blog | 30 diciembre, 2000

El consumidor tiene el poder

ILE

Cuando hay libertad en el mercado, el poder del consumidor es más que del empresario. Además, los consumidores pueden castigar a los empresarios haciéndolos quebrar, pero también los puede premiar volviéndolos ricos.

¿Cómo es esto? El empresario depende de las compras del consumidor por que sin su compra no podría existir su negocio. No puede haber empresario si no hay consumidor quien le compre. Pero si pueden haber consumidores sin empresarios en un momento dado.

Todo es cuestión de quien es más perspicaz para descubrir la demanda insatisfecha. Si un solo empresario descubre esta oportunidad y, produce de acuerdo a la exigencia de los consumidores, se vuelve rico.

Pero luego llegarán más empresarios para compartir las ganancias monopólicas de aquel, solo sí satisfacen las preferencias de los consumidores en igual o mayor intensidad que el primer empresario. Siempre el beneficiado es el consumidor.

¿Y qué hay con el poder económico de las corporaciones? El supuesto poderío económico y financiero” es más frágil de lo que parece, solamente bastaría que los consumidores dejen de comprar un día a las grandes corporaciones para observar como éstas se tambalean financieramente.

Un día que los consumidores acuerden no comprarle a las megatiendas comerciales sus flujos de caja para ese día entrarán en rojo y le ocasionarán pérdidas por un día menos de ingresos, debido a las continuas restituciones de stock, pagos de luz, agua, teléfonos y alquileres.

Asimismo, supongamos que los consumidores (ahorristas) de los bancos quieren retirar su dinero, ¿con que prestarían los bancos a las empresas? Y por el lado de los préstamos, el poder del consumidor sería aún más fuerte si los prestatarios no solicitaran créditos a los bancos.

Entonces ¿cómo podría los bancos pagar los intereses a los ahorristas? He ahí la importancia del consumidor.

Los consumidores no invierten en sí mismos para servir mejor al empresario, son las empresas que continuamente innovan, invierten en recursos humanos, maquinaria, y consultoría para mejorar su producción con el propósito de servir mejor al consumidor.

La empresa exitosa será la que coincida con las preferencias de los consumidores y no al revés. La competencia exige a los empresarios a ser diligentes con los consumidores, pues de otra manera su competidor será el nuevo sirviente en pos del consumidor, aunque es cierto que toda esa adulación es por el objetivo de conseguir de manera respetuosa su dinero. Pero ahí radica el poder de consumidor; que él decida libremente a quien entrega su dinero.

Por otro lado, la viabilidad o no de las empresas en un régimen de libertad dependen enteramente de los consumidores.

Los empresarios que dicen que el gobierno debe apoyar a las empresas en problemas, sencillamente están diciendo que no les interesa el veredicto de los consumidores, su viabilidad económica depende del gobierno.

Estos falsos empresarios —políticos en realidad- son los que dañan el mercado y violan la voluntad de los consumidores. Es muy conocido la poca autoestima que tienen estos empresarios en nuestro medio.

Demandan libertad de entrada al mercado y apoyan el libre mercado, pero una vez que están en la cancha le entran el miedo a perder su negocio. Piden al gobierno incentivos tributarios, exoneraciones, créditos baratos y tasas bajas de interés.

Una vez que los consumidores le solicitan a los falsos empresarios menores precios y mayor calidad de sus productos estos se resisten hacerlo y acuden al gobierno para concertar soluciones a sus problemas.

Pero la verdad es que la permanencia de estos empresarios-políticos en el mercado, que desafían la voluntad de los consumidores, es un costo de oportunidad para la economía debido a que destruyen oportunidades para otros empresarios más perspicaces y con deseos de servir mejor al consumidor.

El enfoque aquí expuesto privilegia al consumidor sobre el empresario. No por que el empresario sea menos que el consumidor, sino que la economía de mercado explicada por Mises, Hayek y Kirzner de la Escuela Austriaca, aclaran que el consumidor tiene el poder de premiar o castigar, asignar o no recursos y, de ser servido o no por el empresario. ©

 

Por José Luis Tapia, Presidente del Instituto de Libre Empresa. www.josetapia.pe

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