blog | 6 agosto, 2019

Las mentiras de la lucha anti corrupción

ILE

Por José Luis Tapia, economista, profesor universitario, Vice Presidente por Perú del Foro Liberal de América Latina, Presidente del Centro de Liberalismo Clásico y Director General del Instituto de Libre Empresa.

La gente en su mayoría tiene la falsa idea que la corrupción es aquel acto en que los delincuentes cogen una gran cantidad de dinero en un gran depósito lleno de billetes y monedas -llámese presupuesto público- y se lo llevan a sus bolsillos, casas o cuentas bancarias dentro o fuera del país.

El problema con esa creencia es que está equivocada y no existe tal barril.

De ahí derivan toda una serie de narraciones imaginarias indicando que la delincuencia avanza por culpa de la corrupción; que no alcanza el dinero para pagar mejor a los policías, comprar más patrulleros, o acabar  con ese racionamiento injusto de gasolina.

También, que los colegios no tienen ni para comprar tizas, lapiceros o que los baños son un desastre por culpa de la corrupción.

Que las frazadas que el gobierno debería comprar para entregárselo a los hermanos damnificados por las heladas de Puno no lo hace por culpa de la corrupción.

Por su parte los hospitales no tienen ni para comprar aspirinas o gasas por que la corrupción tiene la culpa que no alcance el dinero.

Y así podríamos ir generando una serie de mentiras con la intención de crear condiciones para provocar una histeria colectiva desviando de esta manera la atención de  la verdadera causa del flagelo de la corrupción.

Por ejemplo, de la histeria salen a marchar colectivos, los noticieros día y noche informan tal o cual robo de Odebrecht, las conversaciones familiares y sociales no paran de hablar de la corrupción, los alumnos en la universidades no paran de preguntar a los profesores y así se vuelve viral todos nuestros posts en las redes sociales.

Nuestro profesor Alberto Mansueti nos ha enseñado que la lucha anti corrupción es una fijación equivocada en el verdadero problema.

No es la corrupción la causa de nuestros males económicos y políticos, sino es el modelo socialista la que infecta de corrupción todos los estamentos del estado.

Por modelo socialista se entiende que el gobierno es estatista por que se excede de sus límites de justicia, seguridad y obras públicas, los mercados no son libres y la propiedad privada no es segura.

A nuestro modo de ver la  corrupción es una forma de extorsión a las empresas que contratan con el estado, que consiste en que los funcionarios estatales, antes de entregar la concesión, autorización, licencia, o permisos, condicionan a la interesada a realizar aportes ilegales de sumas de dinero, de lo contrario te niega la licencia o permiso.

Es un impuesto informal que cobra el funcionario o politiquero a cambio de  entregar la buena pro a una compra de bienes o la contratación de servicios, por ejemplo, carreteras, puentes, caminos, que necesita el gobierno para entregárselo a los ciudadanos.

Puede parecer que son grandes sumas de dinero, pero veamos qué se trata.

A nivel personal, un funcionario o politiquero se llena de mucho dinero y le alcanza para cubrir sus gastos para varias generaciones, como es el caso de la hija del tirano venezolano Hugo Chavez quien aparece en la revista Forbes con activos de varios de miles de millones dolares.

Si comparamos a nivel de gasto fiscal no es mucho como parece o no es tan grave como nos quieren hacer creer. En términos de PBI, la corrupción llega aproximadamente al 1% anual según datos proporcionado por la Controloría General de la República.

Por tanto, una de las tantas formas que tienen los socialistas para desviar la atención es buscar excusas o chivos expiatorios  para iniciar una cacería política y judicial contra sus rivales, para sacarlo de carrera electoral. Este fenómeno latino americano se le conoce como Lawfare.

Luchar contra la corrupción es quitar la pus pero no la infección.

En esta lucha lanzan mentiras señalando que hay impunidad cuando tenemos ministros, funcionarios,  presidentes perseguidos, otros detenidos y encarcelados.

Otra mentira es que afirman que la corrupción es un fenómeno nuevo, cuando nuestra historia nos ilustra que viene desde el siglo XIX.

Por ejemplo, el Contrato con los franceses de la Dreyfus, viene desde 1868 negociado por el Presidente Echenique.

Otra mentira es que la lucha anti corrupción fortalece las instituciones de la democracia.

Lo que hemos visto hasta ahora es que muchas de la acusaciones contra políticos son falsas, varias son direccionadas para desprestigiar a sus competidores, debilitando así la independencia de las instituciones fiscales y judiciales.

Por otro lado, el Profesor Mansueti nos ha ilustrado que la histeria anti corrupción ha traído tres consecuencias desastrosas:

a) la anti política

b) la partido fobia

c) la aversión a la democracia representativa.

De la primera, toda vocación de servicio a la nación, para mejorar el sistema político, trae sospecha maliciosas a tus círculos sociales o entorno posterior, asociándote con lo malo de la politiquería.

En cuanto a los partidos políticos, columnas de la democracia representativa, son atacados, controlados, desprestigiados, ahuyentando así toda forma de expresión política organizada, jerarquizada y disciplinada.

Como consecuencia de lo anterior no hay partidos con  programas, proyectos, e ideologías que propongan cambios fundamentales.

Habrán partidos corruptos, pero el sistema de partidos no es corrupción en sí.

Así nacen los independientes, aquellos que no rinden cuentas a nadie, que salen de la nada como salvadores de la Patria, sin ninguna trayectoria política, sin compromisos, sin valores correctos, ofertándose al mejor postor,  creyéndose que así acabaría con la corrupción.

Todo lo contrario: la corrupción aumentó en la era de los independientes. Ejemplos: Fujimori, Toledo, PPK, Villarán, Humala, Vizcarra.

Y finalmente, la democracia representativa se ha visto golpeada duramente por la partido fobia buscándose sustitutos como el referéndum, consultas populares, Comisiones de Alto Nivel, ONGs, Colectivos, marchas, turbas, ultimátums, es decir, la oclocracia, el gobierno de las turbas.

Como hemos visto, la lucha anti corrupción no es la solución. Trae más problemas por las mentiras lanzadas por los socialistas que nos vienen gobernando, quienes se niegan a hacer las 5 reformas liberales que el Perú necesita: política, económica, educativa, salud y pensiones.

Ahora que estás un poco más enterado de las mentiras de la lucha anti corrupción, te invitamos a formar parte de nuestro Proyecto La Gran Devolución y su Programa Las 5 reformas.

Escríbenos y reunámonos para sacar al Perú del socialismo.

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