blog | 22 agosto, 2000

Los economistas tradicionales

ILE

La globalización y el reconocimiento internacional del fracaso de cualquier modelo socialista han determinado la reconsideración del rol de los economistas y, a su vez, han desacreditado a los economistas tradicionales, replanteándose, inclusive, la utilidad de la enseñanza de las matemáticas, estadísticas y econometría en las universidades. Según The Wall Street Journal of Americas en un artículo titulado «Los Economistas se Convierten en Víctimas de Sus Propias Estadísticas», la tendencia en los EE.UU, es a contratar cada vez menos economistas tradicionales: aquellos «académicos vestidos de cuello y corbata» que pronostican el futuro económico del país con modelos económicos de alta sofisticación matemática. Importantes empresas privadas como el CityBank, The Wells Fargo & Co y el BankAmerica son algunas de las que han reducido la nómina de economistas que tenían hace algunos años en sus respectivos departamentos. La industria manufacturera en los EE.UU. ha reducido la contratación de economistas de 28% en 1997 a 7% en 1998 y, en la industria financiera, de 16% en 1997 a 14% en 1998.

La lección del mercado aconseja que los economistas modernos deben interpretar los cambios y tendencias en un determinado nicho de mercado, tal que sea útil para la administración de la empresa, como está ocurriendo en el sector consultoría en los EE.UU., donde las contrataciones han aumentado de 8% en 1997 a 19% en 1998.

Una explicación sería que: a) los economistas tradicionales no satisfacen las expectativas de las empresas al efectuar pronósticos económicos y, 2) muchos modelos económicos son lamentablemente inadecuados.

Un ejemplo en el Perú sería que muchos empresarios se equivocaron al mantener un ritmo de endeudamiento crediticio con los bancos sin tomar medidas oportunas para enfrentar exitosamente la crisis financiera internacional que afecta desde 1997, que a pesar de contar con los consejos de economistas tradicionales y sus informes económicos con impresionantes corridas econométricas, el resultado es que el gobierno sale al rescate de bancos y flexibiliza el pago de deudas tributarias exigido por el sector empresarial en 1999.

No es pura coincidencia que los economistas austriacos advirtieran de este uso indiscriminado de las matemáticas y estadísticas en la economía. En sus albores, la escuela austriaca, representada por Ludwig von Mises, señaló que si fuera posible calcular la estructura del mercado no habría tal cosa como la incertidumbre. En efecto, los economistas austriacos modernos sostienen que el observador (léase economista) no puede hacerse de la información subjetiva que reina en el mercado, y que de manera descentralizada está siendo creada continuamente por empresarios; esto justifica la imposibilidad teórica de una predicción acertada en tiempo y lugar con un contenido empírico. Además, consideran que los fenómenos empíricos son continuamente variables, de modo que, en los acontecimientos sociales, no existen constantes sino que todo son variables, lo cual hace difícil cumplir con el propósito de la econometría.

Respecto del uso de las matemáticas en la economía, el error principal no estriba en ignorar la sucesión temporal que bien puede describir las ecuaciones diferenciales, sino que el funcionamiento del proceso de mercado no es considerado. El método matemático no puede explicar cómo, en un estado de equilibrio, surge aquel actuar que tiende a engendrar el equilibrio. Las ecuaciones diferenciales en un mundo mecánico (cosa diferente del mercado) describen con toda precisión las diversas situaciones sucesivamente registradas en un intervalo del tiempo, pero si construimos un modelo económico con ecuaciones diferenciales, no podrá reflejar las circunstancias propias que dan origen a los resultados de dicho modelo, es decir, no describirá el proceso de un estado de equilibrio a uno de desequilibrio provocado por el empresario. La economía se interesa por el individuo, no es sólo bienes y servicios como algunos erróneamente creen, sino predominan los juicios de valor. No dice que A es igual a B, típico razonamiento cuantitativo. Dice; prefiero A a B. Solamente al través de estos juicios aparece la acción de los individuos. Esto nos dice que en la economía donde el actor es el individuo no existe tal cosa como una unidad de medida, menos una posibilidad de medición.

En resumen, el desprestigio de los economistas tradicionales se debe al uso indiscriminado de las matemáticas, estadísticas y econometría, resultado inevitable de métodos positivistas, historicistas y empiristas. Una alternativa con menos probabilidades a equivocarse es efectuar predicciones cualitativas que podrían deducirse «a priori» de los desajustes provocados por la intervención gubernativa sobre el mercado. ©

Por José Luis Tapia R., Director de ILE.

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