blog | 30 enero, 2003

Los nacionalismos económicos conducen al atraso

ILE

Hay una peculiar campaña electrónica que en las últimas semanas está circulando por internet y tiene por objetivo la promoción del empleo en el Perú, utilizando el pensamiento nacionalista en nuestras compras.

Para comenzar, felizmente, no sugieren alguna medida coercitiva que impida al consumidor elegir libremente.

Eso es un avance positivo por que al menos hemos aprendido que pedir al gobierno la prohibición a las importaciones no funciona, y no sólo consiguen ahuyentar las inversiones empresariales sino también efectos contrarios al bienestar del consumidor.

Las personas que han escrito esos textos de opinión conocen algo de cómo funciona la economía de mercado.

Es por ello que enfocan el problema por el lado de la compra del producto nacional que de alguna manera financia indirectamente los factores de la producción para crear bienes y servicios; entre ellos el factor laboral.

La globalización ha provocado que las fronteras desaparezcan.

Los capitales nacionales y extranjeros se han mezclado tanto que informarse sobre qué productos son o no son importados  tiene un alto costo de oportunidad para los consumidores peruanos.

Como no hay revistas especializadas «peruanas» gratuitas  que hayan identificado qué otros productos no señalados son peruanos la e-campaña esta condenada al fracaso.

Correspondería a los nacionalistas proporcionar sin costo alguno esa información bien detallada  a nivel de las 6,890 partidas arancelarias para que su e-campaña funcione y no sólo se limite a los 25 productos señalados, pues muchos de nosotros no sólo comemos fideos, galletas, gaseosas y sandwiches.

Si aplicamos la lógica del nacionalismo que sugieren los proponentes no sólo tendríamos que dejar de comprar objetos como los señalados, sino tendría que dejarse de ver y escuchar buenos programas de radio y televisión extranjeros como las películas de TNT, los documentales de National Geographic,  o las noticias de CNN, por que Mónica Delta, Federico Salazar, y otros periodistas se quedarían sin empleo.

Asimismo, comprar novelas importadas de Orson Wells o  Victor Hugo dejarían sin empleo tal vez a un peruano-hispano como Mario Vargas Llosa, o a Alfredo Bryce (aunque este preferiría quedarse en España será muy dificil saber si encontrará empleo allá) o a un Jaime Bayli.

Los conocimientos también podrían entrar en esta lógica del nacionalismo.

Aprender  teorías y pensamientos políticos, económicos y sociológicos de Premios Nobels del extranjero dejarían sin empleo a seguidores de José Carlos Mariategui, Haya de la Torre, Abimael Guzmán, Ollanta Humala y de otros tantos peruanos que escriben teoría y manuales pero que no son importantes para la ciencia y la vida práctica de millones de personas.

No es casualidad que la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, teniendo 5 siglos de vida institucional, no haya producido hasta ahora un Premio Nobel.

En resumen, si bien los señores nacionalistas tiene muy buenas intenciones con el Perú, no debe soslayarse que sus soluciones llevadas a la práctica condenaría al atraso económico, cultural y político de 25 millones de peruanos.

Entonces va la pregunta: ¿Alguien se privaría de comer un plato de chifa  por que su procedencia es de la China?

¿Alguien dejaría de leer al gran economista Adam Smith por que es escoses?

¿Alguien dejaría se privaría de comer pastas y pizzas por que su origen es europeo?

Esas y otras preguntas deberían responder los propulsores del pensamiento nacionalismo económico.©

 

Por Jose Luis Tapia, Presidente Ejecutivo del Instituto de Libre Empresa

Entradas Recientes