blog | 23 abril, 2015

La ética de libre empresa de los dirigentes empresariales

ILE

La prisión de 5 años que le espera al ex directivo de Capeco y ex director de Confiep, Lelio Balarezo, levanta la sospecha razonable si los empresarios están guiados por fuertes convicciones morales.

Me parece que es necesario hacer la distinción entre un empresario libre y un empresario privado para entender que el comportamiento empresarial de Balarezo pertenece más bien al segundo tipo de dirigentes empresariales que se guían por los valores de la empresa privada.

Un dirigente de libre empresa tiene fuertes convicciones morales que están muy arraigadas en su espíritu y filosofía de vida, debido que el factor competencia y libre empresa los disciplina en el mercado y desarrolla virtudes a favor de sus clientes a lo largo de su aprendizaje.

La competencia educa porque son observados y observan las conductas de sus competidores en lo referente al éxito empresarial.

El éxito es un efecto de una buena práctica empresarial, por ejemplo, la honestidad con sus clientes y stakeholders. Si no lo practica, los espanta y arruina su negocio en el mediano plazo. La reputación empresarial se ha convertido en un activo intangible y medible que ha tomado mucha relevancia en los círculos académicos. Así que se ve un futuro promisorio donde a los gestores de negocios se les van a formar con cursos de reputación empresarial desde el pregrado de la universidad.

La reiteración de la práctica competitiva de libre empresa lleva de manera natural a mejorar la conducta y los valores humanos que el empresario libre experimenta.  No solo honestidad es lo que desarrolla como valor empresarial, sino que ese desarrollo es debido a la responsabilidad que ha asumido como un costo de su libertad empresarial.  Si no hay costo asumido no hay forma que este incentivo negativo modifique su conducta humana.

Al ser un empresario libre consciente de su libertad el costo asumido por sus actos lo guía inexorablemente a practicar otras virtudes necesarias para la prosperidad empresarial como son la justicia,  amor, bondad, vida, libertad, propiedad privada, orgullo, productividad, integridad, autoestima, respeto, racionalidad, y razón.  Todos estos valores pueden ser medibles en cuanto al impacto positivo sobre la rentabilidad de un negocio. Pueden consultar al respecto los trabajos académicos que aporta la profesora Janaa Woiceshyn.

En relación a la diferencia con el empresario privado los valores competitivos desaparecen por el concepto que tiene al hacer negocios.

El código de valores del empresario privado le señala que la competencia puede evitarse y el dinero puede llegar fácil con leyes y privilegios concedidos por sus amigos del gobierno. Además, si pierde ganancias puede remediarse con prácticas deshonestas e injustas de corto plazo para cumplir con las obligaciones legales, tributarias y económicas. Pero si no funciona esta estrategia puede recurrir nuevamente a los amigos para influir en el otorgamiento de facilidades para hacer negocios con dinero del gobierno o para pagar sus obligaciones de forma más prolongada. Y cuando ve que esto lo ayuda al menos para respirar transitoriamente, buscará nuevas salidas para no cumplir con sus obligaciones legales en tanto la autoridad no lo detecte.

Como el empresario privado se enfoca en todos estos aspectos fuera del mercado, descuida con mayor razón el corazón de su negocio: el cliente.

No se preocupa cómo atender el mercado con mejores servicios. No despliega su creatividad e ingenio en resolver las inquietudes de sus clientes o la mejora de sus procesos contables, administrativos, financieros, de marketing, ventas, o productos.  No, nada de eso. Ni siquiera está preocupado de sus competidores, ni de lo que ofrecen, ni de la rebaja de precios y costos.

Está básicamente preocupado de sus problemas que han sido generados por una ética de empresa privada donde estos valores le da la condición de sobreviviente y lo está destruyendo de a pocos en el mercado. Esta ética de empresa privada consiste en todo para mí y nada para el resto. Es un batalla ganar-perder, o llamada suma cero. “Lo que es mi ganancia es la pérdida del otro”.

Por ello cuando vemos a un alto dirigente empresarial pasar por la vergüenza pública de ser declarado delincuente por el Poder Judicial, muchos de sus colegas de Capeco y Confiep se  mortifican de haberlo tenido en su directorio.

Me parece que ante este mal infortunio de la dirigencia empresarial del país, es una buena oportunidad de voltear a mirar los valores de libre empresa que hacen posible que los negocios se ganen el respeto y admiración del público.

Tan justo es la libre empresa, que encima los clientes tienen que compensar económica y financieramente a sus dueños con más dinero de lo que han invertido. Creo que la reputación empresarial añade mucho millones de dólares a los activos de las empresas como para estar compensándolos económicamente.

No será suficiente con reforzar los códigos éticos para salir de este  dilema moral sino que tendrán que examinar a fondo los valores de los directores y dirigentes empresariales que están conduciendo a estas instituciones en el corto plazo.

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