blog | 9 septiembre, 2019

Libertad de la igualdad ante la ley

ILE

Por José Luis Tapia Rocha, Director General de ILE, Economista, Profesor universitario, Presidente del Centro de Liberalismo Clásico, Vice Presidente por Perú del Foro Liberal de América Latina y Promotor del Partido Devolución.

Mercantilismo es el sistema estatal de otorgamiento de privilegios a empresas, sindicatos y gremios que utilizan la ley para obtener ventajas en perjuicios de otros.

Es un enemigo poderoso del principio liberal de igualdad ante la ley.

Primero, porque se obtiene un poder económico desde el estado y segundo, por el ablandamiento de instituciones al servicio del mercantilismo.

El mercantilismo viene operando como sistema económico desde el siglo XVII que fue utilizado por las coronas de los imperios europeos para aumentar su poderío fiscal y militar encarnado en el rey.

Los que apoyan este régimen político fueron los artesanos, aprendices y maestros en la producción de bienes de consumo para el mercado interno.

A cambio de recibir soporte económico en impuestos le otorgaba privilegios legales para cerrar mercados a mercaderías importadas y la entrada de nuevos artesanos, aprendices y maestros.

Así la corona asesorada por estos capitales nacionales armó una frondosa regulación para impedir la libre competencia internacional, lo que les permitió crecer sus monopolios comerciales y laborales a expensas de los demás.

Se caracterizaron por ser ineficientes en producir bienes de calidad, y tuvieron precios altos.

Asimismo, su ingenio intelectual fue la creación de una falaz doctrina de la balanza comercial favorable.

Es llamada así porque se buscaba que la corona obtuviese la mayor cantidad de oro y plata fomentando las exportaciones y prohibiendo la entrada de mercadería importada, pues debía pagarse en oro y plata.

Básicamente, buscaba que la entrada de oro fuera mayor que la salida de oro.

El mercantilismo alentó el proteccionismo comercial prohibiendo las importaciones con mayores impuestos y regulaciones.

Contó con el beneplácito de los productores nacionales que competían con estas mercaderías importadas.

Esta política proteccionista ha mejorado en sus técnicas y normatividad para impedir toda competencia internacional.

Desde impedimentos arancelarios hasta los no arancelarios.

De estos últimos tenemos las medidas sanitarias, fitosanitarias, normas de valoración, normas de origen, normas técnicas nacionales, derechos antidumping, salvaguardas, medidas de inversión relacionadas al comercio, ayudas internas a la agricultura, normas de servicios, entre los principales.

Actualmente, a falta de patrón oro, el mercantilismo visualiza la riqueza como el dinero recibido.

En cambio, el liberal lo sigue concibiendo como los bienes y servicios.

Los mercantilistas son astutos en pasar por interés general algo que es de beneficio particular.

Cuando señalan que exportar es positivo para el país están enfocando equivocadamente como si el país fuera una empresa.

Exportar equivale a recibir ingresos en divisas. Mientras más exportes reciben más dinero.

Es la lógica de la empresa instalada en el concepto país.

Ya se había dicho que esto es hipóstasis.

La verdad es que los exportadores agremiados han sido bien efectivos en vender la idea que exportar es bueno e importar es malo.

Sin embargo, la economía de libre empresa dice que en un país no hay solo exportadores sino importadores.

Estos últimos contribuyen con la agregación de riqueza en el país, en cambio, la exportación a su disminución.

Los mercantilistas invierten dinero en mantener personal en el Congreso llamado coordinadores parlamentarios para hacer lobbies a favor de sus intereses.

Proponen proyectos de ley, hacen seguimiento, preparan actividades de defensa mediática, organizan foros de discusión, articulan discursos, invitan almuerzos a autoridades, contratan periodistas, hablan y persuaden a los editores generales de medios, envían regalos a sus oficinas, todo esto para alinearlos con sus intereses.

Un empresario libre se haría la siguiente pregunta:

¿Por qué esos mismos recursos no son empleados para modernizar sus fábricas?

El mercantilista respondería que es más barato realizar gestión de influencia que comprar maquinarias para aumentar la eficiencia.

De modo que si se aprueba su ley o su reglamento saldría ganando en términos costo-beneficio por que más barato le salió influir en los políticos que invertir en su empresa.

Tanto para el mercantilismo como para el estatismo, la ley es el instrumento que refleja su poder.

A diferencia de los liberales que consideran que la ley es el medio para limitar el poder estatal, los mercantilistas desafían a la autoridad financiando cualquier organización de la sociedad civil que esté alineados con el discurso de la protección a la industria nacional.

Allí tenemos los sindicatos, las iglesias, los maestros, los periodistas.

¿Qué debe hacer un empresario de la libre empresa frente al poder mercantilista?

Ser astutos y engañarlos.

Por ejemplo, cuando los mercantilistas soliciten mantener sus exoneraciones las fuerzas liberales deben ampliarlo a todos los sectores de la economía.

Con ello se cumple con el principio de igualdad ante la ley.

Así cuando un grupo mercantilista pase un proyecto de ley; o se bloquea o se extiende los beneficios para todos.

Ellos ganan y el resto también.

De otro modo, no pasa.

Si quieren algún banco de fomento, se puede bloquear dicha iniciativa poniendo en el directorio 99% de accionistas privados y someterlos a normas del gobierno corporativo.

Un empresario libre debe librar la batalla contra el mercantilismo por fines y medios.

Nunca hay que dejarle el control político sobre ambos.

Y menos, afectar nuestra igualdad ante la ley.

Te invito a compartir con tus amigos y familiares este artículo.

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