blog | 7 mayo, 2003

La religión Pyme

ILE

Uno de los temas que ha tomado importancia en los ultimos años es el fenómeno de la Pequeña y Micro Empresa (Pymes). Si no fuera por que universidades, Ong’s y hasta el propio Gobierno y partidos políticos estuvieran tan interesados en este tema, hubiera quedado en el ámbito del management privado. Sin embargo, las Pyme han logrado en tan poco tiempo ganar importantes interlocutores dentro del Poder Ejecutivo (Ministerio de Trabajo y Prompyme), y en el Legislativo (la Comisión de Producción y Pymes). Aparentemente hasta aquí no habría nada raro. Talvez sea un tema más para la discusión pública. Pero no es así. Sus implicancias son mayores de lo que vemos a simple vista.

Comencemos por señalar que el 995 por mil de las unidades productivas en el Perú lo constituyen las Pyme y el 5 por mil restante, medianas y grandes empresas. La deformación de esta estructura económica es un síntoma de la enfermedad que padece nuestro aparato productivo. Los especialistas y capacitadores de Pyme infunden en la gente una falsa esperanza para escapar de la pobreza. Han hecho del tema un gran negocio, pues enseñan a jóvenes y adultos a ser microempresarios con la fé de revertir su precaria situación económica. Y también caen ingenuamente universidades, Ong’s, gobiernos municipales, partidos políticos y clubes de madres que han confundido la enfermedad con la cura de sus males económicos. Han hecho de las Pyme una religión, una cuestión de fé, una ilusión de millones de gente que pretenden prosperar en medio de un gran pantano de regulaciones y asfixiantes impuestos.

Encima, para agravar más la situación, el Estado bendice las Pyme con compras de uniformes, libros, cuadernos, carpetas y así sucesivamente hasta que el presupuesto se agote. También el estatismo se ha apoderado de las empresas consultoras pues son bendecidas con bonos si logran capacitar la mayor cantidad de Pyme. Otros bendecidos son los jóvenes que se les enseñan a presentar proyectos de inversión, concursar y ganar una modesta suma de dinero para iniciar sus pequeños negocios. No se quedan atrás las microfinanzas efectuadas por Ong’s, Edypymes y Cajas de Ahorro. A esta lista hay que añadir los programas radiales que convocan a expertos que hablan de marketing, finanzas, contabilidad, y otras materias para Pyme. En fin, toda esta religiosidad nos sugiere hacernos la siguiente interrogante: ¿cómo es que, a pesar de todo el esfuerzo desplegado por miles de personas bien intencionadas, seguimos siendo un pais de millones de empresarios pobres sin capital y sin fortuna?.

En cambio, si se trata de las pocas empresas grandes que tenemos, éstas son atacadas permanentemente por los políticos, sindicatos y asociaciones de consumidores que recurren a argumentos demagógicos para lograr que el Estado controle los precios, tarifas o evitar supuestos despidos arbitrarios. Si es Telefónica, se le ataca por el cobro de renta básica. Si es Pluspetrol, se le ataca por sus tuberias de gas en Pisco. Si es Edelnor, se le ataca por cobrar intereses moratorios. Si es Lucchetti, se le expulsa del Perú por asustar a las garzas del Pantano de Villa. Así las grandes empresas se han convertido en piñatas que son permanentemente golpeadas por los politicos para ganarse votos y aplausos del público.

Pero una economía de pura Pyme no se llega a ningún lado. ¿Qué pais exitoso en el mundo se ha desarrollado en base a este enanismo empresarial? ¿No son acaso las grandes empresas las que dan trabajo a miles de individuos y proporcionan altos ingresos? ¿No son ellas las que atraen millones de dólares en inversión privada, tecnología, innovación y aumenta unos puntos del PBI?. No se debe soslayar que en una economía libre, la estructura productiva normal sería por lo menos 80% de Pyme, 15% de empresas medianas y 5% de empresas grandes.

Sin embargo, han pasado los años y la mayoría de las Pyme siguen siendo empresas pobres y del mismo tamaño. La verdadera causa que impiden desarrollarse son las leyes anti-mercado. El estatismo salvaje que impera en nuestra economía ponen a las Pyme como un ejemplo a seguir. En cambio, si tenemos una economía libre de regulaciones e impuestos altos, millones de peruanos podrán lograr el ansiado sueño de ser empresarios ricos, y miles de ellos, ser dueños de grandes empresas. Sólo el Congreso puede derogar las 31 clases de leyes anti-mercado que traba el crecimiento empresarial de las Pyme en base al ahorro y la inversión. De este modo, evitaremos que el Estatismo siga engañando a miles de microempresarios con el cuento de la capacitación permanente, los créditos fáciles, y las exoneraciones tributarias.

Por José Luis Tapia, Presidente del Instituto de Libre Empresa (ILE)

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