundamental, y hasta diría critico para salvar la libertad, por lo que no debería asustarse si el Congreso no le da la confianza a sus dos Gabinetes de Ministros al momento de solicitar la aprobación de las reformas políticas pendientes. Será pues el momento de probar la efectividad de la prerrogativa presidencial de disolver el Congreso mandando a su casa a todos los congresistas circenses por ineptos. Si este gobernante hace lo que hizo Fujimori dentro de los cauces constitucionales el pueblo se lo va agradecer con un respaldo mayoritario de aprobación por haberse enfrentado a un Congreso que no quería auto reformarse.

De modo que el Poder Ejecutivo deberá convocar en el término de los plazos legales nuevas elecciones parlamentarias, por lo que se espera que el electorado pueda esta vez elegir nuevos congresistas que lleven como bandera de campaña las reformas políticas de primera generación. Por eso todavía se puede guardar lógicas esperanzas de una auto reforma sin que el pensamiento único de algunos autoritarios vea que es posible una democracia sin libertad.

Por Jose Luis Tapia, Director de ILE

 

 

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