blog | 20 febrero, 2002

¿Los impuestos desarrollan al país?

ILE

Esta pregunta surgió hace más de un año, durante un foro que fue organizado por tres importantes gremios empresariales, con el propósito de reunir a expertos en comercio internacional, para que discutieran qué tipo de aranceles generan desarrollo, entre si el Perú debía optar un arancel plano o un escalonado. Al término del evento, la encuesta arrojó que más de un 50% prefirió un arancel más bajo, indistintamente si era plano o escalonado.

El sentido común de la gente arrojó cierta luz respecto de la naturaleza de los impuestos. Al pagar impuestos, el sector privado se deshace parte de su ganancia generada exitosamente, producto de la combinación acertada de los factores de la producción, para crear un bien o servicio que coincide exactamente con las preferencias de los consumidores en el mercado. La pregunta es:¿si los impuestos pagados por las empresas desarrollan al país?. Si fuera cierto, a mayor nivel de impuestos un país podría salir fácilmente del atraso económico y social. Pero como usted habrá notado algo falla en este razonamiento. Eso mismo se puso en evidencia cuando los empresarios contestaron la encuesta del evento. Ellos intuyeron que se trataba mas de redistribución que de creación de riqueza.

Los impuestos son el precio que debemos pagar que nadie destruya los mercados, que nadie le robe a nadie y que todo funcione en buen orden. Pero si la tarea se lleva en buena forma y, sobre todo, si un gobierno se apega a los principios de una sociedad con individuos libres, la cantidad de impuestos que debe pagar cada ciudadano será mínima. Pero cuando los impuestos son altos (como los actuales aranceles a las importaciones) se traducen en precios más caros; porque todos los impuestos se trasladan en última instancia, hacia abajo. Impuestos para “que pague a quien más tiene” dañan al más pobre. Esa es la propuesta muy extendida entre quienes postulan redistribuir la riqueza.

La verdad es que cuando los ricos pagan altos impuestos sacrifican futuras inversiones, escondiendo la riqueza en lugar de invertirla. Esos impuestos equivalen a empresas que no se inauguran, o que no crecen, o reducen sus operaciones. Son despidos y desempleos; y empleos directos que no se generan, e indirectos que tampoco ven la luz. Son sueldos y salarios que no se ganan; y que por tanto no adquieren bienes y servicios, que por su parte tampoco se producen. ¿Eso significa desarrollo?. Es uno de los tantos métodos antiempresa y antiempleo que finalmente perjudican a las clases sociales pobres.

Por si fuera poco, el fundamento del por qué un impuesto no es sinónimo de desarrollo, sino que además colisiona con el tema moral, se debe a que estamos pasando por alto el derecho que tiene cada uno a la propiedad privada. El sueldo de un obrero, las ganancias de un comerciante o las utilidades de un empresario son propiedad privada y, por lo tanto, no puede ser alegremente arrebatada permanentemente con la creación o subida de los actuales impuestos, así venga legalmente del Poder Ejecutivo o del Congreso. ¿Ahora entiende usted por qué los impuestos aparte de crear subdesarrollo son inmorales en su naturaleza?. Por eso, ante la inminente reforma del régimen económico se sugiere poner un candado constitucional, de tal manera que los impuestos y el endeudamiento interno y externo que genera el Estado, sean aprobados mediante un referéndum popular. Así como hay congresistas que tienen la iniciativa de sacar firmas para impedir las privatizaciones de la empresas eléctricas, del mismo modo, debe hacer suya esta propuesta, para impedir que en el futuro se aprueben la creación de nuevos impuestos y se endeude nuevamente el Estado, que en realidad hipoteca la economía cada uno en beneficio de los políticos de turno.

 

Por José Luis Tapia, Presidente del Instituto de Libre Empresa.

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