blog | 14 junio, 2003

Límites de las entidades reguladoras

ILE

Muchos de los componentes de la crítica liberal a las entidades reguladoras tipo Osiptel o Indecopi emergen de los aportes de la Escuela Austriaca de Economía.

En ella se resume que la entidad reguladora es incapaz de prever las soluciones de mercado como sí lo hacen los empresarios, que al no poseer el conocimiento específico creado al interior de la sociedad, las regulaciones quedan obsoletas al poco tiempo y se convierten en obstáculos que impiden al empresario corregir a tiempo los supuestos “fallos del mercado”.

Al respecto, la naturaleza de la competencia de mercado requiere que la regulación en sí misma sea un proceso más que una solución estática. Como Ludwig von Mises señala, cualquier regulación tal como un tarifa tope o mínima, normas sanitarias, fitosanitarias, comerciales, y gobierno corporativo, entre otros, colocará incentivos para que los participantes del mercado eviten las indeseables consecuencias de tales regulaciones.

Esto significa que la consecuencia no intencionada de la regulación creará problemas adicionales; los individuos serán forzados a solicitar cambios en las regulaciones, o en su defecto, dedicarán esfuerzos y talentos empresariales a sacar ventajas de los mercados informales, evadir impuestos, o corromper a funcionarios estatales, cuando lo primero es comparar los incentivos con las consecuencias probables de largo plazo -algunas de ellas arriba enumeradas- que fluyen desde el mercado producto de algunos procesos específicos de implementación de medidas reguladoras.

De este modo, el análisis liberal concluye que cualquier problema identificado a ser corregido a través de una regulación se convierte en realidad en un nuevo problema. En un mercado dinámico es difícil identificar una práctica con determinadas consecuencias.

Como sostiene el Premio Nobel Friedrich Hayek, el problema fundamental para el regulador es como anticipar el cambio ante decisiones que constantemente están modificándose por conocimientos (señales) descubiertos y lanzados al mercado para su aprovechamiento.

Lo que tal vez parece ser una “falla” del mercado para la entidad reguladora, sería más bien un paso necesario en el proceso de descubrimiento de conocimientos empresariales necesarios para la solución de tal “falla”. En otras palabras, es muy probable que la entidad reguladora, al no conocer todos los obstáculos que encaran los agentes del mercado, pudiera entender en un determinado momento, en el horizonte temporal, como una solución ineficiente, pero en realidad es un problema mucho más complejo que parcialmente es percibido por el regulador y, que el mercado está solucionándolo.

Finalmente, un entidad reguladora podría identificar una institución de mercado, que tal vez, en principio, sea perfeccionado, pero en el momento de la imposición de una nueva regulación le será muy difícil conocer “a priori” cómo una nueva regulación termina por mejorar al mercado.

Frente a esta limitación, señala Israel M. Kirzner, el proceso empresarial es, en sí mismo, relativamente más eficiente en responder a la medida los problemas espontáneamente localizados, de manera que deja margen a los empresarios para el reajuste y cambio. Las soluciones del libre mercado son a menudo preliminares y flexibles -sujetas al continuo perfeccionamiento empresarial-, mientras que las regulaciones, son normas consolidadas, rígidas y difíciles de cambiar en forma oportuna a la medida de las circunstancias locales.©

Por Jose Luis Tapia, Presidente del Instituto de Libre Empresa (ILE)

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