blog | 2 Abril, 2017

Disolver, divolver!!

ILE

Hasta que el régimen comunista de Venezuela, finalmente logró patear el tablero y con el cierre del parlamento, al que sustituye por el tribunal supremo, al mismo tiempo se puso el dogal al cuello, es que ya entró en su etapa final.

Acorralado por una corrupción de bandoleros, una crisis alimentaria considerada la peor de sus historia y hasta de ribetes de emergencia humanitaria internacional, la peor inseguridad ciudadana del continente, cerrado al mundo y sostenido solo política y militarmente por la marginal dictadura cubana, el régimen de Nicolás Maduro ingresa finalmente a su despeñadero.

Hace poco, casi una veintena de países de la región apoyaron la propuesta de Luis Almagro secretario general de la OEA, para discutir la crisis venezolana en una sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la organización.

Cómo fue que respondió Caracas, con su clásica verborrea violentista, hasta con insultos por parte del gobierno venezolano hacia la persona de Almagro, lo que ha confirmado más de una vez, su gran aislamiento.

No hace falta decir, el grave impacto que esto ha tenido y la repercusión en todo el continente, la crisis es monumental, el socialismo del siglo XXI ha convertido a Venezuela en un país inviable, con un default económico tan evidente que hasta su materia prima más abundante – el petróleo – ahora ha desaparecido tanto como su canasta básica familiar.

Para mayor prueba tenemos las imágenes que grafican la abyección y la ignominia que causó el comunismo sobre el país llanero, con niños famélicos y otros espectros, otrora humanos, peleando por restos de basura fresca que engullir en las calles.

Claro que no han faltado los corifeos de siempre tratando de defender lo indefendible y haciendo gala de su habitual estulticia para aplaudir al dictador y hasta han hecho comparativos desopilantes, como llamarle nada más y nada menos que “Fujimorazo” al autogolpe del autócrata en Venezuela.

Resulta ilógico que hasta El Comercio se preste para esparcir alegremente el término en mención, para beneplácito de la gran olla de grillos que es hoy la izquierda peruana.

Es conveniente hacer un paralelo entre lo que ha pasado ayer en Venezuela y lo que pasó en Perú en 1992.

En Venezuela se vive un problema de descomposición institucional, política, social y económica sin precedentes desde hace varios años, donde la administración dio visos de autoritarismo extremo aun antes de 2013 año en que asumió funciones Nicolás Maduro.

Con serios problemas que hasta casi le cuestan el puesto a Hugo Chavez, en un frustrado golpe de estado y el posterior cierre de canales de televisión y diarios opositores.

La situación se ha agravado en Venezuela con presos políticos y hasta con un desabastecimiento general que ha producido una crisis humanitaria y una hiperinflación considerada la más alta del mundo.

Es decir en Venezuela la situación ha sido generada por desaciertos gubernamentales intermitentes.

En el Perú el escollo máximo para la vida nacional no era la presidencia, era el Congreso que se había hecho totalmente obstruccionista a las medidas que el gobierno tomaba para solucionar las secuelas de la colosal crísis económica sufrida en los 80’s y la sangrienta guerra de aniquilación que se vivía por culpa de dos grupos de terroristas de izquierda que día tras día aumentaban la barbarie que iniciaron desde 1980.

Ninguna de esas situaciones ha vivido el gobierno de Venezuela en la última década, que por lo demás en estos últimos lustros ha tenido a su favor instituciones serviles y parametradas, incluido el Parlamento hasta hace poco dominado por mayoría oficialista.

Amén de gozar de infinitos recursos económicos totalmente desaprovechados lo que ahora se revela en esa crisis humanitaria con hambruna masiva como prueba fehaciente de su total fracaso.

No puede pues acusarse a la oposición de obstruccionista en un país cuyo parlamento buscaba desde el inicio una salida conveniente al grave problema en que se encontraba Venezuela, que hasta incluyó la intervención del Vaticano.

En una posible mesa de diálogo, por lo que la actual situación no merece compararse con el cierre del congreso peruano en 1992 y al revés de lo que sucede hoy en Venezuela, el congreso peruano se esforzaba por destruir lo poco de institucionalidad que quedaba en el Perú.

Con acciones contra el gobierno que más bien favorecían el enseñoramiento del terror comunista de sendero luminoso y el mrta – así con minúsculas – sobre nuestro país, mientras el parlamento venezolano hasta ayer, hacía esfuerzos por llamar la diálogo y salir del entrampamiento que el izquierdismo castrochavista ha legado a Venezuela estos últimos años.

Muy aparte de ello, en 1992 ya encaminado el país hacia su actual desarrollo Fujimori convocó a elecciones que decidieron la suerte del congreso antes cerrado, este se reabrió y promulgó una nueva constitución, regresando la normalidad institucional y la cordura al país.

En Venezuela Maduro primero puso a un promotor de terroristas islámicos y virtual asesino como Tarek Al Aissami en el cargo de vicepresidente, para luego por medio del Tribunal Supremo disolver el Parlamento y gobernar con poderes ilimitados y ahora que ya se ve suelto en plaza ha tildado de locos e “injerencistas” a quienes en el mundo han criticado su tropelía.

Claro que no han faltado los clásicos remilgueros de la izquierda rasgándose las vestiduras aceptando a medias el autogolpe con palabras edulcoradas y parloteando la situación como “fujimorazo” la impresentable de Veronika Mendoza ha dicho que se ha roto el “equilibrio democrático” risible realmente, cuando el chavismo que la financió vía sus ex jefazos Ollanta Humala y Nadine Heredia ha pateado el tablero democrático a placer por más de una década.

De modo que hablar de “recuperación” de la democracia desde la izquierda es tan absurdo como escucharle decir a las pulgas que el parasitismo debe ser abolido.

La ruptura de relaciones con ese país ha sido una medida más que saludable, sino ejemplar que otros países deberían imitar, todos los que preferimos la libertad y el respeto a las instituciones, debemos aplaudir toda medida que detenga de una vez por todas, la satrapía izquierdista que ha pulverizado a Venezuela.

Por Richard O Campos Villalobos, sociólogo y analista político

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