blog | 4 mayo, 2002

La desventaja competitiva de la responsabilidad social

ILE

La Fundación de Bill Gates ayuda a centenares de organizaciones caritativas a gente ubicadas principalmente en el África. También la congregación de la Madre Teresa de Calcuta ayuda a los pobres marginados en la India. ¿Cual es la diferencia entre ambos? En el primer caso, Gates sirviendo a los demás, produce y luego distribuye parte de su riqueza, mientras que la segunda solo distribuye. Evidentemente, Gates al seguir su propio interés crea bienes y servicios al mercado para ayudar a otros.

Entregarse a causa de los demás se le llama altruista. Aunque no son pocos los que creen que esta acción es sinónimo de bondad, benevolencia con el prójimo. Su esencia es colocar a los demás por encima de uno mismo. El término “responsabilidad social” empresarial no es otra cosa que la “obligación moral” con los intereses de la sociedad, por que una acción tomada en sentido contrario es considerada inmoral. ¿Realmente se le está pidiendo al empresario que se sacrifique como “medio” para “fines” de otros?

En un artículo reciente, publicado en este diario, se ha difundido la injustificada creencia, respecto que la empresa debe estar comprometida con la “mejora de su entorno social” o de lo contrario sufrirá los efectos de las desventajas competitivas del mundo globalizado. Se podría resumir que esta posición es una de las tantas vertientes que forman parte de aquella crítica que el capitalismo imperante está conduciendo a un individualismo egoísta, justamente contrario a lo “social”. Sostienen que frente a esta corriente deshumanizante, lo moralmente aceptable no es preocuparse de uno mismo, sino de los intereses de la sociedad. Estas posturas no hacen más que coaccionar sutilmente a los empresarios, con puntos de vista anti-individualista y anti-mercado para socavar su autoestima.

En este contexto, el empresario se ha convertido en una suerte de víctima, del síndrome psicológico que le han impuesto los altruistas, al señalar que la “responsabilidad social” es un compromiso moral que tiene con la sociedad, con el medio ambiente, con los trabajadores, con los pobres, y así sucesivamente, hasta cubrir todo la dimensión social. Han convertido a los empresarios en “medios” para conseguir “fines” de otros individuos. De no rechazar este nuevo tipo de altruismo, el empresario no tendrá otra opción que asimilar un sentimiento de culpa, un miedo de no obtener la aprobación de los demás. No es difícil comprender la atracción que tiene el término “responsabilidad social” para los empresarios,  verlo como una “ventaja competitiva” y, por tanto, distraer su atención exclusiva a la realidad del mercado que deben enfrentar. Sin embargo, debo advertir que si se preocupan primero de sus intereses personales, y sienten culpabilidad por ello, el problema deja de ser filosófico para volverse psicológico.

Un empresario es responsable solamente por las acciones que él toma. Es responsable de su elección, pero no de las elecciones de otras personas. No puede sacrificar su autoestima en favor de otros por que sin duda fallará al no poder controlarlos. Una moralidad que ordena que la mayor preocupación del empresario es el bienestar social, que no tiene derecho de existir para sí mismo, sino que sirviendo a los demás es su justificación moral, no es una expresión de benevolencia o bondad. Si fuera cierto que la “responsabilidad social” valora la vida de los demás, los altruistas estarían en una seria contradicción moral, cuando de por medio sacrifican a aquellas otras personas, como los empresarios. Por ejemplo, nadie defendería el suicidio como una moral a seguir en beneficio de quienes ya están muertos.

Un empresario honesto puede practicar el sacrificio altruista, pero lo hace a costa de su propia eficiencia y felicidad, a la vez que reduce los bienes y servicios que produce para los demás y, para la sociedad en su conjunto. Un empresario altruista es una contradicción sicológica, representa una tragedia personal que está sacrificando innecesariamente su bienestar y felicidad, al servicio de los demás. Sin embargo, más empresarios están siendo embaucados con atractivas etiquetas por altruistas que envidian sus riquezas, sacrificando grandes porciones de su tiempo, propiedad y ganancias en favor de gente que viven a costa de ellos. ¿Acaso se piensa que el “impuesto extraordinario a la solidaridad” convierte al empresario más solidario con los pobres?

En un capitalismo de mercado, todos los empresarios son libres para sustentar su vida, por medio de su perspicacia, para descubrir y aprovechar ganancias en la competencia conquistando a los consumidores. No se sacrifica para los demás, ni sacrifica a los demás en provecho propio, simplemente trata a los demás como los que son: consumidores o proveedores. Sino fuera por la dinámica del mercado, tendríamos desafortunadamente más empresarios embaucados, cuya felicidad personal se vería socavada y perjudicada por la propaganda de los altruistas.

La responsabilidad social es una contradicción moral y sicológica, que puede eventualmente disminuirle su capacidad de un empresario para producir más riqueza, si lo siguen intimidando con términos como responsabilidad social. En tal sentido, para asegurar la felicidad del empresario y de su familia debe rechazar conscientemente este síndrome de la responsabilidad «social», para evitar sacrificar su riqueza, y felicidad personal, al servicio de gente improductiva.©

 

Por Jose Luis Tapia, Presidente del Instituto de Libre Empresa.

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