blog | 10 enero, 2017

El espinozo Odebrechtgate

ILE

 

El escándalo recientemente destapado de la mega constructora brasilera Odebrecht es solo un indicador de la emergencia sanitaria y la decadencia de la clase política peruana de los últimos años.

Es el indeseado e incómodo vídeo de la muestra de todo un sistema crónicamente carcinomatoso, que no solo permite y avala la corrupción, sinó que es su matriz generadora por excelencia.

La fiscalía Federal de los EEUU ya indicó que ha recibido e investiga valiosa información sobre la empresa brasilera y que se indagan los numerosos sobornos hechos desde el 2005 al 2014, el mismísimo mandamás de Odebrecht así lo ha confirmado, en colaboración voluntaria.

Los medios beneficiados directa o indirectamente por los escandalosos sobornos se esfuerzan en querer remover el caso hasta los años noventa, cuando se sabe, por boca de su máximo directivo, que los sobornos son de tiempo extemporáneo.

Resulta sumamente risible en este caso que gente que se diga adulta siga creyendo que la corrupción es un fenómeno excepcional de la política peruana enfocada a los años noventa. Parece que no se han enterado que la corrupción es un defecto muy antiguo del hombre defecto del que los peruanos no se salvan.

La corrupción ha campeado igual o peor antes y después de los 90’s según rankings internacionales de reconocidas agencias internacionales como Transparencia y el BM. Y es que lo que debería importarnos es el factor que causa la orgía de corrupción en todas las esferas de la cosa pública y uno solo es el factor, el tamaño inauditamente gigantesco del estado.

¿Por qué? Pues porque un estado agigantado, siempre requerirá de dinero, oficinas, funcionarios, leyes, reglas y regulaciones para poder funcionar, todo burócrata estatal estará supuestamente al servicio del ciudadano, pero eso no quita que también esté al servicio de intereses negros.

En pocas palabras, un emprendedor que necesite trabajar, siempre encontrará la manera de hacerlo rápido y ahorrando recursos, apelando al fácil camino de saltarse la ley, ley que en la mayoría de los casos es absurda y limitante.

Queda claro que un aparato estatal mientras más grande sea, estará más llano a recibir mucho dinero, por tanto será más propicio para ser saqueado.

La obsesiva participación, de Odebrecht como constructora en las obras públicas del estado – ya que las obras públicas son obligación del estado – es la muestra de cómo un emprendedor actúa al margen de la ley en estados sobredimensionados y endebles como el peruano.

Con múltiples debilidades que mostrar, resulta pues hilarantemente contradictorio que se haya montado todo un aparato estatal que filtre la corrupción apodado como “Proceso de Licitación Pública” y este precisamente haya sido el que permitió los numerosos sobornos de Odebrecht y de otras empresas.

Ya sabemos entonces que este sistema desinstitucionalizado y excesivamente burocratizado es el generador de tanta podredumbre, no es culpa de un partido, un ex gobernante o una década en particular, como pretenden hacernos creer ciertos opinólogos enfermos de anti empresarialidad.

Un gobierno limitado, sin tanto organismo público inútil, sin tanto legalismo, es la única garantía de que la corrupción no llegará a mayores como hasta ahora se ha visto.

Por Richard O. Campos Villalobos, sociólogo y profesor de la Universidad César Vallejo. Reside en Chiclayo. Email: r_camposvill@hotmail.com

Entradas Recientes