blog | 21 octubre, 2002

El club de los pobres

ILE

Hace más de tres décadas que a los estudiantes de secundaria se le enseña a soñar con un proyecto de integración irrealizable. Los que estamos en la base tres nos hemos dado cuenta que todo fueron buenos deseos y que la Comunidad Andina no es más que un club de países pobres. Que sólo renegamos del libre comercio con el mundo, pero si es entre nosotros, no pasa nada. El cuento de la integración latinoamericana que Bolívar soñó ha sido aprovechado muy ventajosamente por un sequito de ex-embajadores, asesores, empresarios frustrados, sindicalistas merodeadores y mercantilistas de cuello y corbata que siguen viviendo de ese sueño perdido, el de los miles de dólares que reciben por sus sabios consejos con tal de sintonizar con las paupérrimas políticas comerciales de los socios andinos.

La última negociación del arancel externo común (AEC) es otro cuento con que se pretende vender como instrumento de desarrollo. ¿En que país del mundo se desarrolla en base a pagar altos impuestos? Bueno, estos pseudointelectuales del Bolivarismo llevaron a la Cancillería peruana a preferir el arancel más alto de 20% que una tasa menor de 10%. Como el cangrejo que avanza hacia atrás, la Cancillería nos llevó hacia los ochentas con la retórica que unidos somos más fuerte en las negociaciones.  Lo cierto es que el dogma ideológico de la integración andina nos ha hecho creer que una serie de países debiluchos nos convertirán en sansones o supermanes de los andes sudamericanos. Lo único que hemos hecho es convertir al mercado andino en una muralla de protección para defendernos del mundo como si comerciar fuera una peste que tenemos escapar.

Así la nueva desviación de comercio llevará rentabilidades a sectores productivos donde la competencia con el resto del mundo los arrollaría por ineficientes. Se calcula que 350 empresas sacan provecho de este comercio subregional a costa de la economía doméstica de los 26 millones de peruanos gracias a una política comercial  orientada a premiar a fracasados y perdedores en un libre comercio con el mundo.

Pero la lección no acaba allí. Gracias a este AEC, los preciados recursos serán desperdiciados gracias a la conducta inmoral de la Cancillería que va obligar a pagar más por los mismos productos que antes eran más baratos. Me imagino de las oportunidades pérdidas una vez que los empresarios lean la resolución de intendencia que instruirá a los aduaneros a cobrar 20% a los productos que estaban en transición y que iban destinados al aparato productivo. La verdad es que detrás de este aspecto económico hay todo un componente ético que es reprobatorio en un país donde los recursos no son precisamente gratuitos y que nos cuesta producir bienes y servicios para la mayorías. ¿No es una locura autoimponernos costos adicionales para producir cosas que necesitamos?

Gracias a la Cancillería hemos ingresado al club de los perdedores. Han preferido la pobreza antes que la riqueza. Las migas de pan antes que la libertad.©

Por José Luis Tapia, Presidente de ILE. www.josetapia.pe

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