blog | 16 diciembre, 2002

Economistas liberales versus estatistas

ILE

Para nosotros, los economistas liberales partidarios de la Escuela Austriaca, el debate de políticas públicas resulta si no difícil, sí desesperante. Recorrer universidades u organizar foros en donde nada se sabe de Mises o Hayek y donde son considerados buenos economistas aquellos que leen disciplinadamente el último libro de Samuelson, Stiglitz, Porter o Krugman u otros que manejan paquetes de moda en econometría, es algo que hasta en algunos economistas neoclásicos ha de causar preocupación, pues amén de tener visiones diferentes de la Economía, somos economistas morales y científicos.

La comprensión de lo que “es” la Ciencia Económica es una de las etapas de formación de los futuros profesionales más olvidadas en la carrera de economía de las universidades. A nosotros que fuimos estudiantes nos obligaron a dedicar demasiado tiempo al desarrollo de las técnicas de las que se vale tradicionalmente la economía –como el álgebra lineal, matrices y econometría– y nos han limitado así el tiempo que podemos dedicarle al desarrollo de nuestra ciencia mediante nuestra participación activa y crítica.

Se olvida que la Economía no trata con objetos sino con la acción humana y las emociones humanas. A mi parecer requiere una mayor cota de inteligencia y juicio tratar con cualidades tan delicadas como éstas que aprender estadísticas o manejar un paquete de econometría. La acción humana reúne al condicionamiento psicológico, económico, cultural y fisiológico del individuo que actúa ante determinado fenómeno; implica cierta disciplina de la mente y resistencia a ciertos cliches políticos. Significa destreza y siendo así, ¿cómo es posible capturar en un modelo económico a todas éstas cosas juntas trabajando en armonía?

Sin embargo, la vistosidad de las cifras, las técnicas econométricas y el software más moderno atraen a muchos economistas de las misma manera que un niño es atraído por hojas amarillas pensando que son de oro. Esta actitud errónea viene dada por bases científicas mal implantadas en la mente del economista profesional, culpa directamente de los profesores de la universidades privadas y públicas que también han sido presa de las tan mencionadas nuevas técnicas. No sé si en otras universidades pase pero al menos en la Universidad Ricardo Palma, el profesorado nos condujo deliberadamente al estudio de la economía neoclásica en todas sus modalidades como diciendo “esto es lo importante” dejando de lado visiones alternativas “menos importantes”. En dicha universidad estuvimos además grandemente influenciados por la ideología marxista abriéndose entre marxistas y neoclásicos estatistas un debate intenso que no da lugar a un tercero en la disputa por un mercado sin regulaciones del Estado.

La mayoría de estos profesores están cerrados a las críticas y mediante unas cifras por aquí y unas citas oscuras por acá, engañan y desvían la atención del alumno que debido a la insatisfacción de las teorías que escuchan empiezan a hacer preguntas incómodas. Lo cierto es que habiendo visto a los profesores exponiendo sus sesudas explicaciones podemos notar que algo empieza a flaquear en ellos.

De suerte que ahora al estar invadidos por economistas neoclásicos en la prensa, pregonadores de soluciones estatistas más disimuladas como la del Estado regulador y que además han puesto su atención en las técnicas más que en el fundamento de la ciencia, sólo podemos hablar de la moda de los tecnócratas en Economía porque es fácil que uno de estos charlatanes nos diga cuánto y cuándo se requiere de inversión privada, pero es dificil que nos fundamenten la privatización del agua, educación, salud, justicia, defensa y los monumentos arqueológicos o incluso que sepan cabalmente qué se quiere decir con catallaxia.

En mi reciente visita después de años a la biblioteca de mi ex universidad me encontré con que no existe ningún libro de Friedrich von Hayek Premio Nobel de Economía 1974 y ninguna obra de Mises, ya ni decir de algún libro de Kirzner o Rothbard. Lo que sí mitiga un poco mi desilusión, ante tan terribles hechos, es que ante mi constante ataque hacia las posiciones indefendibles de algunos colegas, sus miradas empiezan a voltear hacia mí, hacia aquel economista que habla diferente ­–al menos para ellos–. Mejor aún, varios colegas siguen pidiéndome que por favor les facilite algunos escritos sobre eso del mercado como proceso, de la empresarialidad, la praxeologia, y de la acción humana porque sintieron como yo la primera vez que leí algo sobre la Escuela Austríaca de Economía que “eso es lo que yo quería decir pero no sabía cómo”.©
Por José Luis Tapia, Presidente Ejecutivo del Instituto de Libre Empresa 

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