blog | 28 diciembre, 2014

El Gobierno No Sabe Vender La Ley 30288 (Ley “Pulpin”)

ILE

Se ha escuchado a no pocos políticos decir que le ha faltado al gobierno comunicar mejor la Ley 30288.  Los ministros de economía, de trabajo, y hasta el propio Presidente Humala han señalado con total convicción que la ley es “buena”, ofrece “beneficios”, y da “oportunidades laborales” a los jóvenes.  Pero su comunicación no ha pegado entre la juventud. Continúan con las marchas pensando que el gobierno les está mintiendo. No queda otra que sospechar que la comunicación no es la que está fallando sino la venta de la ley.

Para comenzar, si un político ofrece una ley a manera de una idea de beneficio va tener que someterse a las leyes del mercado. No el mercado en su ámbito económico sino en su amplio sentido como sistema de intercambios, donde puede ofrecerse desde mercancías tangibles, hasta ideas, leyes, o beneficios. En realidad todos vendemos algo en mayor o menor medida, sea en nuestras relaciones personales o económicas. Y lo que está haciendo el gobierno es la venta de la idea que la ley 30288 ofrece beneficios a los jóvenes sin empleo.

La Ley Pulpin se ha hecho más conocida entre los jóvenes que su nombre formal. Es una manera despectiva de decir que no cree en los beneficios que la ley ofrece. Y esto es un indicador que en el proceso de venta de ideas, el vendedor de la ley no es creíble, que los jóvenes no creen en el gobierno. Si el gobierno quiere vender esta ley tendrá que buscarse otras fuentes de autoridad como sería una historia real de un o una joven que no encuentra trabajo a consecuencia del régimen que los jóvenes equivocadamente defienden. Sacar inesperadamente bajo la manga esta historia emotiva, puede hacer creíble que la Ley 30288 los beneficia.

Pero esto no es suficiente. El nombre de la Ley 30288 “Ley que promueve el acceso de jóvenes al mercado laboral y a la protección social” no es un empaque que vende la idea de beneficio. Distinto sería que los legisladores oficialistas, en lugar de vender tan rimbombante nombre, vendieran la ley con la esencia siguiente: “Es la ley que proporciona oportunidades laborales a los jóvenes sin experiencia”.  El gobierno debe ir al grano, sin tanto rollo, vender la esencia concreta y de mensaje corto. Con ello vendes valor, vendes a los clientes de la misma, a los jóvenes de 18 a 24 años, la idea que la ley proporciona la oportunidad de tener un empleo.

Lo que sostengo es que en el mundo de las ideas no solo se debe comunicar sino también vender. Primero, porque en cualquier proceso de venta no se puede obligar a otro a comprar algo que no quiere. Solo se debe provocar su compra. Cuando los jóvenes salen a protestar lo hacen porque sienten a la ley como una imposición grosera. Segundo, nunca debe venderse una caja vacía, sino llena de beneficios, más de los 3 o 4 beneficios que el gobierno ha prometido. Cuantos más beneficios se ofrezcan más jóvenes se adherirán al modo de pensar del gobierno. Tercero, una vez que se ha provocado la venta de la Ley se tiene que ir al ritmo del comprador. En este caso, el Ejecutivo y Congreso han acelerado el paso sin saber qué intereses, caprichos y ambiciones tienen los jóvenes respecto al tema laboral. Y por último, si el gobierno quiere vender la idea de una modificatoria de la Ley, debe darles a los jóvenes un papel participativo de manera que puedan decir entusiastamente que “nosotros” hemos modificado esta ley.

Para que compren la idea que la Ley es beneficiosa se tiene que vender de manera creativa. La Ley 30288 es un buen producto que no ha culminado su proceso de venta. Si el gobierno tiene la suficiente humildad en reconocer que no ha sabido tratar bien a sus clientes, en este caso, a los jóvenes, es posible que una reforma laboral de estas dimensiones pueda tener éxito en el comienzo de una liberalización más profunda del mercado laboral.

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