blog | 11 junio, 1999

La Privatización y el Triunfo de la Ideología de Mercado

ILE

Conferencia impartida en la Universidad Ricardo Palma en Lima, Perú, Junio 10-11, 1999.

 

El inventor del término «privatización», es un gurú de la administración y economista de la escuela Austríaca.

Durante medio siglo, la Escuela Austríaca de economía – conducida por Ludwig von Mises y Friedrich Hayek – marchó en contra de lo convencionalmente aceptado después de la Gran Depresión y Segunda Guerra Mundial de que el gobierno podría resolver prácticamente cualquier tarea social, que la planificación central autoritaria podría administrar la economía y que la nacionalización de servicios básicos y la expropiación de industrias eran una buena idea, especialmente en países en desarrollo.

Los economistas reconocidos por la comunidad internacional aceptaron el argumento de que el socialismo podría funcionar tan bien, si no mejor, que el libre mercado; desde entonces el socialista polaco Oskar Lange supuestamente ganó la discusión contra Mises y Hayek en el decenio de 1930. (Lavoie, p. 4)

El mundo se enamoró del estado, se encantó con el estado, y no veía límites en su capacidad para regir y resolver problemas del mundo, ya sea que se trate de los Fabianos Británicos, los Demócratas Sociales Alemanes, los Comunistas en Rusia y China, o los Peronistas en Argentina.

Conjuntamente con este amorío con el Estado paternalista vino una desconfianza y hasta un odio contra los negocios, las ganancias y la riqueza, especialmente los negocios extranjeros.

Al comienzo, las evidencias parecían apoyar este anti – mercado, con la mentalidad pro – gobierno.

Paul Samuelson y Yalés William D. Nordhaus del MIT escribieron en 1985 que «La economía Soviética planificada desde 1928. ..ha superado el crecimiento a largo plazo de las más importantes economías de mercado», incluyendo los Estados Unidos, Alemania y Japón. (Samuelson y Nordhaus 1985, p. 776)

Hasta 1989, antes de que el Muro de Berlín cayera, ellos descaradamente declararon que «contrariamente a lo qué muchos escépticos [Mises y Hayek] hubieran creído antes, una economía socialista podría funcionar y hasta prosperar.» (Samuelson y Nordhaus 1989, p. 837)

Economistas conservadores tal como Henry C. Wallich, miembro de Yale y profesor de economía de la Comisión de Reserva Federal, escribió un libro entero en 1960 discutiendo que la libertad económica significa menor crecimiento económico, gran desigualdad en los ingresos y una menor competencia. En «The Cost of Freedom» (El Costo de Libertad), él concluyó: «El valor definitivo de una economía libre no es la producción, sino la libertad, y la libertad no trae una ganancia, sino es un costo.» (Wallich, p. 146)

El Crecimiento del Gobierno Fuerte

Mientras los países desde Inglaterra hasta la Argentina nacionalizaron, industria tras industria durante el Siglo XX, y el estado se volvió cada vez más fuerte (ver diagrama # 1), los economistas austríacos tales como Ludwig von Mises y Friedrich Hayek aparecieron marginalmente como economistas que disentían con este sentir general y se volvieron poco populares.

Ellos continuaron siendo voces solitarias que hablaban a favor del sistema de la empresa privada del laissez faire y en contra del socialismo galopante, de la sustitución de importaciones y de la expropiación de activos de compañías extranjeras para desarrollar los países. Dentro del Socialismo (1981 [1936]), Mises argumentaba que las economías centralmente planificadas eran inherentemente antieconómicas y eran incapaces de manejar los recursos eficientemente, y el capital extranjero era esencial para el crecimiento económico de los países en desarrollo. Hayek decía que el nacional socialismo conduciría a una nación hacia el camino de la servidumbre, tal como dice su obra «The Road of Serfdom (1944), y más tarde acusó a los ejecutores de malas políticas gubernamentales de tener una Arrogancia Fatal (1988).

La Victoria del Capitalismo de Mercado

Luego, cuando cayó el Muro de Berlín y la Unión Soviética colapsó a inicios de la década de los 90, las actitudes rápidamente cambiaron. La privatización había comenzado ya a ser aplicada con sinceridad en Gran Bretaña con la Primera Ministra Margaret Thatcher, pero en la década del 90, las ex naciones comunistas socialistas en todo el mundo empezaron con un movimiento masivo hacia el desmantelamiento del estado. La globalización y la privatización se convirtieron en el grito de los ejecutores de políticas gubernamentales a través de todo el mundo. La centenaria batalla entre el socialismo y el capitalismo había terminado, según declaró el socialista Robert Heilbroner. «¡El capitalismo ha ganado!» (Skousen, p. 229) Ahora la última edición del libro de Samuelson tilda al sistema Soviético de «modelo fracasado». (Samuelson y Nordhaus 1998, p. 550)

Hasta el Presidente Bill Clinton ha declarado: «La era del gobierno fuerte ha terminado.» Y aparece nueva evidencia en favor de la visión clásica de que las naciones prosperan en forma óptima cuando son libres. (Ver diagrama # 2.)

¿Quién Inventó la Privatización?

Pero no fueron ni Mises ni Hayek quienes acuñaron el término, privatización. Fue el gurú austríaco de la administración, Peter F. Drucker, quien escribió sobre «reprivatización» en un capítulo adecuadamente llamado «La Enfermedad del Gobierno» en La Edad de la Discontinuidad (The Age of Discontinuity). (Drucker, p. 234). Robert Poole, Jr., presidente de la Fundación Reason (Reason Foundation), abrevió el termino a «privatización.»

¿Qué tenía Drucker en mente? El escribió en 1969 que el gobierno había probado que podía hacer dos únicas cosas bien: hacer la guerra e inflar la moneda. Cualquier otra cosa era un fracaso rotundo. Cuando se trataba de administrar negocios, proporcionar servicios al público, pagar pensiones de supervivencia para retirados, o proporcionar bienestar social decente a los pobres y a los necesitados, el gobierno ha sido un «fiasco». En suma, Drucker concluía que, «el gobierno moderno se ha vuelto ingobernable.» (Drucker, p. 220)

Para ayudar al gobierno a ponerse bien y fuerte de nuevo y para resolver los problemas crecientes de la sociedad, Drucker reclamaba volver a los negocios y a la empresa privada, lo cual tiene una ventaja natural en el cambio de administración, en la innovación y en responder a las necesidades del consumidor. Más importante que todo, decía él, los negocios son única institución que asume riesgos y puede abandonar lo qué no funciona y moverse hacia lo que sí funciona. El gobierno, por otro lado, es demasiado conservador y por lo tanto tiene dificultades en abandonar los servicios que cuestan demasiado o que no están consiguiendo resultados. En otras palabras, el gobierno es incapaz de hacer funcionar los negocios.

Uno de los principales mensajes de Drucker es que la empresa privada — no el gobierno– debería ser la «institución social representativa» para proveer estabilidad económica, justicia social y mejorar los estándares de vida. En especial, él dice que la gran empresa, la corporación transnacional grande, es la que mejor adecuada está para asumir las responsabilidades sociales tales como seguridad laboral, entrenamiento y oportunidades educacionales, planes de pensión y planes médicos generosos y otros beneficios sociales. Drucker llama a este nuevo orden social industrial la única «forma libre no – revolucionaria».

Drucker ha probado ser acertado en su llamado para que la empresa privada tome la conducción de construir una sociedad industrial libre. Las compañías privadas han probado ser mejores que el gobierno para proporcionar servicios sociales y administrar negocios. Los sistemas privados de pensiones pagan más dinero que la Seguridad Social estatal. La Compañía Privada Blue Cross / Blue Shield ofrece un mejor plan de salud que el Medicare.

La Compañía Privada United Way hace mucho más que el Programa de Ayuda a Niños Dependientes (Aid to Dependent Children). Los planes de beneficio de las compañías (vacaciones pagadas, seguros médicos y de vida, planes de jubilación, opciones para comprar acciones, etc.) son muy superiores a cualquier cosa que los programas de bienestar social del gobierno pueden ofrecer.

Ya es tiempo de que confiemos más en la empresa privada y menos en el gobierno para satisfacer nuestras necesidades sociales y económicas. Esta es la filosofía esencial detrás del movimiento que existe hacia la privatización. Tal como dice el economista Israelí Shlomo Maital, «La salud y la riqueza de un gran número de negocios individuales ya sean pequeños, medianos o grandes, determinan la salud económica y la riqueza de una nación. Cuando estas empresas tienen éxito, los gerentes crean riqueza, ingresos, y trabajos para grandes cantidades de personas…. Son los negocios los que crean riqueza, no los países o los gobiernos. Son los negocios los que deciden cuan ricos o cuan pobres somos.» (Maital, p. 6)

La Privatización: Del Sueño a la Realidad.

Cuando Peter Drucker escribió por primera vez sobre la privatización en el año 1969, fue sólo un sueño. Ahora, treinta años más tarde, es una realidad total. De acuerdo la revista mensual Privatización International, aproximadamente 75,000 firmas de tamaño mediana y grandes han sido despojadas en todo el mundo generando juicios de más de $735,000 millones de dólares. Todo lo que existe bajo del sol ha sido por el estado: compañías de petróleo, servicios, compañías telefónicas, bancos, oficinas de correos, hoteles, restaurantes, aeropuertos, ferrocarriles, minas, recolección de basura, prisiones, departamentos de bomberos, servicios de taxi, granjas, supermercados, iglesias y hasta cinemas. Cada país en cada continente, incluyendo India, Rusia, China, Vietnam, México, y Perú, están privatizando algunos o la mayor parte de los negocios estatales. Y no pasará mucho tiempo antes de que Cuba y Corea empiecen a cambiar todas sus operaciones que no rinden ningún beneficio.

La privatización ha creado nuevos líderes revolucionarios en América Latina: Pinochet en Chile, Salinas en México, Menem en Argentina, Cardoso en el Brasil y Fujimori en el Perú.

Se han escrito tantos libros y artículos acerca de la privatización que es imposible mantenerse al día. Al prepararme para esta conferencia, busqué los títulos de libros acerca de la privatización en la página Web Amazon.com, y obtuve 694 listas. Baluartes del pensamiento que se especializan en privatización incluyen a instituciones como el Instituto Adam Smith, la Fundación Reason y el Instituto Cato. El mejor libro que narra el desarrollo de la privatización y el triunfo mundial del capitalismo de mercado sobre el planeamiento gubernamental o administración centralizada de gobierno es «The Commanding Heights» o Las Alturas de Comando, por Daniel Yergen y Joseph Stanislaw (1998).

Los Beneficios de la Privatización

¿ Dónde están los beneficios de la privatización?

Para los negocios: Numerosas encuestas han mostrado que la mayor parte de las compañías privatizadas están florecientes. En las empresas privatizadas, las ventas aumentan, el salario promedio por trabajador ha aumentado, y las deudas de las compañías han disminuido. Las compañías que estaban perdiendo dinero ahora están haciendo ganancia, y los costos por unidad disminuyen. «El éxito ha sido indiscutible,» concluye un importante estudio hecha por una firma de corretaje de Nueva York. (Nellis, pp. 1-3)

Para los trabajadores: El desempleo generalmente aumenta después que la privatización se inicia puesto que las economías de transición intentan hacerse eficientes. Este doloroso período de ajuste puede durar por varios años. Si los mercados laborales son flexibles y dinámicos el empleo neto finalmente subirá.

Muchos trabajadores son despedidos al comienzo, pero aquellos que retienen su trabajo generalmente obtienen mayores aumentos de sueldo, y después de un período de reajuste, las compañías privatizadas a menudo empiezan a emplear más personal después de que se hacen rentables.

Para los Consumidores: Los consumidores se benefician con mayores servicios, con reducción o eliminación de periodos de espera para los productos, y de una mayor calidad de producto. Los precios pueden aumentar inicialmente para cubrir costos, pero si la competencia tiene lugar, los precios generalmente declinan. «Mejor y más barato» son los dos principales beneficios para los consumidores bajo el capitalismo e libre empresa.

Para los Inversionistas: Muchos negocios estatales son lo suficientemente grandes para ser vendidos a inversionistas locales, a trabajadores, al público en general, y a inversionistas extranjeros. Típicamente, los asesores cotizan los precios de las acciones privatizadas por debajo de su precio de mercado de tal forma que los trabajadores y el público en general se beneficien inmediatamente. Esta fue la clave del éxito de los esfuerzos de privatización de Margaret Thatcher, especialmente con BritishTelecom (Pirie, pp. 11-19)

Debido a que las firmas privatizadas tienden a mejorar dramáticamente sus hojas de balance, los precios de sus existencias tienden a ser mejores que los del mercado en general.

Para el gobierno: Para la mayoría de los líderes de gobierno, la privatización ha sido una suerte o fortuna, que permite el incremento de muchas rentas necesitadas para financiar servicios y programas vitales, pagar la deuda externa, disminuir el déficit estatal, mantener bajos los impuestos, o mantener la estabilidad de la moneda. Sólo en el Brasil se ha vendido negocios por $45,000 Millones en los años pasados. La venta de las Compañías estatales pueden generar también rentas impositivas a través de los años, cuando las compañías privatizadas se vuelvan rentables y paguen impuestos adicionales a las ventas o al valor agregado.

El gobierno central puede beneficiarse también de la privatización al reducir severamente sus responsabilidades y limitarse a brindar los servicios esenciales. El gobierno frecuentemente trata de hacer demasiado y consecuentemente nada hace bien. Mejor es hacer simplemente unas pocas cosas bien, y dejar el resto a instituciones privadas tales como compañías privadas iglesias, fundaciones y otras organizaciones voluntarias. Es suficientemente difícil para el gobierno brindar justicia y defender a la nación sin tener también que administrar bancos comerciales, hoteles, compañías de petróleo y compañías de teléfono.

La Privatización Frecuentemente es Ignorada en los Libros de Texto.

Dado el éxito enorme de privatización global, se pensaría que sería un tema importante de discusión en libros de economía universitarios, sin embargo no lo es, por lo menos no en los Estados Unidos. Por ejemplo, el último libro de Paul Samuelson, publicado el año pasado, contiene un sólo párrafo acerca de la privatización. La Economía Internacional, un libro popular escrito por el economista altamente conocido Paul Krugman, también tiene una única referencia corta sobre el tema. Quizás una breve referencia sobre el tema.

Tal vez una razón por la cual se ignora en los libros de los Estados Unidos la privatización, es porque los Estados Unidos no adoptaron un alto grado de socialismo como lo hicieron Gran Bretaña o Argentina, y consecuentemente muy pocas industrias se federalizaron o estatizaron.

La mayoría de las temas de privatización son domésticos, tales como los bonos escolares, la reforma carcelaria, y el recojo de la basura. Aún así, existe una discusión nacional importante ahora mismo en los Estados Unidos, si privatizar o no el Seguro Social, el sistema de pensión federal de «pago en el momento de cesar» que instituyó el Presidente Franklin Roosevelt en 1935. Aún así casi ningún texto trata sobre el acalorado debate acerca de la privatización del Seguro Social y las escuelas estatales. (Rudi Dornbusch del MIT [Massachusetts Institute of Technology] piensa que privatizando las escuelas y el Seguro Social produciría maravillas para la economía Estadounidense.)

Privatizar el Seguro Social

Esta es un área donde los países de Chile, Perú, México y los otros países latinoamericanos han avanzado mas que los Estados Unidos. Estos países latinoamericanos han seguido el modelo Chileno, que fue influido mucho por Milton Friedman y la escuela de Chicago, y cambió desde un sistema de pensión estatal de pagar en el momento de cesar a un sistema de pensión individual privatizada para los trabajadores. El sistema Chileno de pensión privatizada, el primero del mundo, ha probado ser un gran éxito en la profundización del mercado de capitales de la nación, impulsando sus tasas de ahorros, y estimulando el crecimiento económico (un promedio 5.4% desde 1982). Hoy 93 por ciento de la fuerza laboral en Chile se inscribe en 20 sistemas de jubilaciones privados separados. Los expertos gubernamentales en pensiones de todo el mundo han ido a Chile para ver como el sector privado había construido un programa mejor de jubilación social que el del gobierno.

Desafortunadamente, el gobierno, los sindicatos y muchos economistas instruidos tienen miedo de realizar un cambio tan drástico en los Estados Unidos. El gobierno Estadounidense no encara una bancarrota inminente de su sistema de Seguro Social como Chile lo hizo en 1982. Como Drucker menciona, el gobierno no es bueno para realizar una cirugía radical o abandonar programas mal administrados.

Uno de los problemas es que algunos economistas prominentes no comprenden la economía de la Seguridad Social. Por ejemplo, Herbert Stein, un profesor de economía en la Universidad de Virginia y ex-presidente del Consejo de Asesores Económicos bajo la Presidencia de Nixon, recientemente escribió, «El privatizar los fondos de la seguridad social no aumenta el ahorro nacional, la inversión privada, o el ingreso nacional». (Stein, p. 202)

¿Como llegó él a esta desilusionante conclusión? El aplicó el principio de «crowding out» o Principio del desaglutinamiento, tarifa estándar, en Ciencias Económicas 101: El manifiesta, que los ahorros privados incrementados simplemente desequilibrarán los ahorros públicos.

Asombra como intelectuales como Stein hacen caso omiso del argumento contundente en favor de que los ahorros de la privatización, cuando están en manos privadas tienden a ser más productivos que los ahorros en poder del estado. Los trabajadores individuales hacen un trabajo mejor que los burócratas de gobierno al invertir sus fondos.

Compare las beneficios que traen los planes privados IRA y 401 K de los trabajadores con la beneficios en el Seguro Social. Las cuentas individuales de jubilación han ido mucho mejor. Según un estudio publicado en 1995 por el Instituto Cato, un retirado podría ganar un máximo de $1,200 al mes del Seguro Social, pero si sus contribuciones hubieran sido invertidas en la bolsa (Índice 500 S & P), él recibiría un beneficio de $4,000 por mes.

Además, hay una diferencia importante a largo plazo entre un sistema de pensión pago en el momento de cesar y un programa de jubilación «invertir para el futuro». Una sistema del pago en el momento de cesar realmente convierte ahorros de los trabajadores en el consumo de retirados. Un plan de jubilaciones genuino toma ahorros de los trabajadores y los invierte para el futuro por medio de depósitos bancarios, fondos mutuos, y anualidades. De aquí en adelante, se agrega al capital de inversión de la nación. Contrariamente a la teoría de Stein, un sistema privatizado de Seguro Social aumentaría de hecho los ahorros netos, aumentaría la inversión privada, e impulsaría el crecimiento económico. Esto es en realidad la experiencia de toda nación que ha cambiado a un sistema privado de Seguridad Social.

La Economía de la Privatización

Examinemos ahora por qué la tesis de Drucker tiene sentido desde el punto de vista de la lógica económica.

¿Por qué el sector privado que busca ganancias funciona mejor que el sector público, al administrar negocios y proporcionar servicios sociales a la gente?

Mire mercado general para un producto en especial más adelante

En un simple diagrama de oferta y demanda resalta tres grandes principios del sistema de mercado, todo lo cual se aplica a servicios y programas estatales. Estos tres principios son:

  1. El principio de no discriminación. En el mercado, todos tienden a pagar el mismo precio, no importando sus antecedentes éticos, antecedentes religiosos, raciales, políticos, o financieros. Negro o blanco, hombre o mujer, rico o pobre, católico o protestante, todos pagan el mismo precio para una hogaza de pan en la tienda de comestibles o por un automóvil en una sala de exhibición. Nosotros llamamos a este fenómeno el principio de no discriminación.
  2. El sistema de incentivo. Los precios establecen una disciplina en el mercado. El mercado envía señales vitales (precios) a todos los productores y consumidores para racionar los recursos que son escasos. Cuando los precios suben, los consumidores son desalentados de comprar más y los productores son alentados a producir más. Cuando los precios bajan, los consumidores son alentados a consumir más, y los productores son alentados a producir menos.

Más aún, el mercado provee incentivos monetarios. Mientras más duro y más inteligentemente trabaja Ud., más dinero gana, y el mercado favorece a esos quienes ganan más Sin incentivos financieros, las personas se desalientan a trabajar y producir artículos y servicios de mayor calidad.

Esta sistema de premio o incentivo también se aplica a los productores. Bajo un ambiente competitivo, los negocios constantemente buscan nuevas maneras para reducir costos, proveer productos y servicios de mayor calidad, incrementar las ganancias y superar a sus competidores.

Es este sistema de incentivos el que nos lleva a producir bienes y servicios «más grandes, mejores y más baratos» dentro del libre mercado. La cantidad, calidad y variedad de bienes y servicios tienden a aumentar a través del tiempo en el capitalismo de libre mercado.

  1. El principio de equivalencia (también conocido como el principio del beneficio). Este principio de mercado sostiene que quien se beneficio de un producto o servicio debe ser quien lo pague. Así si Ud. consume una hogaza de pan, Ud. debe pagarla, Si Ud. compra dos hogazas de pan, entonces Ud. paga dos veces más.

Desde que Ud. usa su propio dinero para comprar los bienes y servicios que usa, Ud. es más consciente como comprador. Ud. busca el producto, exige calidad, insiste que le muestren totalmente el producto, y exige la devolución inmediata de su dinero si no está satisfecho.

El principio de equivalencia minimiza el desperdicio en el mercado. Si algún otro como el gobierno paga el alimento suyo, ropa, teléfono, medicina, o transporte, a le importa muy poco el precio, y Ud. puede usar excesivamente el producto o servicio. Cuando el principio de beneficio no está presente, hay una tendencia hacia el usar excesivamente y a derrochar los recursos.

Aplicación de los Tres Principios del Mercado al Gobierno.

Estos tres principios: la no discriminación, incentivo, y equivalencia, pueden ser aplicados al gobierno así como también a las compañías. Generalmente, mientras más estrictamente aplica el gobierno estos principios del mercado al brindar servicios públicos (educación, caminos, puentes, carreteras, bienestar, atención médica, etc.), mejor funcionan ellos. Pero como generalmente el gobierno se aparta de estos principios de libre mercado, enfrenta más problemas (escasez, derroche, esperas, subvenciones, deterioro en los servicios, etc.).

Por ejemplo, suponga que el gobierno ofrece un servicio gratuito de autobús en Lima. Obviamente, ninguna compañía de servicio de autobús privado podrá competir con ello, así que sólo el gobierno proveerá el servicio de autobús. Porque el autobús es un servicio gratuito o libre, los consumidores naturalmente abusarán del uso del transporte público. Los autobuses se llenan de gente en todas horas del día y la noche, y especialmente en las hora de mayor afluencia u horas pico. Y puede haber largas colas para subir en los autobuses urbanos.

El servicio de autobús es gratuito para los consumidores, pero no para gobierno. El gobierno debe pagar por los autobuses y los conductores, así el costo es absorbido por el contribuyente mediante el presupuesto nacional. Veamos qué principios de mercado se han infringido o violado.

Primero, ¿El principio a la no discriminación? No, éste no ha sido infringido. Todos pagan el mismo precio, que es cero. En cuanto al segundo principio, ¿el sistema de incentivo? Claramente, esta infringiéndose. Los consumidores tienen un incentivo fuerte a sobre usar o abusar del servicio de autobús porque es gratis. Los productores tienen poco incentivo para mantener costos reducidos, comprar autobuses nuevos, o mejorar el servicio porque ellos no participan de las ganancias o pérdidas de la compañía. Su fuente única de fondos adicionales para la expansión o las reparaciones, es el gobierno, el cual subsidia al negocio del transporte en autobús y pueden carecer de los fondos en algunos momentos. Y finalmente, ¿qué sucede con el principio de equivalencia? Este también está siendo infringido. Ya que quien hace uso del servicio no lo paga. Muchos contribuyentes no pueden usar el autobús, pero ellos lo pagan de todos modos.

¿No es de sorprenderse entonces, que el servicio gratuito de autobús del gobierno sea casi siempre un desastre mayúsculo para productores, consumidores y líderes del gobierno?

Ud. puede aplicar los mismos principios de economía a toda clase de programas de gobierno, la salud pública, el transporte, escuelas públicas, el Bienestar Social y Seguridad Social. En todos los casos, estos servicios estatales se ven en dificultades porque infringen uno o más principios del mercado. El sector público debe sujetarse a la disciplina del mercado para ser eficiente y responder adecuadamente a las necesidades de sus ciudadanos.

Privatización de la Salud Pública

Tomemos como ejemplo, el Programa Estatal Medicare de los Estados Unidos. Todos los contribuyentes tienen que pagar 2.9% de su ingreso en el Sistema Medicare, pero sólo gente de 65 años de edad o más alta son elegibles para participar. Medicare infringe o viola los tres principios del mercado. Nadie paga el mismo precio por los mismos servicios o beneficios médicos. El costo impositivo en dólares es más alto para la gente adinerada. Los doctores tienen poco incentivo para controlar sus gastos en el Sistema Medicare. Y quienes hacen uso del sistema Medicare no pagan por ello. No es sorprendente, que los costos sean excesivos, que existan largas colas de espera en los consultorios médicos, y que exista mucho derroche y burocracia en Medicare.

Una solución de mercado podría ser, el establecer un anualidad deducible de $1,000 sobre los pacientes de Medicare.

Los pacientes del sistema Medicare tendrían que pagar de sus propios bolsillos los primeros $1,000 de gastos médicos cada año. Si esta regla nueva se impusiera, los pacientes de Medicare serían mucho más cuidadosos en buscar ayuda médica, y los doctores serían más correspondientes con sus necesidades.

Siguiendo la delantera de Chile, otros países latinoamericanos desde México hasta el Perú están ante el proceso de privatización de sus sistemas de salud pública dirigidos por el gobierno, en un esfuerzo para mejorar la eficiencia y la calidad de los servicios médicos, los costos de control, y eliminando los largos períodos de espera en los consultorios médicos y en los hospitales. Como la revista The Economist recientemente informó, «los servicios privados de salud en América Latina está siendo grandes negocios.» ( «Las Américas cambian hacia los servicios privados de salud,» (The Economist) Mayo 8, 1999, pp. 27-28

Críticas Recientes a los Procesos de Privatización

A pesar del éxito abrumador en la mayoría de los países del mundo, la privatización ha estado recientemente siendo objeto de ataque. Las críticas son:

(1). La privatización ha conducido a precios de consumo más altos y a un serio desempleo de los trabajadores, afectando a los pobres, a las minorías y a la gente común.

(2). Los adinerados han sido beneficiados con la venta pública de las empresas estatales a expensas del público en general.

(3). La privatización ha involucrado frecuentemente propiedad o asociaciones con extranjeros, cuestionando la soberanía de los activos de una nación.

Se han dirigido críticas especialmente hacia Rusia y Europa Oriental, donde la privatización ha conducido a veces al colapso o derrumbe de precios de las acciones, a la instauración de monopolios, planes dolosos, y a la actividad delictiva criminal.

Buscando alternativas, algunos países se han sentido atraídos a un modelo Chino.

China ha tenido un registro de crecimiento alto y sostenido, principalmente sin cambiar a una propiedad privada formal. El Economista Joseph Stiglitz afirma que la experiencia China demuestra «… que una economía podría lograr un crecimiento más efectivo si primero se enfoca en la competencia, dejando los procesos de privatización para después.» (Nellis, p. 13)

Posibles Soluciones

Sin embargo, la solución a estas críticas no es frenar la privatización, sino encontrar formas de llevarla a cabo adecuadamente. A fin de minimizar problemas con la privatización, las recomendaciones siguientes pueden ser útiles:

(1). Las compañías estatales y sus activos deberían venderse a inversionistas competentes, quienes tengan o posean las habilidades necesarias así como los recursos financieros necesarios para administrarlos bien. Por razones económicas y políticas, los obreros y el público consumidor en general debería ser accionistas, pero no deben ser los accionistas mayoritarios que administran la firma. En muchos casos, esto significa que los extranjeros competentes controlarán la empresa. Si los ciudadanos se preocupan sobre la pérdida del control de una industria soberana o estratégica, la gente local puede mantener una mayoría en cuanto al accionariado. Cabe recordar la respuesta del Presidente Menem en Argentina: «Yo desearía tener más dinero de Exxon trabajando aquí para Argentina que dinero Argentino en un banco de Miami.» (Roberts y Araujo 1997, p. 44)

En una conferencia en Argentina en 1958, Ludwig von Mises dijo lo siguiente sobre las ventajas esenciales de capital extranjero: «Ud. tiene que darse cuenta de que, en todo país exceptuando Inglaterra, la inversión de capital extranjera jugó un rol considerable en el desarrollo de industrias modernas…. Lo que falta a fin de hacer que los países en desarrollo sean tan prósperos como los Estados Unidos es sólo una cosa: el capital – y, por supuesto, la libertad para emplearlo bajo la disciplina del mercado y no la disciplina del gobierno. Estas naciones deben acumular capital nacional, y ellos deben hacer posible que el capital extranjero venga a sus países.» (Mises 1979, pp. 81, 86)

(2). Las reglas deberían establecerse con anterioridad a la privatización, asegurándose así una atmósfera competitiva en la industria. El poder del monopolio levanta los precios, reduce los servicios, y a menudo no controla los costos. Las firmas privatizadas recientemente no deberían recibir poder monopólico.

(3). Se deberían institucionalizar políticas legales que apoyen fuertemente la intangibilidad de los derechos de propiedad. Debería facilitarse que las nuevas compañías entren a la industria sin demoras, sin impuestos y regulaciones exageradas, y sin miedo de coimas políticas y amenazas criminales.

(4). Los gobiernos deberían adoptar políticas monetarias estables (reglas monetarias, juntas de estabilidad de moneda) y políticas fiscales «laissez faire» (desregulación, impuestos bajos, presupuestos equilibrados). Si los gastos de gobierno no son controlados, las rentas generadas por la privatización, únicamente tendrán un beneficio a corto plazo.

En suma, según Peter Drucker, si se ha hecho adecuadamente, la privatización «no debilitará al gobierno», sino lo fortalecerá, según Hernando de Soto en «El Otro Sendero», dice «transformará nuestra historia en un instrumento de progreso que nos ayudará para encontrar sistemas e instituciones eficientes y dignas del esfuerzo y sacrificio de nuestra gente.» (de Soto 1989, p. 256)

Por Mark Skousen, Profesor de Economía y Finanzas en Rollins Colegio en el Parque Invernal, Florida, y editor de Pronósticos & Estrategias, un boletín de inversión. Es Miembro del Consejo Asesor de ILE. Su website es: www.mskousen.com. 

Referencias

Drucker, Peter F. 1992 (1969). The Age of Discontinuity. Transaction Publishers.

Gwartney, James D., Robert A. Lawson and Walter E. Block. 1996. Economic Freedom of the World: 1975-1995. Cato Institute.

Hayek, Friedrich A.1944. The road to serfdom. University of Chicago press.

————————–1988. The Fatal Conceit: The Errors of Socialism. University of Chicago Press.

Lavoie, Don. 1985. Rivarly and Central planning: The Socialist Calculation Debate Reconsidered. Cambridge University press.

Maital, Shlomo. 1994. Executive Economics. Free press.

Mises, Ludwig. 1979. Economic Policy: Thoughts for today and tomorrow. Gateway Editions.

———————-1981 (1936). Socialism: An economic and Sociological Analysis. Liberty Classics.

Nellis, John. 1999. «Time to Rethink Privatization in Transition Economies?» Discussion Paper No.38. The World Bank.

Piere, Madsen. 1993. Blueprint for a revolution. Adam Smith Insitute.

Roberts, Paul Craig and Karen Lafollette Araujo. 1997. The Capitalist Reevolution in Latin America. Oxford University Press.

Samuelson, paul A. and William D. Nordhaus. 1985. (12th de.), 1989 (13th de.), 1998 (16th de.). Economics. McGraw Hill.

Skousen, Mark. 1993 (1991). Economics on trial. Irwin Professional Publishing.

Soto, Hernando de. 1989. The Other Path. Harper and Row.

Stein, Herbert. 1988. What I think. AEI Press.

Wallich, Henry C. 1960. The Cost of Freedom. Collier Books.

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