blog | 16 diciembre, 2017

El auto scracht de PPK

ILE

PPK, ya es un cadáver político, al que le asiste alguna máquina que lo mantiene unido al mundo de los vivientes y que ya no puede seguirle suministrando oxígeno, pues su dotación está a punto de terminarse.

Veamos algo, PPK no es un político en el sentido real y completo de esa palabra, al contrario es un empresario con cierto aspecto de dingo de los negocios sagaces un auténtico artífice de las grandes finanzas y los intereses cruzados, los autoabonos, la defensa de los amigotes con blindaje de estabilidad tributaria hechas a dedo, que se creyó político y que llegó al poder con una combi de espectros chicha salidos de lo peor del antifujimorismo patológico.  

Al final PPK traicionó todo lo que fue la esencia de su candidatura, por lo menos en lado ideológico personal: limpiar la política de esbirros, el  Poder Judicial de suciedad, la economía de privilegios mercantilistas, El Peruano de decretos raros, los entes fiscalizadores de sinvergüenzas, el aparato público de sobrantes subsidiados, Palacio de Gobierno de plastas de gigolos, la Cancillería de visionarios traspapelados, las calles de la dictadura delictiva, la educación de idioteces sutepistas y fanatismos sodomitas, las costumbres de reggaetones imbecilizantes, la maldita Sunat de extorsionadores, las Fuerzas Armadas de generalotes payasos y de antigüedades físicas inútiles y el país en general, de esa nube tóxica que emana de los politicuelos delincuentes y reincidentes y de su caminar circular por el tiempo detenido en nuestra todavía república de arena.

Aparte de la realidad concreta están las infaltables tesis de los opinólogos, que en gran parte son de la izquierda caviar y andan afectados de antifujimorismo.

Según ellos la culpa de todo es del fujimorismo que sigue resentido por haber perdido las elecciones, porque busca “impunidad” y quiere dar un golpe de estado para tomar el poder y establecer un “narcoestado”, etc.

El suyo es un mundo de alucinaciones cercanas a los desórdenes psiquiátricos. Lo cierto es que desde el 2001 el Perú ha sido campo rasado y chacra de la más grande mafia política de la historia.

Esa mafia bien mutaba o bien operaba como posta entre clones, de la misma fue parte PPK, acción demostrada con documentación detallada, eso es un hecho que en nada atañe al fujimorismo.

La responsabilidad de toda esta podredumbre que ahora nos ha llevado al borde del colapso es únicamente del presidente, que en su momento sirvió como puente entre los alfiles de esta mafia progre-caviar surgida a partir de la caída del gobierno de los 90’s, y los financistas de la  banda de mercaderes de lo trucho con sede en Brasil y que terminó por infectar la vida y las pocas instituciones que nos quedaban.

Por eso es que debieron contar con PPK, para asegurar que la mercancía estuviera lista y a disposición, no sorprende entonces que el presidente que había sido Primer Ministro y Ministro de Economía en el remedo de gobierno que siguió al fujimorismo, sea señalado de haber sido uno de los artífices de dineros mal habidos y contratos amañados para la mega corrupta empresa Odebrecht, que de pronto parecía la única capaz de construir casi cualquier cosa que al presidente de turno de ese momento se le ocurriera.

Lamentablemente todo está consumado. Cierto es que los últimos cinco presidentes, deshonraron la majestad de la presidencia por su avidez y PPK se sumará a esa escombrera.

El caso Lava Jato ha sido una tormenta amazónica que llegó desde Brasil, aunque por ahora solo ha dado una pequeña salpicada de la miasma estatista que le permitió  germinar y reproducirse, falta mucho por escarbar y descubrir la magnitud de la podredumbre sobre el elefantiásico aparato público peruano y solo si la Fiscalía de la Nación trabaje en eso, por ahora se muestra bastante floja en ese sentido levantando grandes sospechas.

De ahí que se haya denunciado constitucionalmente al fiscal Pablo Sanchez por prácticamente negarse a investigar a grandes implicados en este grave caso y servir como especie de brazo legal de los mafiosos, con el psicosocial de buscar pruebas físicas de una supuesta contabilidad paralela en la cocina del local principal del partido fujimorista, Fuerza Popular.

¿Qué queda ahora? Esperar la renuncia de PPK, pese a que se acaba de aprobar la moción de vacancia en el Congreso y permitir que el vice presidente Martín Vizcarra asuma la presidencia y complete el período, por lo menos para oxigenar un poco la institución presidencial.

Y pese también que aun con pruebas irrefutables de sus corruptelas y contratos amañados que demostrarían haber incurrido en el delito de Negociación Incompatible.

Nada más hay por hacer PPK ha quedado como un mentiroso, por negar lo innegable y aceptarlo por insistencia y por haberse escudado falsamente en la Constitución, enlodando aún más la majestad de la presidencia. La vacancia del presidente no será la solución al problema, pero al menos habrá marcado un hito para algún cambio necesario en nuestro país.

Por: Richard O. Campos Villalobos, analista político. Email: r_camposvill@hotmail.com

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