blog | 25 octubre, 2017

Farsa Censal

ILE

El Censo de este último Domingo, nos deja a todos la sensación de que el estado y sus servicios ya llevan una crisis crónica y un colapso inconteniblemente inaudito, todo o casi todo en el estado está al revés, cada día que pasa, los problemas atribuidos a su inacción aumentan en alarmante proyección geométrica, a los gravísimos inconvenientes desatendidos y sin visos de solución en el corto plazo, como la inseguridad interna y la celeridad procesal en el PJ amén de la corrupción imperante en todo el aparato público, se suma ahora, el conteo demográfico censal, que este año será una completa farsa.

El censo según ley debe hacerse cada diez años, un plazo perentorio como para averiguar el número de población con el que cuenta el país, amén de algunos datos como los de vivienda.

Pero el censo de este año ha sido particularmente controvertido, no solo por la improvisación con la que se le preparó, sino también por el método para el acopio de información que presentó, una mezcla de datos de ficha policial más campo de concentración nazi, ha sido el hecho de hacerle perder tiempo a todo el mundo, con la innecesaria pregunta sobre la autoidentificación étnica o la religiosa, como si con eso se fuera a resolver algún problema grave de los numerosos que tenemos en este país y que urgen solución inmediata.

Días antes del Censo, cuando se supo de la dichosa pregunta se escuchó al director del INEI decir que sabiendo cómo se auto identifica la gente entonces se podrían diseñar políticas públicas de trascendencia de acuerdo a una sentimentalidad en especial o de pertinencia étnica en un país con todas las razas.

La verdad es que la tan mentada “auto identificación” étnica, no resuelve ningún problema trascendental. Si tomamos en cuenta que la inseguridad ciudadana ocupa el primer lugar entre los problemas que necesitan ser resueltos, tendríamos como resultado que a los delincuentes no les interesa ni su propio origen étnico, ni el de sus potenciales víctimas, por otra parte un grave problema como la infraestructura caminera o la aun latente desnutrición infantil, no podrían tener solución en un urgente corto plazo, si todos los involucrados humanos en dicha problemática se auto identifican con tal o cual etnia.

Como se verá una pregunta no solo innecesaria, sinó impertinente, aparte claro está, que se trató también de una pregunta que violaba los principios legales de privacidad y de reserva de la información, respaldados por la constitución política de nuestro país. Por otro lado la pregunta sobre la religión, fue otra artera puñalada a la inviolabilidad de los derechos fundamentales, como el de la reserva de información en asuntos de conciencia.

Como se verá, el asunto es bastante serio, como para haber invertido dinero del contribuyente en un censo con preguntas tan impertinentes y al mismo tiempo haber convenido un muy cuestionable acuerdo de intercambio de información entre el INEI y empresas privadas, incluida la Universidad Cesar Vallejo, lo que podría vulnerar la confidencialidad de los datos, puesto que dicha protección solo se ha garantizado de boca, como se dice coloquialmente.

Habría que ir pensando en la reorganización y posterior privatización del INEI, el estado no es capaz de mantener cierta eficiencia en el conteo demográfico, por lo demás los técnicos que manejan esta labor han actuado esta vez vergonzosamente, más como políticos, que como profesionales de la demografía, pues esta es una ciencia y las ciencias basan sus metodologías, proyecciones y resultados en factores objetivos, no en subjetividades.

El Censo moderno solo estaría enfocado en el conteo demográfico y se separarían las preguntas de acuerdo al territorio, de modo que preguntas destinadas a gente de la costa serán diferentes que las dirigidas a la gente de la sierra o de la selva, amén de que se podría ahorrar importantes costos, apelando a la tecnología, haciendo que el censo sea completamente virtual, alentando a la ciudadanía a participar e instruyendo a la misma en la información que brinda.

Lamentablemente en un servicio estadístico como el del INEI, se han visto en doce años y tres procesos censales consecutivos, la prueba de la improvisación y de la desorganización que domina el estado, no solo en resultados inconsistentes e inexactos, sino en las ansias del mismo por coactar la libertad del ciudadano, siendo esto último, lo más grave.

por Richard O. Campos Villalobos, analista político

Entradas Recientes