blog | 21 noviembre, 2017

El fin del mermeleo

ILE

Nada es peor que ver al Estado, mal gastar los recursos que, vía impuestos, contribuye el ciudadano para sostener el aparato público, en sandeces o inutilidades, es una insana costumbre que alimenta el parasitismo y que debe acabar ya.

Pero, pese a que podamos estar o no de acuerdo con ciertas ideas, el congresista Mauricio Mulder ha presentado un proyecto de ley, que por primera vez no va dirigido al ciudadano – costumbre de los políticos estatistas – sinó al estado. Dicho proyecto, de ser aprobado, impediría que el estado destine fondos públicos, a cualquier publicidad contratada en medios de comunicación privados, una acción de impacto positivo en nuestro país.

Este proyecto de ley es bueno, aunque tardío y expositor de oportunismo – como todo en el Apra, cuya publicidad estatal de su reciente administración terminaba con la frase “El Perú Avanza” – pero si se aprueba y esperemos por el bien del país que sea posible, limitaría al estado en el gasto fiscal, que bien se pueden destinar para resolver problemas de suma urgencia, como la reconstrucción de la infraestructura dañada el verano pasado y que hasta hoy no se realiza o a reforzar la ya existente para que resista el embate de la naturaleza en el verano que se avecina.

Es cierto que algunos desubicados acostumbrados a fagocitar el estado, ya pusieron el grito en el cielo, pero sin explicar para qué puede necesitar publicitarse el Estado, ya que la publicidad es solo una actividad de promoción para la venta de un bien o servicio, provechoso para el consumidor, la publicidad no sirve para otra cosa, por lo que es innecesario que el estado publicite algo, pues nada vende, sus servicios son monopólicos como la seguridad o la justicia y no hay necesidad que estos se publiciten.

Es inmoral que se destine el dinero del ciudadano para hacer propaganda de un ministerio, si la obligación de estos es cumplir sus funciones. No se puede seguir arruinando la bolsa del ciudadano, solo para recordarle que ministerios inútiles como los de Cultura o de la Mujer, existen. Aparte que, el fondo fiscal entregado a mano abierta en publicidad, genera una descarada manipulación de la prensa vía la compra de favores. Existe una obscena costumbre al respecto que ya lleva casi dos décadas, que incluye la compra de líneas editoriales o alineación de la opinión acorde a los planes del gobierno de turno, todo dependiendo del grosor del fajo, como el caso del ex ministro de educación Jaime Saavedra, que resultó ser un impresentable estafador y tenía en cada radio o canal de televisión, una legión de plumíferos aptos para el franeleo.

Los contratos de publicidad estatal con los medios privados, se ha convertido en los últimos gobiernos en una práctica mafiosa y esta ha sido especialidad de la administración humalista, el ejemplo de Jaime Saavedra en el Minedu es prueba irrefutable de ello.

Este modo mercantilista de actuación es ahora en una modalidad de acopio de ingresos para los medios de prensa, al menos desde que el Internet empezó a llegar a la mayor cantidad de usuarios y haya golpeado sus cajas, pero al mismo tiempo es una mediocre forma de vida que expone las miserias de muchos que se dicen periodistas independientes, hasta el “decano” de la prensa peruana El Comercio, ha caído en esta perniciosa y facilista forma de obtener dinero, lodo que salpica a sus empresas de comunicación adjuntas como Grupo La República, que prácticamente vive de la publicidad estatal mostrándolo en portada, a diario y sin ningún sonrojo.

De modo que es momento de desmantelar estas prácticas perjudiciales para el fisco, una porque no son necesarias, otra porque son el caldo de cultivo perfecto para la corrupción en la cosa pública y porque de esta manera se puede vulnerar derechos ciudadanos, como el de la libertad de expresión, al tener el gobierno, capacidad de blindaje en los medios previamente comprados con el dinero del ciudadano.

Por lo pronto La República ha sido el primer medio en mentir impúdicamente diciendo que el proyecto de Mulder es un “atentado contra la libertad de prensa” como si lo que propone el aprista, fuera una ley de regulación y limitación de contenidos informativos, es un hecho que la prensa mermelera adicta al dinero ajeno, no quiere perder sus comodidades y dudosos privilegios.

El proyecto es solo un limitante al despilfarro de fondos del erario en empresas de comunicación privadas, no pretende vulnerar la libertad de prensa, La República puede seguir publicando imbecilidades a placer, si así lo desea, solo que esta vez tendrá que hacerlo con su propio peculio, de eso se trata. Nada justifica que mienta de esa forma tan grotesca, la libertad de prensa, sigue incólume garantizada por la Constitución.

Si La República se considera un medio serio, pues que trabaje con periodismo objetivo, compita para captar a la mayor cantidad de anunciantes y gane con pulcritud a sus lectores, resulta infantil que haga berrinche, porque se pretende que el estado, no contrate publicidad pagada por el Erario.

De llegar a sancionarse dicha ley, el Estado ahorrará dinero que puede ser más útil en la compra de equipos para los bomberos, siempre olvidados en el presupuesto estatal o la renovación del parque blindado del ejército que lo necesita con urgencia, por citar ejemplos. Ojalá que el grupo parlamentario mayoritario lo apoye efectivamente y haga respetar, la responsabilidad con la que se debe manejar el dinero, que paga esforzadamente el contribuyente.

Por: Richard O. Campos Villalobos, analista político.

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