blog | 16 enero, 2003

La pobreza en manos del sector privado

ILE

Si hay algo que no debemos olvidar es que la pobreza es el componente natural de la humanidad. Los individuos siempre han sido pobres y lo siguieron siendo por miles de años. Por tanto, ¿cómo hacen las naciones (y los individuos dentro de ellas) para volverse ricos? ¿Cómo elevar la calidad de vida de los 12 millones de pobres existentes en el Perú que reciben menos de 150 soles al mes?.

Economistas como Friedrich Hayek e Israel Kirzner sostienen que la riqueza depende de la capacidad individual para prosperar por medio de su propio esfuerzo, sin coacción de ningún tipo, es decir con libertad. Sin duda, una condición que invita a ejercer la empresarialidad, es decir, descubrir las oportunidades aún no vista por otros para obtener beneficios, reunir los mejores talentos y combinar recursos para la mejora del nivel de vida.

La solución de la pobreza en este sentido es la creación de riqueza. Pero, el Estado ve la pobreza como un pretexto para monopolizar su solución. De ahí que busca fondos via impuestos para financiar programas sociales que cuestan miles de millones de soles, y contrata más burocracia (ministerios) que viven del dinero ajeno con la finalidad de revertir la situación de pobreza en el país. De ella precisamente se sostiene el Estado para perpetuar la misma a través de la desigualdad social (quitar dinero a través de impuestos a unos para entregarle a otros) e interrumpe la solidaridad privada voluntaria (el uso de la fuerza es incompatible con un acto de caridad). Lo inmoral de esta acción estatista es que genera a la larga más pobres, injusticia, pérdida de autoestima y, por ende, la aparición de pocos individuos capaces de hacer empresas sin ayuda del Estado.

Los burócratas y activistas académicos de la pobreza argumentan como si la riqueza fuera la ausencia de pobreza. No nos debe extrañar entonces que sus resultados siempre fracasan. Por ejemplo, hay un informe sobre el desarrollo del Banco Mundial donde se observa que el gasto social está ligeramente orientado hacia las personas de mejor situación en la sociedad peruana. En efecto, el quintil más pobre recibe sólo 16.6% del total del gasto social, mientras que el quintil más rico recibe 21.1%. Asimismo se observan retrocesos en la desigualdad de ingresos que se refleja, por ejemplo, en el aumento de los niños trabajadores (11.8% trabaja) y la cantidad de viviendas con piso de tierra (43%) del total. Vemos así que los gastos de estos programas públicos aunque ciertamente bien intencionados, no llegan a los más pobres de la sociedad, generan más desigualdad y a menudo no están coordinados entre sí.

En este sentido, para ayudar eficientemente a los pobres se debe pensar seriamente en privatizar la  ayuda social –como debe ser- mediante licitación pública al sector privado (asociaciones civiles, fundaciones, Rotarios, Clubes de Leones, empresas, Iglesias, grupos parroquiales, scouts, y vecinos organizados). ¿Por qué? Debido que esta gente tiene cualidades filantrópicas más desarrolladas que un empleado de Foncodes, Conadis, Pronaa o Inabif, además, tiene mejor estructurada sus funciones y focaliza eficazmente sus inversiones a la población objetivo (recuerden que el sector privado está en el seno mismo de la población, no en el escritorio de un burócrata). Además, los riesgos de corrupción del sector público se vería disminuída porque elimina la posibilidad de manejo de fondos públicos con objetivos políticos o enriquecimiento ilícito.

Si esperamos ganar eficiencia privatizando el gasto social, aliviar la pobreza y aumentar el nivel de vida del país, debemos hacerlo en el más breve plazo. La pobreza sólo se combate con más riqueza y la riqueza la crea y distribuye el sector privado.

Por José Luis Tapia, Presidente del Instituto de Libre Empresa

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