blog | 10 noviembre, 2002

El gobierno se equivocó con el contrabando

ILE

El último suceso ocurrido con los comerciantes de Fronteras Unidas prueba que la fuerza pública no sólo desvia su atención en asuntos triviales sino que también extralimita su aplicación. El solo pretexto de poseer mercaderías consideradas de contrabando no justifica la toma por asalto de casi de madrugada en este centro comercial la semana pasada.

El fenómeno del contrabando no sólo ha empleado métodos persuasivos para ganarse a la autoridad sino que cientos miles de personas se benefician sin sentir ninguna culpa. No es casualidad que hasta ahora esta poderosa fuerza del mercado no haya podido ser erradicada por ninguno de los gobiernos de la historia republicana. Ni creo que va poder ser erradicada a menos que se cambie el actual enfoque que confunde el efecto por la causa. Gracias a este comercio informal, cientos de miles de peruanos en Tacna, Puno, Tumbes e Iquitos todavia encuentran trabajo en el Perú, generan ingresos para sus familias y hacen prósperas sus localidades de manera pacífica.

El empresariado formal se equivoca cuando exije al Gobierno que erradique el contrabando usando la fuerza represiva. El gobierno no ha sido creado para atacar actos pacíficos. Utilizar la fuerza y la represión más corresponde para actos violentos como secuestros o coches bombas, pero de ninguna manera para actos pacíficos como el contrabando. Por ello convertir en delito aquel comercio que no reúna los patrones del mundo formal es destruir de un modo inevitable el respeto a la ley. La corrupción, fraude y las falsas declaraciones que ocurren diariamente en las aduanas son cosas inseparables a los aranceles y cualquier impedimento al comercio libre. Si algo prueba este comercio ilegal es que no es inmoral.

No debemos perder de vista que el contrabando es un efecto de la incapacidad del Estado de absorber al mínimo costo a empresarios y consumidores que viven y se benefician del contrabando, que están al margen de la legalidad. Ya en el libro “El Otro Sendero”, De Soto y Ghersi, exploraron este submundo para explicar que la informalidad es – y el contrabando es parte de ella – el resultado de los altos costos de transacción, –léase barreras artificiales- que el mismo Estado crea, originando que el Perú tenga una de las economías con más informalidad en el mundo llegando al 60% del PBI después de Bolivia, según documentos del Banco Mundial.

Por otro lado, ¿qué sucedería si la Policia Nacional y las Fuerzas Armadas reprimen conjuntamente el comercio fronterizo en Puno, Tacna, Iquitos y Tumbes?. La poderosa fuerza social que hay detrás de este comercio libre pueden generar levantamientos populares de mayor magnitud que los sucesos de Arequipa. Los del mundo formal deben entender que el problema del contrabando no se soluciona con más represión o aumentando las penas o castigos. El problema es cómo eliminar las barreras de entrada al mercado formal de tal manera que el gobierno sólo se limite a sus funciones naturales represivas para actos violentos. Por esta razón los economistas liberales reclaman que el gobierno no debe proteger el mercado por que sólo allí ocurren actos pacíficos.

Por ello considero que seguir reprimiendo el contrabando es una batalla perdida, cuando la demanda de cada día es la causa eficiente por la cual incentivan a miles de peruanos a sacarle la vuelta legítimamente al Estado. Más bien, la solución está en que el mundo formal debe luchar contra sí mismo para que el Estado se reforme y reduzca la exclusión social de millones de peruanos. Solamente cuando se vea al contrabando como acto pacífico y de alto contenido moral, habremos logrado civilizadamente conquistar a miles de empresarios a entrar en la formalidad, en lugar de apalear comerciantes y destruir negocios como lo sucedido en Fronteras Unidas.©

Por Jose Luis Tapia, Presidente del Instituto de Libre Empresa (ILE)

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