blog | 27 noviembre, 2018

Fusionismo en Brasil y Argentina

ILE

Papeles de “El Gimnasio”

FUSIONISMO EN BRASIL Y ARGENTINA

Alberto Mansueti, Fundador del Centro de Liberalismo Clásico

En Brasil el ahora Presidente electo Jair Bolsonaro ganó las elecciones con dos clases de banderas: liberales en economía, y conservadoras en lo político y moral. Esa fórmula tiene un nombre: se llama “fusionismo”; y es bien conocida en la historia política de las Américas y Europa. Y en Argentina, ya hay un candidato a Presidente que se inscribe en ese mismo perfil: el diputado Alfredo Olmedo, de la norteña provincia de Salta en su país.

I

¿Qué significa “fusionismo”? ¿Cómo se describe? Ser liberal en lo económico y conservador en lo político no es contradictorio, como dicen algunos despistados. Todo lo contrario: es lo absolutamente coherente. La “receta” fusionista combina el libre mercado en lo económico y el Gobierno limitado en lo político, como dos caras de la misma moneda.

Sólo un sistema de Gobierno enfocado en sus funciones propias de seguridad nacional y personal, justicia pública, e infraestructura física, y nada más, es consistente con los amplios espacios de libertades necesarias para la economía y los negocios, el trabajo honesto, y la empresa privada en expansión creando riqueza para todos, ganancias honestas para sus dueños, buenos empleos para sus trabajadores, y buenos artículos y servicios para sus clientes y usuarios. Con la mínima carga en las espaldas de los contribuyentes.

Y más aún: en la doctrina fusionista, las medidas y políticas liberales se postulan para más allá de la economía, estrictamente concebida, y se extienden a las actividades humanas y empresariales en la educación, la asistencia médica, y las jubilaciones y pensiones. Así se ha aplicado el “fusionismo” en los países nórdicos y otros que abandonaron el socialismo, en los “cuatro tigres” asiáticos, y en los “leones africanos”. Todas experiencias exitosas, de las cuales no ni investigan ni enseñan los profesores, no habla la prensa ni una sola palabra, y los politiqueros estatistas esconden o ignoran.

¿Por qué tanto silencio? Porque el fusionismo es de derecha. Es “políticamente incorrecto”. ¡Es un “tabú” político!

Incoherente es la fórmula contraria. ¿Y qué es lo contrario al fusionismo? El estatismo: un sistema de Gobierno extralimitado, que avasalla a los mercados, y atropella al espíritu empresarial y la propiedad privada, ahogando y asfixiando a la gente con abusivos impuestos, y reglamentos caprichosos que nos impiden la libre y abierta competencia. Termina enredado en sus propias cadenas, con un gasto fiscal insostenible, un déficit presupuestario crónico, una deuda “eterna” e impagable, y una inflación que unas veces puede contener, a costa de duros sacrificios privados, y otras veces no puede, y fracasa miserablemente en su irracional propósito.

“Fusionismo” es la línea ideológica que inspira a nuestro Movimiento en pro de “La Gran Devolución” a través de las Cinco Reformas en América Latina. Y al parecer, es la misma que se pudo observar muy claramente en la campaña electoral de Jair Bolsonaro, quien se atrevió a quebrar el tabú; y se puede esperar lo mismo en la de Alfredo Olmedo.

Si “la derecha levanta cabeza”, como afirmé en otro de los Papeles de “El Gimnasio”, es gracias al fusionismo. Porque hay dos corrientes de la derecha, que a menudo se enfrentan, lamentablemente: liberalismo económico por un lado, y por otro conservatismo moral y político.

Por lo común la derecha pierde cuando se escinde en dos campos separados y opuestos, conservador y liberal; ahí es cuando gana la izquierda. La “fusión” de las dos vertientes casi siempre da el triunfo a las derechas; así se explican los éxitos de Thatcher y Reagan en los años ‘80. Ronald Reagan siguió la enseñanza de Barry Goldwater, e hizo “fusionismo” en sus cuatro campañas electorales victoriosas: para la Gobernación de California, en 1966, y fue reelecto en 1970, y luego para la Presidencia de EEUU, en 1980, cargo para el cual también fue reelecto, en 1984.

II

El fusionismo tiene que superar dos clases de obstáculos para triunfar, cerrando las brechas que separan a liberales y conservadores. Y por ese camino, convocando al apoyo y los votos de “la mayoría silenciosa”. Veamos con más atención, por favor.

(1) La gente conservadora adhiere a los valores tradicionales de orden social, familia y trabajo duro, por lo general, aunque no siempre, en un marco de tipo religioso. Pero muchas veces se abraza mucho al intervencionismo estatista, en economía sobre todo, que equivocadamente cree que es algo bueno y esencial para la preservación de los principios que desea conservar, o restaurar. Es el caso de muchos “nacionalistas”.

Esta política errónea lleva a la clase media conservadora a apoyar a las cerradas oligarquías, que conspiran contra el libre mercado, y por tanto contra sus propios y mejores intereses de prosperidad y bienestar; y a los políticos “de centro”, con mucha frecuencia aliados de la izquierda. Es una posición inconsistente, porque Adam Smith tenía razón: el estatismo en economía la arruina, obstaculiza la generación de riqueza y empleo, y debilita la base material de sustentación de las familias, y por tanto de las iglesias, que dependen de la generosidad y solvencia de las familias cristianas.

(2) Por otro lado, parte de las clases intelectuales y profesionales quiere “libre mercado” en economía; pero en materia de principios y valores tradicionales, su posición es de indiferencia o de hostilidad. Y apoya el aborto y el “suicidio asistido”, que es eutanasia disfrazada, el “matrimonio gay” y la “ideología de género”. Es el caso de la mayor parte de los auto-llamados “libertarios”; aunque no de todos.

Esa actitud les une con la izquierda “progresista”, que es intervencionistas en la economía; y les separa de la clase media conservadora. Es inconsistente también, porque Marx y Engels tenían razón, y el capitalismo está indisolublemente unido al Gobierno limitado, al matrimonio y la familia, y a los valores morales y religiosos.

(3) “Fusionismo” es la reunión de las dos alas de la derecha: liberal y conservadora. Esto es: libre mercado con principios y valores. “Laissez-faire” con Gobierno limitado, en la línea de Adam Smith, y antes de John Locke, “el Padre del Liberalismo Clásico”, y otros tratadistas cristianos anteriores y posteriores, tales como Henry Bracton y Tomás de Aquino, “el Primer Whig” en el siglo XIII. Y los poetas Dante Alighieri en el XIII también, John Milton en el XVII, el jurista William Blackstone en el XVIII, entre tantos otros.

En tiempos de la Revolución Americana de 1776, Thomas Jefferson y James Madison fundaron el “Partido Demócrata-Republicano” en esta misma corriente. Y en la España de la “Restauración”, en 1875, cien años después, Práxedes Mateo Sagasta pone las bases del “Partido Liberal Fusionista”. En los EE.UU. de los años ’50, el ideólogo Frank Meyer desarrolló esta misma doctrina durante el apogeo de la “Guerra Fría”, como aporte a la revista “National Review”, que nutrió a la dirigencia y las bases del Partido Republicano.

III

En Brasil, la Constitución de 1824 se estableció sobre estos principios. Y en Hispoanoamérica, de igual modo sucedió con el texto constitucional sancionado en Cádiz, año 1812, de muy efímera vigencia, lo que es de lamentar. Por lo que se pudo ver, los asesores de Jair Bolsonaro han estudiado a conciencia los antecedentes del “fusionismo”, las lecciones que pueden sacarse, las experiencias actuales en el mundo, y todas las políticas que pueden y deben inspirarse en ese pensamiento. También estoy seguro de que los equipos de trabajo del candidato Alfredo Olmedo en Argentina están haciendo lo propio.

Una objeción que nos hacen siempre, es que la gran masa de votos no se mueve por ideas ni doctrinas, ni por la razón, sino por emociones y sentimientos. Eso es verdad; pero esa gran masa es movilizada por “cuadros” políticos, que sí entienden las ideas, o a lo menos las políticas, propuestas y ofertas electorales, que se inspiran en las ideas, y pueden explicarlas personalmente a los votantes, o por medio de las redes sociales. No obstante, y para conectar con las emociones y sentimientos de la gente, en el Centro de Liberalismo Clásico hemos desarrollado “25 narrativas para la derecha”.

El fusionismo es una fértil cantera, que nos ha servido a los “cincoreformistas” para sacar muchas sugerencias, estrategias de política y recomendaciones, tales por ejs. la “des-polarización” de los votos, y la “deflación” o baja generalizada de precios al consumidor. Para hacer una buena campaña electoral, un buen gobierno en caso de ganar elecciones, y una buena oposición en caso contrario.

En nuestra Web amarilla del Foro Liberal de América Latina, y en “El Gimnasio”, tenemos más amplia documentación sobre estos temas. Puedes consultar. ¡Felicidades y hasta la próxima si Dios quiere!

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