blog | 18 agosto, 2000

Límites de la Regulación

ILE

Muchos de los componentes de la crítica austriaca a la regulación emergen de los aportes de la teoría del intervencionismo de Mises, del uso del conocimiento en la sociedad sostenido por Hayek y la teoría de la función empresarial de Kirzner.

La naturaleza de la competencia de mercado requiere que la regulación en sí misma sea un proceso más que un tipo de solución de una supuesta falla del mercado. Como Mises señala, cualquier regulación tal como un precio tope o mínimo, normas de reestructuración empresarial, control directo sobre el aprovechamiento de recursos naturales, colocará incentivos para que los participantes del mercado eviten las indeseables consecuencias de tal regulación.

Esto significa que la consecuencia no intencionada de la regulación creará problemas adicionales; los individuos serán forzados a solicitar cambios en la política reguladora, o crearán mercados informales, contrabando, evasión de impuestos, corrupción en la esfera estatal, cuando lo primero es comparar los incentivos y conocimientos empresariales con las consecuencias probables de largo plazo -algunas de ellas arriba enumeradas- que fluyen desde el mercado producto de algunos procesos específicos de implementación de medidas reguladoras.

El análisis austriaco conduce a la conclusión que cualquier problema identificado a ser corregido al través de una regulación es también problemático. En un mercado dinámico es difícil identificar una práctica con determinadas consecuencias.

Como sostiene Hayek, el problema fundamental para el regulador es cómo anticipar el cambio ante decisiones que constantemente están modificándose por conocimientos (señales) descubiertos y lanzados al mercado para su aprovechamiento.

Lo que, tal vez, parece ser una «ineficiencia» del mercado para el regulador, sería más bien un paso necesario en el proceso de descubrimiento de conocimientos empresariales necesarios -como sostiene Kirzner- para la solución de tal «ineficiencia».

En otras palabras, es muy probable que el regulador, al no conocer todos los obstáculos que encaran los agentes del mercado, pudiera entender en un determinado momento, en el horizonte temporal, como una solución ineficiente; pero en realidad es un problema mucho más complejo que parcialmente es percibido por el regulador y que el mercado está solucionándolo.

Entonces, el conocimiento marginal que deja el mercado para el regulador es una guía muy pequeña para lo que intenta solucionar.

Finalmente, un regulador podría identificar una institución de mercado, que tal vez, en principio, sea perfeccionado, pero en el momento de la imposición de una nueva regulación le será muy difícil conocer «a priori» cómo una nueva regulación termina por mejorar al mercado.

Frente a esta limitación, el proceso de mercado es, en sí mismo, relativamente más eficiente en responder a la medida los problemas espontáneamente localizados, de manera que deja margen a los empresarios para el reajuste y cambio.

Las soluciones de mercado son a menudo preliminares y flexibles -sujetas al continuo perfeccionamiento empresarial-, mientras las regulaciones son normas consolidadas y difíciles de cambiar en forma oportuna a la medida de las circunstancias locales.

En resumen, los individuos y empresarios, quienes poseen conocimiento particular y relevante del entorno, pueden identificar mejor los problemas y confeccionar soluciones a la medida de las circunstancias locales; en tanto, los reguladores y legisladores, lo más que pueden hacer es descubrir normas de carácter muy general, para garantizar y proteger los derechos de propiedad de los individuos en una economía de libre mercado.©

Por Myriam Ortiz Herrera, Directora de Economía de  ILE.

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