blog | 20 mayo, 2004

La Opción Liberal

ILE

Los principales líderes de la oposición Alan García, Lourdes Flores y Valentin Panigua no  plantearon ninguna salida imaginativa a la difícil situación que atraviesa el país después de su “gran” cumbre. Sabemos que dentro de sus opciones no estará nunca la solución liberal que el país necesita. Pero es verdad que el liberalismo no está hecho para ellos sino para la gente de clase media y pobre. Enseguida se propone varias medidas que nunca han sido implementadas en el país, pero que ofrece enrumbar al Perú hacia el camino de la abundancia, seguridad, paz, justicia, y orden.

Primero, nuevo contrato social. Los derechos individuales a la libertad, vida y propiedad privada son anteriores al Estado. En la próxima Asamblea Constituyente serán los ciudadanos quienes harán una declaración o constitución de derechos frente al Estado en la cual deberá limitarlo y organizarlo a fin que garantice solo el orden, la justicia y la paz. Será una camisa de fuerza para los políticos.

Segundo, reformar al Estado. Hasta ahora hemos sido engañados por el estatismo en todas sus formas; populismo, socialismo, nacionalismo y neoliberalismo. Por eso que el Perú se encuentra una vez más en el despeñadero. Hay que ser conscientes que con un Estado multipropósito no solo no logra cumplir con lo esencial sino también con lo superfluo. Ahí esta el caso de Ilave, no hay Estado pero sí estatismo. Solo el Estado puede cumplir naturalmente sus funciones brindando solo seguridad interna y externa; impartir justicia; y realizar algunas pequeñas obras de infraestructura como caminos, puentes y carreteras. Asi los impuestos bajarán y las regulaciones también.

Tercero, desregular completamente los mercados. Los mercados no cumplen con producir riqueza por las frondosas regulaciones y altos impuestos. Debido a esto, la clase media y pobre están ahora más arruinados. Y cuando la única opción de los últimos era la microempresa, lejos de ayudarlos con las reformas neoliberales, más bien los han reprimido. Ahí tenemos dos clases enfrentadas por culpa del estatismo: los formales e informales. El primero persigue al segundo usando la Policia y Sunat para que paguen impuestos injustos. La solución es una economía libre de regulaciones y altos impuestos con mercados abiertos para todos, y veremos la explosión productiva jamás vista y a escala nacional tipo Lima Norte.

Cuarto, creación de un poder neutro. Es un poder jurídico que contiene al poder legislativo y ejecutivo. Los liberales abogamos por la separación de la ley de la política por que es una combinación peligrosa contra el derecho individual. Como muchos deben saber la ley se ha degenerado en un caos jurídico y en un saqueo legalizado. Unos y otros quieren su ley, su beneficio mientras que los contribuyentes pagamos sus consecuencias. La ley se ha convertido en un instrumento expoliatorio de la riqueza de unos contra los otros. Una vez que los congresistas liberales se sienten en sus cúrules, su primer acto será la desparlamentización del sistema legal para que quede anclado en el Poder Neutro. Esta es la clave de la verdadera reforma judicial con la facultad de los jueces de interpretar la ley.

Quinto, rebaja sustancial de impuestos. En la actualidad tenemos una buena cantidad de altos impuestos cuya presión tributaria no es del 13.5% como sostiene el gobierno sino de 17.5% considerando los impuestos municipales que no están en el Presupuesto de la República. Los impuestos justos son aquellos que financian las funciones naturales del Estado que son la seguridad interna y externa, justicia y algunas pequeñas obras de infraestructura. Un Estado de este tipo nos costaría US$4,717 millones contra los US$10,912 millones que pagamos actualmente. Un solo impuesto no mayor del 5% sobre las ventas será suficiente para financiar este Estado liberal.

Sexto, realizar privatizaciones populares. Hasta ahora las privatizaciones neoliberales han sido injustas e ineficientes, han entregado a los inversionistas extranjeros empresas estatales con mercados cerrados a la competencia. Es muy distinto la privatización con accionariado popular al estilo checo como forma de compensación por los daños ocasionados por los gobiernos estatistas. Esta consiste en entregar acciones a cada peruano por el monto del valor nominal de los activos en venta divididos entre el número de acciones emitidas. Si la gente quiere la privatización, deberán vender su acción al mejor postor en el abanico de opciones de compra que harán empresas interesadas en controlar la empresa a privatizarse. A cambio de la venta el peruano accionista obtiene un monto de dinero producto de esta privatización popular, muy contrario a la privatización neoliberal que entrega este dinero al gobierno.

Séptimo, derogar las leyes malas. La encarnación del estatismo está en las leyes. Son instrumentos de poder de un Estado glotón de impuestos y regulaciones que crea pobreza, desempleo, conflictos, injusticias, etc. En este sentido, más que llegar a la presidencia los liberales deben apuntar al Congreso para derogar las leyes que han conducido a la quiebra moral y económica del país. Tal vez sea recomendable como estrategia que una figura liberal prominente sea el candidato presidencial que arrastre como locomotora a los verdaderos cuadros liberales. La meta es ingresar al Parlamento para realizar una cirugía legislativa que permita dar un vuelco económico, político e institucional jamás visto en la historia. El Estado se limitará a lo que dice la constitución liberal, en cambio, nosotros, lo que digan los códigos civil, comercial y penal como lo fue el Perú en los comienzos del siglo XX.

Octavo, programa estatal transitorio en atención médica y servicios educativos. Los primeros resultados de la revolución liberal no se van a ser esperar. A diferencia del neoliberalismo que demora años en “chorrear” sus beneficios, la opción liberal clásica es cuestión de dias o semanas. Una vez liberada las fuerzas productivas empresariales, poner negocios y encontrar empleo será casi de inmediato. Al no haber licencias o permisos que solicitar y con el pago de un solo impuesto muy bajo, los bienes y servicios demandados se fabricarán en unos dias.

De modo tal que serán aborbidos de inmediato millones de pobres, desempleados y emprendedores en nuevas actividades económicas y puestos laborales sumadas a las ya existentes. Por eso que los liberales consideramos que este programa estatal es más bien una concesión política a los estatistas de izquierda por haber pemitido a los liberales implementar todas las medidas liberales antes señaladas. Mientras dure este periodo de transición, los discapacitados, enfermos terminales, niños y ancianos serán beneficiarios de un programa estatal en servicios de atención médica y educativo cuando las entidades caritativas privadas no los puedan atender durante este periodo. Los programas estatales irán siendo reemplazados por programas caritativos privados conforme se vaya creando empleos e ingresos masivos. El “Welfare State” desaparecerá completamente y se restablecerá por fin la justicia en el Perú.

Noveno, potenciar nuestras fuerzas armadas y policiales. El terrorismo y la delincuencia callejera avanzan. No hay helicópteros, ni tanques, ni fragatas que puedan hacer frente a una guerra convencional. La moral de nuestras fuerzas armadas está por los suelos. Por culpa de los traidores “vladigenerales” y las izquierdas recicladas se rompió la cadena tecnológica de renovación del armamento. Ahora no hay presupuesto ni siquiera para los “ranchos”. Nuestros patrulleros y motos andan casi sin gasolina y tienen que parar por unas horas para ahorrar combustible de regreso a sus comandos. Asimismo los policias se visten con uniformes que degradan su aspecto y no infieren respeto ciudadano. Con un gobierno liberal esto se acabará. Tendremos fuerzas armadas y policiales bien equipadas y pagadas con una moral bien en alto que ponga fin a tanto vejamen y agresión. El patriotismo y orgullo será la nota distintiva de un Perú rico y próspero. De modo que hay que estar listo para recibir la inmigración de nuestros hermanos latinoamericanos por que el Perú será el nuevo referente continental. Es mejor que nuestras calles y fronteras estén seguras que derrochar millones de dolares en copas América y publicidad estatal para mejorar la imagen del presidente Toledo.

Décimo, llevar a la agricultura al mercado libre. A la agricultura no lo salva nadie ni siquiera un Banco Agrario aun con presupuesto aprista. La pura demagogía alcahuetera ha hecho creer a muchos ingenuos que el problema se reduce solo a financiamiento. Muchos “expertos” agrarios tratan a los campesinos como “pobrecitos” que sin ayuda del estatismo van a fracasar. Pero la pobreza de nuestros campesinos se debe por décadas a la nefasta reforma agraria iniciada por el nacionalista y generalísimo Velasco a comienzos de los setentas y hasta ahora nadie le ha puesto el pare. La cura es una sola. La agricultura se salvará con el latifundio empresarial en cualquier extensión donde sea posible las economías de escala. La inversión privada de esta magnitud viene con industrialización, empleos y financiamiento incluído, así que no será necesario un  banco agrario estatal. Nuevos polos de desarrollo industrial agrícola a lo largo de nuestra árida costa será la tabla de salvación de millones de campesinos de la sierra. Nuestros agricultores serán los nuevos ricos del Perú.

Décimo primero, implementar todas las medidas simultáneamente. Sabemos que los opositores al liberalismo van a desplegar todo su arsenal ideológico y político con tal de impedir que la “devolucion” liberal de los derechos individuales prospere. Un ejemplo fue en la década de los noventas, cuando se hicieron apenas unas pequeñas reformas de libre mercado las que originaron una serie de olas de protestas contra las privatizaciones y liberalizaciones. Tanto como el Congreso y el Ejecutivo deben “madrugarlos” con una rápida implementación de estas medidas liberales, sin calendarios o gradualismo de por medio, por que inmediatamente las fuerzas opositoras se van a organizar para sabotear la reforma del “establishment”.

Todas las medidas liberales presentadas son un intento de esbozar de manera muy general un desafío pendiente que tienen los liberales de cerebro y corazón para con el Perú. El gran cambio viene de “abajo hacia arriba” y no viceversa como lo realizaron los neoliberales estatistas de los noventa. Sabemos que esto no va a ser fácil por que requiere en realidad de un cambio de paradigma hasta ahora vigente en nuestros cerebros. Pero de todos modos hay esperanzas de gente muy decente que se han organizado políticamente en base a principios y no a circunstancias electorales. Por ejemplo, tenemos un grupo de activistas políticos que se han agrupado alrededor del Partido Liberal (www.libertadperu.org) quienes están llevando el mensaje liberal a 12 regiones del país y que hace pocas semanas fueron entrevistados por Luis Ojeda del diario Expreso. Hay otro grupo de personas organizadas en el Partido de la Clase Media (www.clasemediaperu.com) cuyos dirigentes están haciendo una labor muy interesante en torno a una agenda liberal programática en Lima Sur y ciudades como Tacna y Arequipa.

Si más iniciativas como estas se replicaran como celulas ideológicas a lo largo del país seguramente podría armarse pequeños regimientos liberales que batallen primero contra los nacionalistas que son actores políticos muy peligrosos, no por las armas que portan, sino por el discurso de los setentas que ha calado nuevamente en los peruanos. Otro grupo a tener en cuenta son los partidos tradicionales que siguen contaminando el espectro político e ideológico con su retórica democrática que ha llevado al Perú de nuevo al abismo. El liberalismo se presenta como la única salida que tenemos, y es mejor para nosotros que no lo desperdiciemos.

Por Jose Luis Tapia, Presidente del Instituto de Libre Empresa.

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