blog | 20 abril, 2003

¿Educación o adoctrinamiento estatal?

ILE

¿Quién dijo que el Estado no logró sus objetivos educativos?.

El control, la manipulación y el adoctrinamiento de niños y jóvenes son la mejor muestra de sus exitos.

Más allá de lo que puedan pensar acerca de la actual crisis educativa, lo cierto es que el estatismo ha logrado posicionar los valores comunistas del igualitarismo, autoritarismo y obediencia en las mentes de la mayoría de los peruanos.

Basta con observar las largas colas en los hospitales, la corrupción en la administración judicial, la inseguridad en las calles, y encima, el temor justificado a la Policia Nacional, entre otros males del estatismo, sin que hagamos algo por exijir al gobierno la devolución de nuestros impuestos.

Si esto sucediera en una sociedad libre hace bastante rato habríamos interpuesto una demanda judicial contra los funcionarios responsables.

A pesar del evidente fracaso del Estado en la provisión de servicios tan fundamentales como la seguridad y justicia, es de otro planeta que se siga creyendo que el Estado puede resolver necesidades más urgentes.

Sino observemos como los grandes presupuestos destinados a los servicios de enseñanza no mejoran para nada este servicio.

Lejos de cuestionar las injusticias de organismos controladores como las Uses, Direcciones Regionales, y Asamblea Nacional de Rectores, más bien parece normal que el Estado siga manejando Petroperú, Sedapal, Canal 7, Banco de la Nación, hospitales, y otras empresas ineficientes, aunque estas arrojen cifras en rojo y sigan contratando a allegados del gobierno.

¿De dónde sale esa actitud tan poco crítica y poca  innovadora que tenemos frente a las injusticias del Estado?

Nada menos que de las escuelas, como señala Richard Ebeling de la Fundación para el Porvenir de la Libertad “….los niños pasan por el mismo proceso de adoctrinación, aprendiendo siempre la misma “historia oficial”, las mismas “virtudes cìvicas”, las mismas lecciones de obediencia y lealtad al Estado”. Cada niño es moldeado como arcilla dentro del modelo diseñado por el Ministerio de Educación y su élite tecnocrática.

De modo que la educación ha sido, es y será, el principal instrumento de manipulación y control que tiene el Estado para domesticar las mentes críticas con su ideología comunista.

Se nos enseña que la educación es el motor del progreso económico.

Que todo el que estudia triunfa.

Que para que haya crecimiento el Estado debe gastar más.

Que pagar impuestos es un deber moral con la nación.

Que los empresarios son unos explotadores.

Que lucrar es malo.

Que el pueblo no se equivoca.

Que el Estado no falla.

Y asi sucesivamente hasta vendernos la idea de un Estado superior al individuo.

Sin embargo, todo lo anterior no es más que puro engaño comunista.

Si el Estatismo cumple con lo que promete, entonces seríamos unos de los paises más poderosos del hemisferio junto con los modelos socialistas de Cuba y Venezuela.

Nuestros amigos liberales se equivocan cuando sostienen que el Estado falló en la educación.

Todo lo contrario. Ha logrado un éxito rotundo: ha domesticado nuestras mentes para rechazar institivamente toda confianza en la iniciativa privada y el libre mercado.

¿Acaso la inversión privada y el lucro en la educación no son vistos como una concesión más no como un derecho que tiene cualquier empresario libre?.

Están muy equivocados si piensan que un Presidente liberal va salvarnos de la catástrofe estatista. O que hace falta un buen Congreso.

El estatismo quiere hacernos creer que el atraso es causado por malos gobernantes o por falta de buenas leyes, y no por la dinámica de su propio sistema.

¿Qué queda por hacer en la educación?.

Primero, y como acto de justicia, se debe rechazar esta variedad de estatismo encarnado en el socialismo y comunismo de cualquier proyecto de Ley General de Educación.

Luego, maestros y padres de familia deben iniciar una campaña en defensa de su derecho a elegir qué tipo de educación quieren para sus hijos.

Por último, explicar los beneficios de la separación del Estado de esta actividad económica, a fin de evitar que se siga adoctrinando “oficialmente” a los niños y jóvenes desde las escuelas y universidades.

Por José Luis Tapia, Presidente del Instituto de Libre Empresa (ILE).

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