blog | 9 febrero, 2020

Las Leyes Malas

Leyes Malas - Instituto de Libre Empresa

ILE

Por Alberto Mansueti, Fundador del Centro de Liberalismo Clasico

Prólogo General Benjamín Godoy Burbano

Prefacio Un panfleto

Introducción
12 clichés de clase media
¿Cuál es tu “ismo”? Un test de dos preguntas
Mentir o perder, falso dilema
Inseguridad + pobreza = diáspora
Aún estamos a tiempo
¿Cuál es la salida? ¿Cuál es la solución?
Dios y Guatemala

Capítulo I Conceptos
Códigos y leyes
Bill Gates, libre mercado y Google
Pragmatismo y oportunismo
¿Qué es una República?
La democracia liberal
¿Qué es una economía libre?
Justicia, política y sociedad
¿Qué es capitalismo y qué socialismo?
¿Qué es izquierda y qué es derecha?
(y el “centro”)
Seguridad primero
Neo-liberalismo en el papel
Neo-liberalismo en la práctica
Bla-bla-bla-bla: “30 años”, “consenso”, continuidad, “gobernabilidad”, “sacrificios”

Capítulo II Políticas
El problema es ontológico
Para qué sirve la espada
El estatismo no funciona
Catálogo de “soluciones” fracasadas
Gobierno fuerte, pero limitado
Hay que cambiar el sistema
Buenos ejemplos en China

Capítulo III La Biblia
¿Qué dice el Antiguo Testamento?
¿Y qué dice el Nuevo Testamento?
Cinco clases de cristianos
Los diez principios bíblicos de gobierno
Testimonios
A la Biblia hay que estudiarla
El mensaje central de la Escritura
¿Cuál evangelio?
Los cinco pilares del orden social

Capítulo IV Cristianismo
¿Cómo es una política de
inspiración cristiana?
Socialismo cristiano
¿Se mezclan religión y política?
Dos cosmovisiones
El gran engaño de la Nueva Era
Teonomía
El fervor místico del pietismo de clase media
Antinomianismo
Ética de intenciones versus
ética de resultados
Ortodoxos, católico-romanos,
protestantes y evangélicos
Cristianos y política, la tipología
La muerte de Herodes
Kant o Cristo
La fórmula TR + FR + DN + EA + TPGM + SE
Juan Althusius, ciencia política cristiana

Capítulo V Leyes malas
Las leyes y la Biblia
Actividades y relaciones productivas
Impuestos
Moneda, banca y finanzas
Bolsa, seguros, cambios
Discriminaciones e injustos privilegios
Trabajo, sindicatos, inflación
Actividades “sociales”
Criminalidad y justicia
Cómo la infección se extiende
Para entender las leyes

Capítulo VI La Salida
Amor a la verdad
La Teoría de las leyes malas
Los malos resultados
Contratos versus burocracias
Macro y microeconomía
Deflación, y aprender a no temerla
Deslegislación, para empezar
La Salida = D + 5 R
Las cinco reformas
Fusionismo

Capítulo VII Estrategias
Refundación de la República
La mejor defensa es la iniciativa
Virtudes y defectos
Ignorancia y estupidez
Academia y política
Religión y asuntos públicos
A salir de los ghettos
El drama de los migrantes
El Congreso tiene más poder que el Presidente
Dos escenarios y muchos aliados
Asunto de ética
Plataforma, no partido

Apéndice: Conclusiones
Liberales y cristianos
La corrupción y la (in)moralidad de la clase media
Lo bueno, lo malo y lo inútil
El voto con la mano y el voto con los pies
Postfacio Separación de Iglesia y Estado
La neutralidad del Estado
La separación de lo privado y lo público
La separación de Iglesia y Estado bien entendida
La separación mal entendida
Pecados y delitos
Religiones populares, religión civil y religiones políticas
Aborto, eutanasia, drogas, homosexualismo

Addendas
España, cuna del liberalismo clásico
¿Aprender a razonar?
La otra Derecha
Gobierno Mundial
Lord Acton, modelo de político católico
Abraham Kuyper, político cristiano
La Gracia común
Las utopías y el cristianismo
La gran responsabilidad
Reconocimientos

Anexo: Autores y Bibliografía EGI
Autores
Bibliografía EGI (en Español y gratis por Internet)
Teología
Filosofía
Cultura
Educación
Política y gobierno
Derecho y Justicia
Economía
Ciencia y ecología

Descargar libro

Prólogo

General Benjamín Godoy Búrbano

Conocí a Alberto Mansueti a su llegada a Guatemala, hace algunos meses. Ya antes supe de él por nuestro común amigo Francisco Bianchi (ahora en la presencia de Dios), quien me compartía el aprecio que tenía por los escritos y aportes de Alberto en la difusión de los principios bíblicos y su aplicación a la economía y principalmente al gobierno, así como a demostrar la consonancia del liberalismo clásico con estos principios.

Nuestra nación ha estado inmersa en un marasmo social y político desde tiempo inmemorial. En este país se ha experimentado casi todo tipo de propuestas de gobierno: luego de las pequeñas monarquías indígenas, se impuso la conquista, y ésta dio paso a la colonización mercantilista y expoliadora. Y a partir de la gesta independentista se ha propuesto y practicado desde el federalismo, el estatismo tradicional y la democracia, hasta el socialismo “blanco”, y todo para dar lugar al más cínico y grosero pragmatismo en los últimos tiempos. Pero casi no se han propuesto ideas nuevas.

La caída de la cortina de hierro a finales de los ochenta sirvió a esos arribistas que acá conocemos como políticos para ampararse en la muerte de las ideologías, y con este pretexto, sacando provecho de una clase media indiferente, y de ciertos grupos empresariales siempre voraces para entrarle a dentelladas a la res publica, fueron despareciendo los partidos políticos históricos. Y dieron paso a sociedades tipo club, donde se escoge a alguien que esté dispuesto a mentir, que no sepa mucho, pronto a pactar con tirios y troyanos, a extender la mano y financiarse de criminales, para finalmente llegar a la primera magistratura, y desde la presidencia del ejecutivo, desde el congreso y en cada alto puesto, “reponerse”.

Cuando Ud. lea y estudie estos siete capítulos, podrá conocer y entender por qué los arribistas aún sostienen que para ganar una elección deben engañar, mentir, y hacer pactos de toda suerte. Las más de las veces ellos creen saberlo todo, pero no saben ni entienden nada de leyes ni ciencia de gobierno, porque a propósito se han negado a aprender, a capacitarse para gobernar. Por esa razón en caso de ser electos no disciernen ni ven la diferencia entre legislar y ejercer las diferentes magistraturas y judicaturas. Culpan siempre a un pasado del cual ellos mismos son autores, piden paciencia, y ofrecen que en un largo, muy largo plazo, como por magia los pueblos serán transformados y la pobreza desaparecerá…

Ud. encontrará ciertas cápsulas que son pepitas de oro político-sociales, que de interesarle, le enviarán a documentos, obras de referencias y otras más completas, que aumentarán su entendimiento. No va a encontrar definiciones rebuscadas, largos análisis muy complejos, ni mucho menos todas esas ideas colectivistas y obsoletas que han confundido a las naciones antes que aclararlas. Encontrará ciertos principios, normas y valores permanentes, que de haberlas internalizado los nacionales de los pueblos, otro hubiese sido el destino de cada país: habría mucho menos penurias en las personas y familias, puesto que en las naciones donde no se pongan limites a las instituciones gubernativas, los gobernantes oprimirán a los ciudadanos, y quienes se sientan poderosos -en lo público y en lo privado- abusarán de su autoridad.

Y así “La experiencia nos debería enseñar a ponernos en guardia para proteger la libertad cuando las intenciones del gobierno parecen beneficiosas. Los hombres nacidos para la libertad están alertas para repeler la agresión a esa libertad por dirigentes malintencionados. Sin embargo los mayores peligros para la libertad se esconden en la insidiosa usurpación que hacen hombres bienintencionados, pero celosos en exceso y de escasas luces.” 1

Este panfleto aporta ideas frescas. Son frescas pues por siglos han sido puestas de lado, de modo muy conveniente para algunos, pero datan de antiguo, de cuando el pueblo Israel era guiado por sus Jueces mientras las monarquías absolutas se enseñorearon de los súbditos en las naciones vecinas, sometiendo y esclavizando a sus pueblos. Son frescas porque giran alrededor de principios bíblicos de gobierno, leyes y economía, que se han abandonado desde que los hombres “confundidos” [babel = confusión] dispusieron edificar un monumento para honrarse a sí mismos.2

Y desde antiguo hasta el día de hoy, los arribistas dedicados al ejercicio de la política desprecian estos principios, normas y valores; ellos hacen todo lo contrario, por eso no pueden traer abundancia y prosperidad a las naciones, más bien las han sometido a juicio con veredicto de castigo permanente, sentencia tornada en pobreza, enfermedad, violencia, injusticia, atraso, entre otras falencias.

Este libro también propone ciertas reformas, que por no haberse ensayado jamás en nuestras latitudes, pueden lucir exageradas, extremas, radicales o dogmáticas. Pero que de estudiarse, investigarse, entenderse y aplicarse, serían la salida o solución a muchos de los males, las pandemias sociales, económicas y políticas que hoy nos aquejan. Y la puerta de entrada para esa abundancia y prosperidad que anhelamos, y que sabemos nos esta anunciada y augurada, siempre y cuando obedezcamos y cumplamos lo que desde el principio se ha dispuesto para el feliz gobierno de las naciones.

Estas ideas ya fueron practicadas hace cientos de años, en los EEUU. Son las ideas de la Libertad, de la libertad económica que propuso Adam Smith y de las demás libertades y derechos. EEUU habría de ser la primera nación regida por el principio de que cada persona tiene el derecho de procurar y alcanzar sus propios intereses, dentro del respeto y la ley. Thomas Jefferson, al redactar la Declaración de Independencia, anotó que: …”todos los hombres han sido creados iguales, que su Creador les ha dotado de ciertos derechos inalienables; y entre estos se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Trae este libro ideas como la justicia contributiva y “fusionismo” por ejemplo, y cinco reformas de fondo. Y no es panfleto biográfico, por ello omito el hacer una detallada presentación del autor, nacido en Argentina; baste decir que por formación es conocedor de leyes: abogado y politólogo, y dedicado al estudio de las Sagradas Escrituras para entender, reconocer e identificar aquellos principios, reglas y valores que sobre leyes y Gobierno estableció ese Creador, de Quien muy bien dice Jefferson: nos creó a todos iguales, nos dio la vida, y nos ha liberado para que entre otras acciones, emprendamos la búsqueda de nuestra felicidad.

Exhorto a los lectores a que reciban con aprecio al autor y a esta su obra que se agrega a una prolífica producción: otros cuatro libros le preceden, así como incontables artículos de prensa y programas de radio y TV. Que LAS LEYES MALAS no sólo sea un agregado a los anaqueles de obras que adornan oficinas; leamos este panfleto con un afán inquisitivo. Y si algunas o todas estas propuestas hacen sentido, pongámoslas por obra. De algo sí podemos estar seguros: estas ideas y propuestas, con todo su potencial de liberación para el ciudadano, y con las cuales nos desafía Alberto Mansueti, no han sido nunca estudiadas a fondo por nuestro pueblo ni impulsadas por las elites en nuestro país.

Así conoceréis la verdad y la verdad os hará libres!

Prefacio: Un panfleto

Este escrito no es una monografía o ensayo académico. Es sólo un panfleto; por eso no trae citas formales o notas al pie de página. Al final trae una lista de lecturas, para investigar más a fondo, con autores y obras no muy extensas, cuyas ideas son las que aquí se exponen. Aunque los errores son responsabilidad exclusiva de su autor y firmante.

Las citas bíblicas están porque fue escrito –con igual aprecio y dedicación– para lectores cristianos y no cristianos; si bien contra el gusto y parecer de muchos cristianos que afirman ser imposible escribir para todo público y no para ellos en exclusiva, y de muchos no cristianos que piensan de igual forma. Lo siento pero en eso no puedo complacerles, porque tengo un solo discurso.

Trata de las leyes malas, que son las contrarias a la economía, a la justicia, la moral, a la razón y a la gramática, y a las leyes de Dios. Y de dos materias: religión y política, y de las conexiones entre ambas, y con las leyes malas. El escritor católico G. K. Chesterton contaba que en su país Inglaterra, había un cartelito en los “pubs” (bares) que decía así: “Prohibido hablar de religión y de política”. Y se preguntaba él: “¿Y de qué se habla entonces?”

Comenso este libro viviendo yo aún en Venezuela, a veces venía a Guatemala por unos días, invitado por Lucy Martínez-Mont, Pedro Trujillo y mis buenos amigos de la Universidad Francisco Marroquín. Y disfrutaba de muy enriquecedoras pláticas con Francisco Bianchi en su casa, sobre muchos temas que ameritaban ponerse por escrito; y el 10 de julio de 2008, cuando me mudé a este precioso país con su ayuda -y la gracia de Dios- acordamos con Paco que lo escribiría. Es por lo tanto un compromiso: una deuda. Ya en Guatemala, y congregado en la Iglesia La Verdad y La Vida, pude leer el excelente ensayo del Dr. Emilio Núñez “El cristiano y la política”, inspirador de mucho de mi escrito. Y consultar bastante al Dr. Oscar García Soto, mi “odonteólogo” (odontólogo + teólogo).

Y discutir con mi amigo Guillermo W. Méndez.

La idea fue escribir un libro corto, para el lector corriente: estudiante, trabajador, empleado, empresario, madre y ama de casa, profesional o técnico de clase media. De Guatemala. Pero también de otros países, sobre los dramáticos problemas económicos y políticos de hoy, y las bases bíblicas de sus soluciones, las liberales. Un subtítulo podría ser: “Política cristiana” o bien “Gobierno y política según la Biblia”. También “Liberalismo Clásico para principiantes”.

1) Un libro para todo público, dirigido…:

– A los cristianos, para mostrarles en la Escritura las buenas respuestas políticas, basadas en el concepto de Gobierno limitado, y traducidas al lenguaje y en el contexto de hoy;

– E igual para los no cristianos, en especial simpatizantes del liberalismo clásico.

– Y a todos, para ver que sí hay salida política racional y de sentido común, justa y moral, práctica y efectiva, y no demasiado compleja.

2) Y útil como herramienta de trabajo: texto para un curso en línea o presencial, donde al cristiano se le comience hablando de la Palabra de Dios, y paso a paso de Economía Política, Derecho, Sociología, Filosofía, etc. Y al no creyente al revés: comenzando con los temas de esas materias, para luego pasar a la Biblia, como documento histórico. (En este caso el orden de los factores no altera el producto).

3) Unlibroparadespejarconfusionesymalentendidos; no en el aire sino centrado en un tema concreto: las leyes malas, sus pésimos resultados y sus fuentes ideológicas, mostrando cómo cambiar el país para bien, mediante su derogación.

4) Introduciendo algunos conceptos novedosos como el de la justicia contributiva (viejos en realidad, pero olvidados), o desconocidos en nuestro medio, como el de “fusionismo”.

Para algunos la Biblia es sólo un documento histórico. Para otros es mucho más. Pero que lo es no hay duda; todos de acuerdo. Entonces, ¿qué dice el documento histórico sobre política y Gobierno? Y en la historia, ¿cómo fue leído e interpretado, y qué impacto tuvo? Hay que contarlo y explicarlo; eso ayuda cerrar la brecha entre cristianos y liberales no cristianos, indispensable para la necesaria cooperación política de unos y otros, en el contexto del “fusionismo”.

No siempre la palabra “Panfleto” fue despectiva. Por siglos designó un escrito corto, sobre uno o más temas controversiales, políticos o religiosos, en defensa de una posición tomada. Fueron panfletos los más influyentes escritos de Martín Lutero y otros Maestros de la Reforma. Fue p. ej. un panfleto la “Defensa de la libertad contra los tiranos” de Hubert Languet en el s. XVI, con base en las lecciones de Teodoro Beza, sucesor de Calvino en Ginebra. Y la “Apología de la Gracia Divina”, en el s. XVII, del presbiteriano escocés Samuel Rutheford, en defensa de la doctrina de la gracia contra el arminianismo, que le llevó a la prisión, pero que puso las bases teológicas de su más famoso panfleto: “Lex Rex” (La Ley es Rey). En el s. XIX fueron panfletos los escritos del francés Frederic Bastiat, del venezolano Juan Germán Roscio, los peruanos José Gálvez (padre e hijo), el centroamericano José Cecilio del Valle y el argentino Juan Bautista Alberdi, en defensa del Gobierno limitado, como único medio de preservar la libertad.

(Si Ud. no conoce el término “presbiteriano” o la palabra “arminianismo”, no hay problema: los puede investigar en un buen diccionario enciclopédico, o con Google en alguna fuente confiable. Tal vez encuentre otras palabras para Ud. desconocidas –o personajes– y pueda enriquecer su acervo de información. Por nada).

Pero el drama político que vivimos en nuestros países es un auténtico rompecabezas, y las piezas son muchas: económicas, jurídicas, morales y filosóficas, psicológicas y espirituales, etc. Sin embargo, para entender el rompecabezas deben estar todas las piezas. Y por esa causa el libro que iba a ser corto, terminó un poco más largo.

En plan de aclaraciones, permítame por favor dos pequeñas confesiones autobiográficas. La primera, que como politólogo, desde joven he tenido una “doble vida”: una vida intelectual –no siempre en la Universidad– y otra profesional, en la calle. Muy ligadas. Con un pie en los libros de Ciencia Política, y el otro pie en las encuestas de opinión, mercadeo y publicidad, la prensa y radio, crítica de cine, en los partidos y las ONGs, en el Parlamento y en otras 1001 actividades vinculadas a la política práctica. Y esto en tres países: Argentina, Venezuela y Perú. Ha sido para mí de una gran bendición.

Y no es que me compare con Tomas de Aquino, pero cuando se le preguntó a él por la mayor gracia de Dios recibida (aparte la Salvación), su respuesta fue: “Creo haber entendido todos los libros que he leído”. Guardando las distancias creo haber recibido del santo Dios esa misma gracia y otra más: haber comprobado por experiencias cuáles afirmaciones de los libros eran verdaderas, y en qué grado, y cuáles no. De ese modo aprendí que por cada 100 páginas de ciencias sociales en las bibliotecas, las buenas son unas 10, aproximadamente. Sólo hay que buscarlas. Pero a fin de retener lo bueno hay que investigarlo todo, según Pablo, y “escudriñarlo” (examinarlo detenida y sistemáticamente, I Tesalonicenses 5:21).

Al conocimiento verdadero no lo tomé de la Universidad. Para asimilarlo y disfrutarlo tuve que desaprender lo aprendido. Fuera de las aulas hay vida intelectual; y es mucho mejor ¡y más libre! Porque a la Universidad hoy casi nadie va a estudiar, sino a sacar un diploma, y eso la deteriora. Y con su cartulina enmarcada, el graduado promedio jamás vuelve a abrir un libro, y eso le impide conocer la verdad. Este escrito resume parte de lo que aprendí después de los claustros, en los libros y en la calle. (Otro subtítulo: “Lo que no me enseñaron en la Universidad”).

Lo que Ud. va a leer contradice de frente las lecciones de las aulas. Y las enseñanzas de los verdaderos maestros actuales: los medios. Porque ahora se aprende economía, derecho y ciencia política en los noticieros de TV y sus comentarios. Y en las teleseries de Sony y Warner, donde todos los héroes son empleados del Estado: policías y fiscales, bomberos, médicos, paramédicos, enfermeras, directores y maestros de escuelas estatales, etc. Y todos los villanos son particulares: tenderos, industriales, arrendadores, pastores y sacerdotes, así como abogados, doctores y educadores privados, etc. Y cuando las series se ponen “profundas” enseñan Filosofía y Teología igualmente: a su manera. Lo mismo pasa con la psicología popular que enseñan los Reality Shows, la “ciencia” ecologista y evolucionista de Discovery Channel y NatGeo, y la versión de la historia “PC” (políticamente correcta) en History Channel.

La segunda confesión es mi testimonio. Al hacerme cristiano reformado aprendí a estudiar y amar la Biblia. Y que en todo cuanto ella enseña acerca del hombre, la sociedad y el Gobierno, coinciden las 10 páginas buenas de las ciencias sociales y Humanidades (contra las otras 90). Y entendí en conciencia que Dios no me pide dejar mis estudios y actividades, sino consagrarlas a testificar su Palabra, conforme Deuteronomio 4:5-6, en el mejor y más excelente Manual de Ciencia Política jamás escrito: la Biblia. Desde entonces eso hice, y este panfleto es parte de mi trabajo.

Es asimismo este trabajo expresión de mi agradecimiento a Guatemala. Desde José Joaquín Palma en adelante –para los foráneos: el autor de la letra del Himno Nacional de Guate (el más bello del mundo), y nacido en Cuba– hay una legión de extranjeros enamorados de ésta tierra bendita, y muy agradecidos, haciendo aportes en las ciencias, artes, el comercio, el deporte, etc., incluso la política. Salvando las distancias, creo estar en esa buena compañía.

Mención especial para una: la Dra. Amy Sherman. Tuve conocimiento de su obra cuando Las Leyes Malas estaba ya en imprenta; de otro modo quizá no me hubiese atrevido a publicarlo. De mi trabajo espero que siga las huellas del suyo.

Otras muchas personas me ayudaron a escribir y publicar, de muchas maneras, algunas sin saberlo, y aún sin compartir las posiciones aquí expresadas. Mis reconocimientos van al final: trato así de evitar que si Ud. está en desacuerdo, se prejuicie contra alguno de los mencionados.

Y lo dedico muy en especial a tantos jóvenes latinoamericanos (y otros no tan jóvenes), que estudian y trabajan día y noche con incansable denuedo para mejorar su situación en la vida, pero ven frustrados sus esfuerzos, por razones que no terminan de entender.

Introducción

Siento comenzar de modo poco simpático, pero en Latinoamérica el problema somos nosotros: la clase media. Eso nos incluye a Ud. y a mí, querido(a) lector(a).

Somos parte del problema. Porque los altos jefes de la política y la banca, la gran industria, la cultura, etc. que aprovechan del injusto sistema social-mercantilista actual, no van a cambiar. De ellos no cabe esperar otra cosa, dado su muy confortable nivel socioeconómico. No es que “no saben economía” como piensan ciertos liberales ingenuos; no saben, pero ni les interesa saber. No les conviene.

Tampoco cabe esperar otra conducta de los cientos de millones de pobres, harapientos e iletrados que votan por los Hugo Chávez, Evo Morales, los Ortega, Correa y el ex obispo Lugo, dado su muy lamentable nivel educativo.

Pero de quienes sí podemos en cambio esperar mejor conductapolítica esdenosotros, clasemediadetécnicos, trabajadores calificados, docentes, profesionales y empresarios, estudiantes, etc. Se supone que somos más educados y expertos.

12 clichés de clase media

Sin embargo, nuestro nivel de vida se hunde al paso que nuestros países. Porque no somos eficaces. Y no damos en la tecla, porque vivimos presos de clichés muy equivocados, que repetimos sin pensar, y nos inhabilitan. (“Cliché” = frase hecha). Pensamientos que nos sacan del juego. Permítame unos ejemplos:

1) “Aquí va a pasaralgo” decimos, “tienequeproducirse una reacción”. Pero el principio f ísico de acción y reacción no rige en la sociedad humana. Si dejamos de hacer lo que debe hacerse, o lo hacemos mal, de modo inapropiado o extemporáneo, sencillamente no va a pasar nada.

O va a pasar algo peor, porque en la sociedad sí rige el principio de creciente “entropía”, o desmejora progresiva ante la inacción. Las reacciones se producen; pero no solas. Y las oportunidades también se producen.

2) “Es que tenemos que tocar fondo”. Otro error: la sociedad no tiene “fondo”, porque no es una piscina, ni un baúl. Muchos clichés son meros justificativos de la pereza: “Esperemos a tocar fondo…” cruzados de brazos.

3) “Tiene que haber un cambio”. Pero “un cambio” no se hace solo; y además puede ser para peor; y de hecho el comunismo nos amaneció tras la promesa de un cambio. ¡Y vaya cambio! Pero cuando aprendemos que “un cambio” no es suficiente, y debe ser para mejor, ya tenemos la soga al cuello.

4) Y ya apretada la soga decimos: “¡Tenemos que hacer algo!” Pero “algo” no basta, porque puede ser algo inútil, ineficaz, impropio, imprudente, irracional, tal vez injusto e inmoral.

Y cuando la clase media hace “algo”, no es contra el sistema, sino contra algún abuso de algún representante, y contra esa persona. Protesta contra el cierre de una televisora y por los estudiantes en Venezuela, contra un reglamento electoral tramposo y por la autonomía departamental en Bolivia, o contra los impuestos a los productores de soja y por el empresariado del campo en Argentina. ¡Pero eso no detiene la Marea Roja!

Nuestra debilidad impide que constituyamos una fuerte corriente de opinión a favor de la prosperidad y del libre mercado, que es la única vía para conseguirla. E impide que formemos un partido o varios para expresarla y respaldarla. De esa manera los socialistas ganan las elecciones y se hacen con el poder. Y una vez con el poder en la mano, los socialistas se comportan como tales: mienten, roban y abusan. ¿Cómo esperamos que se comporten?

Lo que hacemos luego es protestar, quejarnos y marchar en señal de repudio por tal o cual abuso en particular. Porque somos incapaces de elevarnos mentalmente, del plano de los hechos circunstanciales al fondo de las cuestiones, de razonar sobre principios. Rechazamos las abstracciones. Y los cristianos somos incapaces de leer TODO lo que dicen nuestras Biblias, y entenderlo de modo literal (al pie de la letra), e informadamente y con inteligencia; y por eso no somos luz para el mundo.

5) A la propuesta de libre mercado decimos “Todos los extremos son malos”, como si fuesen igualmente malos la salud y la enfermedad, la locura y la cordura, la sabiduría y la ignorancia. O en esa misma vena decimos “Todos los dogmas son malos”, como si todo principio fuese un “dogma”, y debiese rechazarse por el mero hecho de ser un principio, con lo que seguimos en la política sin principios, el cambalache de siempre por los puestos públicos.

6) Cuando se discute y se critica, alguien dice: “No seamos negativos”; otro cliché, que se opone al pensamiento crítico y lo anula. Así se nos imposibilita rectificar, y por tanto avanzar.

7) “Todos tenemos derecho a opinar”. Pues sí; y todo el tiempo opinamos de todo. Pero las opiniones no tienen igual valor: no una opinión fundada que otra sin base. No es cierto que “Todas las ideas son respetables” porque muchas ideas son dañosas, perversas, criminales, si bien las personas que las sostienen son respetables, hasta que las ponen en práctica.

8) “Nadie es dueño de la verdad”, el cliché relativista. El relativismo es la filosofía de Pilatos (“¿Y qué es la verdad?”, Juan 18:38), que reina hoy en la Posmodernidad. En sus distintas formulaciones– más fuertes o más débiles– el relativismo niega la existencia de verdades objetivas, o de verdades trascendentes, absolutas e incondicionales, universalmente válidas. O en todo caso niega la posibilidad de conocerlas, entenderlas y expresarlas (escepticismo).

El relativismo se liga al irenismo: en nombre de la paz y armonía se suprime la discusión y se acalla la verdad. Eso nos angosta la perspectiva, nos quita los principios, nos destruye los valores, y nos condena al conformismo y a la pasividad. Nos estanca y atrasa porque nos impide el progreso intelectual, económico, político; y aún moral, porque sirve de acomodaticia justificación a toda conducta.
9) “El problema es muy complejo…” dice el cliché que los “expertos” repiten con voz engolada y cara de profundos “…y la solución debe ser integral”; ¡otra frase hueca! Pero es que todo problema luce muy complejo hasta que se entiende y se halla la respuesta.

Si le dicen que “el problema es muy complejo” lo que significa es “Hasta ahora no he podido hallar la solución”. Dígale: “OK siga buscando amigo, y avise si la encuentra”. Y la solución para todo (“integral”), no la hay.

También decimos “El cambio tiene que empezar por adentro, en el interior de cada quien”. Es muy probable, pero ¿cuáles cambios? Si hay leyes malas e instituciones pésimas, nada ganamos con cumplirlas y obedecerlas. Y si crean perversos incentivos para el mal comportamiento, se hace un círculo vicioso: ¿el huevo o la gallina?

10) “El socialismo es bueno en teoría”. ¡Qué disparate! Si siempre trae pobreza, casi siempre sangre y muerte a raudales, y jamás funciona como se supone, ¡entonces es una pésima teoría!

11) “Todas las teorías son buenas”. ¡No! Hay teorías buenas, regulares y malas. No todas las teorías son verdaderas: realistas y objetivas, racionales y éticas. Pero no siempre lo admitimos de las teorías, ni de las opiniones.

Por eso opinamos con ligereza, y confundimos opinión con saber. Aceptamos acríticos cualquier cosa que digan por la prensa. O la Internet. No siempre nos documentamos, ¡mucho menos aún investigamos las fuentes! Opinamos sin hacer las debidas preguntas, ni conocer los puntos de vista y cursos de acción posibles, los argumentos en pro y en contra. No tenemos la paciencia de rastrear antecedentes históricos a fin de ganar perspectiva. Decidimos sin pensar, y pensamos superficialmente.

12) Y por fin, nos agrade o no, los cursos de acción que producen los resultados buscados y los cambios para mejor, son políticos. No hay más remedio.

¡Ah pero “La política es sucia”! dice el gran cliché de la clase media “pura”.

Y si no: “¡Política sí; partidos no!” Ese sí es ridículo. No hay alimentos sin fincas, economía sin empresas, o fútbol sin balón. No queremos dictaduras, ¡pero queremos democracias sin partidos! ¿Cómo saldremos entonces de la crisis?

¿Y cuántas veces nos hemos arrepentido de nuestro voto? Nos equivocamos mucho al votar. No aprendimos a juzgar a los candidatos. Tampoco aprendimos a usar el voto en blanco o nulo como expresión de protesta cuando ninguno de ellos sirve, y caemos en la trampa de elegir el “menos malo”. Así nos va.

¿Cuál es tu “ismo”?

Un test de dos preguntas

Hay un pequeño test para saber cuál es la posición personal de Ud. Muy simple, de sólo dos preguntas:

Pregunta 1) ¿Con cuál de estas dos afirmaciones A o B está Ud. de acuerdo?

A. “El Estado es el encargado de promover el bien común, por encima de los intereses privados que miran el bien particular”.

B. “El Estado y los particulares son encargados ambos de promover el bien común, cada cual en su esfera de actividad”.

La afirmación B describe en esencia el liberalismo. Y la A el estatismo. Si Ud. elegió el estatismo (A), diga ahora ..

Pregunta 2) ¿Está de acuerdo o no con esta afirmación?

C. “El Estado tiene que ayudar a reducir las desigualdades redistribuyendo la riqueza a través de los impuestos”.

C describe en esencia el socialismo. Si está Ud. de acuerdo, su posición es socialista. Si no está de acuerdo, pero eligió A en la pregunta 1, probablemente es mercantilista.

De todos modos, es urgente explorar las respuestas a preguntas como ¿Qué es mercantilismo? ¿Y socialismo?¿Quéesunarepública? ¿Quéeslaizquierda?

¿Y la derecha? etc. Su examen es imprescindible para entendernos y entender la situación de hoy y cómo llegamos. Y cómo salir.

Mentir o perder, falso dilema

Los candidatos que se dicen “pragmáticos” afirman que para ganar elecciones hay que mentir. Y les creemos. “La verdad no se puede decir”, arguyen. Otro cliché. Es falso: sí se puede decir, pero ellos no la saben, por eso no pueden.

No conocen, o al menos no conocen enteramente:

– Los principios y valores que hacen prósperas a las naciones y a sus pueblos;

– tampoco las instituciones, normas y reglas inspiradas en ellos. Por eso no son capaces de describir cómo sería la sociedad una vez adoptadas,

– ni de mostrar la vía de salida desde la presente situación, trazando la ruta de acceso hacia aquel modelo,

– ni mucho menos concretarla en una oferta política atractiva, comunicando en lenguaje llano los beneficios para todos.

Su desconocimiento del mensaje les impide transmitirlo. Por eso recurren a los lugares comunes y a las recetas de siempre, harto conocidas pero fracasadas. Y la misma ignorancia que les impide decir la verdad de cara a los comicios, les lleva a cometer los consabidos errores y desaguisados como Presidentes o en el Parlamento, una vez escogidos.

Sin embargo, hay salida si se conoce la verdad, que puede servir a la vez como Declaración de Principios y Programa o Plan de Gobierno. No para perderelecciones, sino para atraer votos; sin mentiras, dádivas, ni falsas ilusiones y promesas. La verdad puede servir también como guía para la publicidad electoral, y cartilla de estudios para capacitarse los activistas y candidatos. Y sin recurrir a infames duplicidades, el mismo Programa exitoso en los comicios puede serlo también en el Gobierno, revirtiendo la tendencia de hoy, y cambiando a Guatemala para bien, y para bien de todos.

El peor problema no es que los candidatos no conocen la verdad: es que la desconocemos nosotros.

Inseguridad + pobreza = diáspora

Muchos tenemos ideas equivocadas sobre la realidad; p. ej. la diáspora nacional que provoca la falta de seguridad y de oportunidades. Se suele creer que los chapines están felices limpiando baños por monedas en moteles de Arizona o pasando frío en Canadá. Pues no. Algunos pocos tienen éxito y hacen fortuna, pero el resto pasa mucha necesidad y sufrimiento, y muchos retornan frustrados. Y no sólo ellos sufren: sus familias se resienten, se dividen y se rompen.

Da pena ver a nuestras autoridades suplicar a los Presidentes y al Congreso de EEUU para que no cierren la puerta a nuestros desesperanzados. Es como decirles: “Somos incapaces de hacer aquí los cambios necesarios para generar prosperidad. Así que por favor llévense a nuestros mejores trabajadores, profesionales y empresarios.”

Cuando deberían decirles: “Estamos haciendo los cambios para tener seguridad personal y jurídica, e inversiones, empleo y riqueza, sin desarraigos ni dolorosas separaciones. Por eso ahora se multiplican nuestras empresas, y aumentan nuestras exportaciones. Así que por favor abran las puertas a nuestro comercio, que será de provecho para todos Uds. como consumidores y usuarios.”

Nos falta un Gobierno que nos diga eso a los guatemaltecos. Y una fuerza político-electoral que nos muestre la verdadera salida, la explique en forma clara, y nos diga: “Esta es la fórmula para tener seguridad y buenas oportunidades de negocios e ingresos. La receta para no emigrar”.

Aún estamos a tiempo

Y la receta es simple, aunque a muchos disgusta: libre mercado. Vea pues:

– ¿Sabe por qué incluso con crisis poca gente en Guate pasa realmente hambre?

– ¿Y por qué aún se producen alimentos, y hay comestibles, víveres, ropa y zapatos?

– ¿Y por qué también hay -para quien puede comprarlos- carros y viviendas, y siervos electrónicos para todos los usos, con la última tecnología?

Estas bendiciones no son gratuitas, pese a que muchos creen lo contrario y las toman por garantidas. Gracias a Dios existen porque todavía hay empresas privadas para producirlas o importarlas, en un ambiente que aún muestra alguna consideración por la acción económica de los particulares. No es así en Cuba o Venezuela.

A pesar de que el estatismo avanza, aún hay en Guatemala tejido productivo: toda una galaxia de firmas privadas y redes de negocios. Porque menguados, aún quedan restos de cierto respeto por la libre empresa:

– Los Gobiernos todavía no se han arrogado la función de producir comida, refrescos, ropa o electrodomésticos (aunque no mucho les falta);

– aún queda libertad de competencia en muchos mercados (no todos),

– y aprecio por la propiedad privada.

Pero si Ud. está pensando en “una solución guatemalteca”, o en “una solución actual”, olvídese, porque básicamente la solución es igual para todo lugar y tiempo. Los principios universales, respetados y aplicados en el pasado por todas las naciones que hoy son ricas –y lo son por eso mismo– son tres: gobiernos limitados, mercados libres, y propiedad privada.

A. Gobiernos limitados. Los Gobiernos no son para dominar y controlar a las gentes, ni sustituirlas en sus actividades privadas; son para reprimir el crimen, hacer justicia, y contratar obras públicas de infraestructura. Y a estas funciones deben limitar su acción. Por tanto también sus poderes y atribuciones deben ser sólo los necesarias para su cumplimiento; e igualmente su presupuesto.

B. Mercados abiertos y libres. La economía depende del ahorro de las personas y de las inversiones de las empresas, y por ello, de acuerdos entre particulares, conforme a sus necesidades y recursos, demandas y ofertas. Por eso los mercados deben ser sin privilegios. Y libres de la violencia y el fraude. A estos fines es necesaria la oportuna acción del Estado, pero por vía de magistrados judiciales, y en base a Códigos generales.

C. Propiedad privada. El éxito en educación, medicina, previsión social, arte, ciencia y otras actividades no económicas, se basa en los mismos dos principios anteriores. Por eso la propiedad privada, sostén y garantía de todas las libertades, debe ser respetada por todos, gobernantes y gobernados, no sólo en economía y finanzas, sino también en enseñanza y cultura, salud y deportes, cajas de jubilaciones y pensiones; y en los ámbitos de familias, partidos, iglesias y demás instituciones privadas.

¿Cuál es la salida? ¿Cuál es la solución?

Cambiar el sistema. El gobierno, las leyes y la economía actuales no se basan en los tres mencionados principios, sino en los tres contrarios:

– Estado “social” y democracia clientelar; pero no tenemos seguridad, justicia, ni obras públicas de infraestructura;

– economía mercantilista y de privilegios, y pobre;

– educación deficiente, sin valores ni principios, deficiente atención médica y jubilaciones miserables, en una sociedad cada vez más estatizada y de rodillas ante el poder.

La salida no es el cambio del mero personal. Tampoco el socialismo, democrático o no. Ni es “Enseñar a pescar” como dice otro cliché repetido hasta la náusea, tal vez el más repetido. El supuesto proverbio chino, ¡también es puro paternalismo! Porque asume que el Estado debe enseñar a la gente a ganarse la vida. Y en realidad lo que debe es derogar las 2 mil leyes malas que nos impiden ganarnos la vida porque obstaculizan nuestro trabajo y emprendimiento. No es dar pescado, ni enseñar a pescar; es: “No impedir la pesca”.

La solución es cambiar el sistema entero, las instituciones y las leyes que lo encarnan. Pero sólo el Congreso tiene el poder para hacer y deshacer las leyes.

Dios y Guatemala

1) “¡Dios está en control”; “¡Dios gobierna Guatemala!” Eso le dicen a Ud. en muchas iglesias. Y agregan: “Ud. pague impuestos, no pague sobornos, y obedezca todo lo que digan las leyes y las autoridades de turno.” Y ya está.

Pues si Dios está en control, no lo parece; y si es quien gobierna, no parece hacerlo bien. ¿Cómo es eso…? Es una teología equivocada. Le echa a Dios la culpa de lo malo que pasa. Vea Ud.: una cosa es el propósito de Dios y otra su voluntad permisiva. Por respeto a la libertad humana, Dios permite muchas cosas que no aprueba.

Y Dios no aprueba cualquier sistema de gobierno.

¿Ud. cree que para Dios es igual capitalismo o socialismo? Algunos creen que sí, que es como en el fútbol, rojos o cremas, y que a Dios le da lo mismo. Pero del sistema depende nada menos que la riqueza o miseria del pueblo, ¿Ud. cree que el Altísimo es indiferente, y que en Su Palabra no revela un Consejo de Dios a las Naciones?

Todos los lectores de la Biblia sabemos que ella contiene normas y preceptos buenos para la vida personal como individuos. También conocemos que la Biblia trae reglas de conducta para matrimonios y familias. Y hasta proverbios y enseñanzas útiles y aconsejables para el gobierno y la administración de negocios y empresas privadas. ¿Por qué entonces pensar que no hay principios y normas sobre los negocios públicos y el buen gobierno de las naciones?

2) En otras iglesias dicen que en la Biblia la “opción preferente” de Dios es por los pobres, y que se nos manda ayudar a los pobres. Y es verdad; pero suponen que “el socialismo es el régimen a favor de los pobres”, lo cual es total y absolutamente falso. Así concluyen equivocadamente que la Biblia apoya el socialismo.

3) La enseñanza bíblica sobre política y gobierno es que hay un sistema que trae a las naciones pobreza y miseria, ignorancia, violencia y ruina. Y corrupción. Es injusto e inmoral. Y hay otro sistema opuesto, que trae justicia, seguridad, paz y prosperidad. ¿Cómo Dios va a ser indiferente?

A. Uno es el estatismo, que la Biblia llama gobierno de los Reyes o Monarquía. En este sistema usurpan los gobiernos muchísimas funciones que por su naturaleza son privadas,

p. ej. hoy día industria, comercio y finanzas, educación y salud, fondos de jubilaciones y pensiones, etc. etc. Así concentran las autoridades políticas demasiado poder y acumulan demasiada riqueza, y eso es malo.

B. El otro es el sistema opuesto, de Gobierno limitado, que la Biblia llama gobierno de los Jueces o Judicatura: atribuye a los gobiernos sus funciones en seguridad, justicia y obras públicas. Y nada más.

La Biblia prescribe el segundo sistema (Deuteronomio 17:15-20) y proscribe el primero (I Samuel 8).

Y dice en Levítico 26 y en Deuteronomio 28, que con el buen sistema se goza de trabajo, tranquilidad y bienestar, y con el otro es lo contrario: crimen, pobreza, humillación, lágrimas. Y no hay término medio.

¿Tenemos en Guatemala Gobierno limitado? No. En toda América latina tenemos lo contrario: estatismo. Sea como mercantilismo, en beneficio de los empresarios oligopolistas y los ricos, o sea como socialismo, en provecho no de los pobres sino de los políticos que también se enriquecen mediante el poder. Entonces: ¿qué otros resultados podemos esperar? Del estatismo son los frutos que segamos, porque “Dios no puede ser burlado: lo que el hombre sembrare, eso segará.” (Gálatas 6:7).

– Isaías 5:20 es claro: la verdad existe, aunque sea negada; y la verdad es la realidad. “¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!” Y Proverbios 12:17: decir la verdad es obrar con justicia.

– En el capítulo 8 del primer libro de Samuel, se expone la larga lista de nefastas consecuencias del estatismo: opresión, servidumbre, pobreza y miseria, injusticia, tristezas. Y como el Dios justo no quiere la plegaria de los desobedientes, al final dice: “En aquel día no atenderé sus oraciones” (I Samuel 8:18).

– En 2 Crónicas 7:14 se lee: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo les oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.”

Por eso en las iglesias hacen rogativas, intercesiones, ayunos y clamores por el país. Pero olvidan que no dice sólo orar, sino además “convertirse de sus malos caminos”. ¿Qué significa? Simple: seguir la ley de Dios, y cambiar de sistema.

Pero no hay arrepentimiento sin conciencia de una transgresión, porque no hay conocimiento ni noticia de norma violada. Lo dice Jeremías: “He aquí yo entraré en juicio contigo, porque dijiste: No he pecado” (Jeremías 2:35). “¿Se han avergonzado de hacer abominación? De cierto no se han avergonzado, ni saben tener vergüenza. Por tanto, caerán entre quienes caigan”. (Jeremías 6:15). Muchos cristianos decimos caminar según la Biblia, pero ni idea tenemos que hay un sistema político prescrito y ordenado por Dios, y que vivimos todos como nación bajo el sistema opuesto, severamente condenado por Su Palabra revelada.

Razonemos a partir de la Escritura. Razonar no es algo malo, “mundano” y no “espiritual”, desagradable a Dios. No reaccionemos con el hígado, como todo el mundo. En el libro de Proverbios se nos dice que “los insensatos” desprecian la sabiduría (1:7). Y recomienda “estar atento tu oído a la sabiduría” (2:2), que es lo más valioso (8:11), se busca por el camino de la humildad (11:2), y de las correcciones de la vida (15:31). Estudiemos. Hay buenos diccionarios, concordancias y enciclopedias bíblicas; no esos “devocionales”, que a todo pasaje dan una interpretación “espiritual”, arbitraria, a menudo extravagante y de típico sabor New Age.

En I Pedro 3:15 se nos manda estar siempre preparados (algunas versiones dicen “aparejados”, o bien “aprestados”) para responder (“presentar defensa”) con toda mansedumbre y reverencia, a quien demande razón (“argumento”) de vuestra fe (“esperanza”). Sin embargo creemos que el discernimiento no es racional sino puramente “espiritual” o sobrenatural, “místico”.

Poco sabemos de historia cristiana; y así tomamos modas pasajeras por verdades eternas, ignorando cómo vivieron su cristianismo las generaciones anteriores.

El cristiano promedio tampoco se asoma por un libro no cristiano: cree que ya leyó todo lo necesario; como todo el mundo, ¡pero con un pretexto “piadoso”! Por eso hace una cita de la Escritura, y de seguido repite una opinión totalmente antibíblica, que oyó en la TV o leyó en el periódico. Y no ve divorcio o contradicción alguna porque tiene poca información, e insuficiente capacidad racional para discernir.

La ignorancia promueve el conformismo: el asentimiento acrítico a todo lo que diga o haga la autoridadpolítica oreligiosa deturno. Y el conformismo no ayuda a lo que necesitamos los cristianos en América latina: una Nueva Reforma.

Si no le parecen palabras muy duras, sigamos adelante.

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