blog | 29 abril, 2004

El Pueblo No es la Voz de Dios

ILE

Desde la semana pasada la democracia está en aprietos por los sucesos acaecidos en Ilave, Puno. Los aymaras enfurecidos con su alcalde lo asesinaron instigados por una turba con sed de venganza política. Se equivocan quienes afirman que “la voz del pueblo es la voz de Dios”. ¿Cómo se va a someter a votación del pueblo el derecho a la vida de un burgomaestre?. Si la encuesta del PNUD sirvió de poco para reflexionar sobre los dañiños efectos de la democracia ilimitada, que sirva este lamentable hecho en Puno como inicio de un debate público sobre qué tipo de democracia queremos para el Perú.

Hay que señalar que muchos demócratas se les ha dado por renegar del principio representativo en pro de la democracia “participativa” tipo Ilave, o sea directa: iniciativa popular, referendum, asamblea popular, etc. En este despropósito les acompañan las izquierdas, y buena cantidad de sedicentes liberales despistados. No obstante, como rezan los principios liberales, “el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes” (elegidos por el mismo, conforme a la doctrina democrática); y “no hay imposición (tributaria) sin representación.”

La “participación” popular es a todas luces partidofóbica. Sin embargo, los liberales alentamos el fortalecimiento de un sistema de partidos políticos porque sin ellos es impracticable no sólo la democracia, sino cualquier forma o principio de Gobierno. Pero esta de moda la partidofobia, vieja obsesión fascista, que a su vez malesconde al empedernido corporativismo, ahora remozado con la etiqueta de “sociedad civil”.

Creo que es oportuno debatir alturadamente cuáles son los límites que hay que establecer a la democracia para evitar sucesos tipo Ilave. Yo planteo dos: (a) no se debe someter a voto del Congreso o cualquier instancia social el derecho a la libertad, propiedad privada y vida; y (b) el sufragio no debe ser universal, sino con exclusiones. Por ejemplo, debería excluirse a quienes no pagan impuesto a la propiedad -o impuesto a la renta -, o son beneficiarios del “Welfare State”.

Dejemos para la fantasía que el pueblo es sabio y que nunca se equivoca. Lo sucedido en Ilave debe ser una lección para todos. Un debate público entre demócratas y liberales sobre el futuro de la democracia sería propicio para las actuales circunstancias. Esa es la salida.

Por Jose Luis Tapia, Director de ILE.

 

Foto cortesía de rafaela.com

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