blog | 16 Febrero, 2017

La arrogancia de Sunedu

ILE

Los que participaron en la elaboración de la nueva ley universitaria no previeron que iban a dejar alumnos en la calle.

Tal es el caso de los alumnos de la Universidad Autónoma del Perú, donde SUNEDU ha procedido clausurar dicha universidad cuando al parecer solo puede cerrar facultades.

Los alumnos querían seguir estudiando en dicha universidad pero se vieron perjudicados al no poder continuar sus carreras por culpa de SUNEDU.

Por ejemplo, Alejandra Gonzales, vocera de los perjudicados por SUNEDU ha indicado que “nos han hecho perder dos años y medio de nuestras vidas”

Sin embargo, la Superintendenta Masías ha manifestado que va “verificar” que la universidad ofrezca el servicio educativo bajo condiciones básicas de calidad.

Lo que si me queda claro es que clausurar una universidad es un acto de fuerza, precisamente de violencia, porque ha predominado la voluntad de una parte sobre la otra.

Que la razón utilizada por SUNEDU es “verificar” condiciones de calidad sigue siendo dictatorial y con la arrogancia de creerse infalible.

Toda organización estatal por más técnica que sea siempre será una entidad política y sujeto a equivocaciones permanentes.

De modo que si clausurar se basa en el término “verificar” es pura retórica política para amenazar al resto de universidades que se alineen con el régimen autoritario del gobierno.

Que haya bastantes universidades de mala calidad que justifique la existencia de una nueva ley universitaria y su esperpento SUNEDU, no es por culpa de la competencia, sino por la excesiva cantidad de regulaciones, burocracia y limitaciones que obstruyen el ejercicio de la función de libre empresa.

Las estafas, fraudes, engaño y baja calidad de universidades son por falla del gobierno en el funcionamiento del Poder Judicial.

Las universidades que tratan de cumplir todas las regulaciones educativas, y los requisitos que exige la burocracia estatal, incurren en costos, se descapitalizan, y le queda poco dinero para ofrecer una educación tipo Finlandia en infraestructura y profesorado de alta calidad.

Hay que agregar la ausencia de competencia extranjera en el mercado universitario que agrava más esta situación.

¿Qué propongo? Aliviar el peso regulatorio y reemplazar el control estatal por acreditadoras privadas de prestigio.

No más títulos otorgados a nombre de la nación sino obtenidos a nombre del prestigio de la entidad educativa.

Si quieren que universidades de baja calidad cierren, formen varias asociaciones de usuarios de servicios educativos e informen lo que sucede con esas universidades.

Hagan su labor altruista de informar al público interesado, visiten colegios, diseminen sus investigaciones y comuniquen los rankings de calidad a los padres de familia y estudiantes antes que se matriculen.

Si a pesar de todo siguen existiendo esas universidades, es pura responsabilidad de los interesados.

Pero no se vayan frustrados donde el gobierno para que utilice la fuerza y cierren esas universidades.

Ellas existen por sus clientes, no por la imposición de éstas.

Con estas medidas nos quitamos de encima la arrogancia y la amenaza de Sunedu de cerrar universidades autoritariamente.

La gente aprenderá a responsabilizarse de sus aciertos y errores, maduraran como ciudadanos y ejercerán con libertad sus decisiones.

Y la libertad de empresa será un valor estimable en el mercado.

Si quieres aprender más de la separación del estado de la educación te invito a inscribirte en nuestro seminario sobre educación.

Por José Luis Tapia, Director de ILE, economista y profesor de Facultad de Negocios.

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