blog | 8 junio, 2004

El estado impide la competencia

ILE

Con una ignorancia de lo que es mercado libre, el Viceministro de Comunicaciones ha señalado que “el Estado, a través del Ministerio de Transportes y Comunicaciones y Osiptel, tiene la facultades para generar competencia”. Si fuera cierto, ¿por qué el presidente de Aspec ha salido a reclamar la resolución del contrato de concesión a Bellsouth?. Seguramente que no quiere que en el mercado del telefono fijo inalámbrico se quede solo un operador. Más que echarle ojo a las empresas en cuestión debiera alguna asociación de consumidores reclamar la entrada de nuevos operadores. Si bien la concesión entregada es toda un maquinaria a Telefónica es de por sí ya un impedimento a la libre competencia no se debe pasar por alto que organismos supervisores como Osiptel puede ser desactivada mediante una ley. Como dice Henry George, el precursor del Public Choice, “El gran ladrón está tan bien atrincherado

Los neoliberales aseguran que es un organismo técnico que resuelve los conflictos de precios entre los operadores y el Estado. Nada mas falso. Este organismo estalló como un fusible al primer conflicto por el asunto de la renta básica. Tuvo que salir el presidente Toledo a conminar a Telefónica en nombre de los consumidores a que rebaje sus tarifas de servicios. Lo cierto que esta anomalía procesal se debe a que las regulaciones imponen barreras de entrada a nuevos competidores, y tenemos que aceptar contra nuestra voluntad operadores que no coincide con nuestras preferencias.

En nuestro país se habla día a día de la eficiente labor de los organismos reguladores de la competencia, pero casi nada de los daños que éstos generan a la libre empresa. Es decir, si hay beneficios destruidos por la acción gubernamental o si existe una pérdida de incentivos para nuevas invenciones, mejoras tecnológicas en los productos o servicios de nuevos operadores.

¿Nos ponemos a discutir cuántos miles de empleos e inversiones se pierden por la acción de OSIPTEL, OSINERG, INDECOPI, SUNASS, SBS, y OSITRAN y a la cantidad de burócratas que trabajan para regular los negocios?. Nadie habla de los beneficios destruidos como lo llama Henry Hazlitt, ni tampoco de la confiscación de los derechos de propiedad que sucede en las narices de todos.

Pero es obvio que los reguladores y regulados van a proteger sus intereses cerrando el mercado a otros y esgrimir una serie de seudosargumentos a su favor como el de la competencia perfecta, fallos de mercado, e información asimétrica, por citar algunos, que más bien sirve de cebo a los estatistas. Lo cual no me extraña. Pero muchos de sus argumentos no toman en cuenta la dinámica del mercado libre en tecnología e innovaciones en los productos. Tampoco conocen la cantidad de información subjetiva pero valiosa que se cocina en el mercado. Como alguna vez insinuo Hayek es imposible que las regulaciones estén al compás del mercado.

El caso de la telefonía es bastante interesante. Hace 10 años era extraño reducir las tarifas debido a que el servicio telefónico era administrado por el Estado. Hoy en día, ese mismo Estado sigue haciendo lo mismo imponiendo barreras de entrada a nuevos operadores. ¿Acaso no se han reducido las tarifas de telefonía móvil por la entrada de nueva competencia? ¿Por qué no exigir el mismo mecanismo para la telefonía fija, agua, bancos, energía eléctrica, educación, salud, en lugar de otorgar más poder a superintendencias y reguladoras?

Debemos dejar de identificar a las regulaciones con el Estado y ampliar nuestra visión hacia aquellas organizaciones privadas que se autorregulan sin la participación del gobierno. Así, la “autorregulación” hace que los propios empresarios y consumidores sean los que diseñen sus propias reglas de juego para contratar bienes y servicios sin necesidad del concurso de un tercero. Dicha iniciativa se está extendiendo en una serie de países, entre ellos, Gran Bretaña, donde se vienen desarrollando un sistema voluntario de información, como es el caso del Portman Group (institución que previene el uso del alcohol y promueve el consumo “responsable” de bebidas).

Sólo en este caso, vemos que la falla de mercado conocida como “información asimétrica” pierde validez por el resultado de la cooperación voluntaria que se da en el mercado. A propósito, nadie condena la asimétria de la infomación estatal que disponemos sobre el desempeño de Sedapal. Pues a nadie convence ese argumento infantil el de la falta de lluvias, cuando sabemos por fuentes privadas que la ineficiencia llega al 50% de desperdicio de agua por malas conexiones.

Las regulaciones ambientales, económicas y sanitarias calculadas por el Institute of Economic Affairs de Londres señala que a los ingleses les cuesta alrededor de US$ 788 mil millones por año. Sería interesante que los estatistas defensores de las reguladoras calculen el costo de oportunidad en inversión privada que se pierde en nueva competencia, es decir, los beneficios destruidos por el intento fallido de miles de nuevos negocios debido a las regulaciones y costos burocráticos.

Por Jose Luis Tapia, Director de ILE. www.josetapia.pe

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