blog | 5 mayo, 2004

El mito de la vacancia presidencial

ILE

El Presidente del Consejo de Ministros, Carlos Ferrero, dice que el gobierno no teme la vacancia presidencial. Luego de ser censurado su Ministro de Interior, voces desde la oposición han señalado que ahora es la oportunidad de debatir la vacancia presidencial, por que en el fondo la censura no resuelve el mal de fondo que tiene el actual gobierno: la incapacidad del Presidente Toledo para gobernar hasta el 2006.

Desde luego que es muy atractivo vacar al presidente en las actuales circunstancias cuando el 60% de la población quiere que se vaya a su casa. La pregunta es, sin embargo: ¿qué se logra con tal noble objetivo? ¿La democracia va cambiar? ¿podrá el nuevo presidente realizar los cambios de fondo que necesita el país?. Desde luego que no, por que una vacancia es un hecho político trascendente para las formas democráticas, pero no para cambiar las viejas estructuras políticas del estatismo actual.

En la actualidad los partidos políticos inscritos son los principales beneficiarios de la vacancia, pero no representan ningún cambio esperanzador. Solo se conoce que ellos viven de esta democracia ilimitada. No advierten de la gravedad de la situación. Es un mito creer que la vacancia presidencial cambia las raíces de los problemas. Se requiere más que una vacancia toda una revolución ideológica y política con nuevos operadores que encaminen al país por los senderos de donde nunca debió salirse.

La censura de su Ministro del Interior no es un capítulo nuevo, es solo parte de nuestra historia republicana de un parlamento con superpoderes que desequilibra toda relación con el Ejecutivo. De ahí que a toda censura le corresponde en épocas de baja popularidad la deslegitimación del sistema político que se manifesta usualmente en golpes de estado o asonadas civiles contra presidentes como José Luis Bustamante y Rivero, Fernando Belaunde, Alan García y Alberto Fujimori.

Es difícil avizorar un panorama esperanzador si nos limitamos a iniciativas como la vacancia presidencial, asamblea constituyente, nuevos outsiders, cuando no hay de por medio el cambio cultural necesario para reformar el sistema político. Debe comenzarse con abrir paso aquellos valores e ideologías contrarios al paradigma estatista con una revolución conceptual de lo que es gobierno, mercado e instituciones. Esa es la salida.

Por Jose Luis Tapia, Director de ILE.

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