blog | 17 mayo, 2001

Mitos del comercio internacional

ILE

La consecuencia del miedo empresarial frente a rivales más fuertes los pone en una actitud totalmente pasiva. Cuando el empresario tiene miedo, el reflejo inmediato es pedirle al gobierno salidas fáciles como por ejemplo; cambio de reglas para restringir las importaciones mediantes medidas arancelarias y parancelarias, es decir, se pide que se restrinja el libre mercado. Así los mitos constituyen piezas maestras para los empresarios que tienen una autoestima baja y se alimentan de ellos; dado que no son capaces de valerse por si mismos cuando se le presentan desafíos en su comercio con el mundo.

Enseguida, voy a intentar desentrañar algunos mitos del comercio internacional para aquellos empresarios que todavía no están muy convencidos de un comercio mas libre, o mejor dicho, de la aplicación de 0% de impuestos a las importaciones, pero que, por alguna razón, estarían dispuestos a aceptarlo siempre y cuando el argumento sea coherente y convincente, mientras que, para los que han tomado partido por la protección este artículo no está dirigido a ellos.

 

Primer mito: Las importaciones son malas, las exportaciones son buenas.

El objetivo “final” de todo comercio internacional es la compra y no la venta, cuando uno sale al mercado internacional uno va a comprar lo que necesita y paga la factura por ello. En el caso de las importaciones, son ellos el objetivo “final”, mientras que las exportaciones son el “medio” para pagar las importaciones. Un país realmente gana o se beneficia cuando importa, no cuando vende. Solo gana el exportador cuando vende, pero no el resto del país. Por eso no es aceptable que se diga que un país gana cuando exporta y pierde cuando importa, por que se esta tratando a la economía como si fuera una empresa cuando no lo es. Sino observen a los importadores, ellos se benefician cuando compra importaciones baratas, y además, importan porque existe gente dispuesta a comprarle lo que ellos compran del extranjero. Si realmente nos beneficia las exportaciones y nos perjudica las importaciones, cerremos la economía y olvidémonos del comercio internacional. Pero esto ya se intentó en extremo en el Perú, con altos aranceles prohibitivos y escalonados, en los períodos de 1970-1979 y de 1985-1989.

No hay que confundir el “fin” con el “medio”. El medio es producir para consumir. Y se exporta para importar por que las importaciones no son gratis.

 

Segundo mito: Las importaciones acaban con los empleos

Esta es una verdad a medias. Hay que decir la otra parte, por que también es importante. Si mas consumidores peruanos prefieren productos extranjeros que los productos peruanos, los efectos que se darían son: (1) los empresarios ineficientes cerrarán sus empresas, (2) los restantes empresarios se volverán eficientes y, (3) surgirán nuevas empresarios y, por consiguiente, crearán nuevos empleos.

La gente al disponer más plata en su bolsillo, por efectos de menores precios y mejor calidad de los productos importados, el excedente podrá disponerlo de la siguiente manera: (1) ahorrar, (2) invertir o (3) consumir. La tercera opción definitivamente va a activar nuevas industrias cuando antes con aranceles no se hacia. Por ejemplo: si S/.30 costaba un polo importado y, se elimina los aranceles del 12%, el precio del polo bajara a 12%, es decir, ahora sólo costará aproximadamente S/.26, y su excedente de S/. 4 soles, si lo consume o lo invierte, creará nuevos negocios y, por supuesto, nuevos empleos. Se destruye por un lado empleos de empresas ineficientes, y por el otro, nuevos y vigorosos empresarios crean empleos, al final siempre el saldo es positivo, por que los recursos al ser siempre escasos se están empleando eficientemente.

En esta situación, gana el consumidor por que paga menos por los bienes importados y, gana la economía por que aparecen nuevos empresarios, al haber detectado nuevas capacidades de compra de los consumidores. Si eso ocurriera en una economía como la nuestra el efecto sería muy notable. Poner arancel a las importaciones es aceptar un grado de ineficiencia en la economía. Y por último, como ejemplo, las estadísticas del Departamento de Trabajo de los EE.UU. dicen que por cada un (1) empleo salvado por proteger la industria, se destruye ocho (8) empleos en la economía.

Tercer mito: El sector manufacturero peruano está desindustrializando por la competencia internacional.

Algunos sostienen que la economía del Perú se está “desindustrializando”, debido a la supuesta incapacidad de los industriales peruanos, para competir en los mercados internacionales. Aparte de ser una visión pesimista del peruano como “incapaz”, tal información no es cierta.

El producto de la manufactura como porcentaje  del producto nacional bruto está en promedio en el orden del 20%. Ha transcurrido más de 10 años desde que se liberalizó la economía y no se puede afirmar categóricamente que el sector manufacturero está perdiendo peso en la economía. Hay que añadir que la composición del empleo y el producto cambian, como ocurre en una economía dinámica llena de innovaciones y nuevas tecnologías.

 

Cuarto mito: La mano barata de los países asiáticos constituye una ventaja injusta.

Suele decirse que si a los obreros textiles de Singapur se le paga solo un dólar por hora, es imposible que la industria textil peruana compita, puesto que los obreros textiles en el Perú se les paga. Supuestamente es necesario la protección, si se quiere que la industria textil peruana sobreviva.

Este argumento puede parecer atractivo a primera vista, pero pasa por alto varios hechos importantes. Si la productividad de los obreros peruanos es varias veces mayor, entonces, que sea mayor los salarios en el Perú no constituye desventaja. En segundo lugar, la idea que los salarios bajos “explican” las pautas del comercio internacional es ilógica. De ser cierto esto, los EE.UU. no exportarían casi nada, ya que los salarios estadounidenses son prácticamente lo más elevados del mundo. Lo que determina la ventaja comparativa de un país en el comercio internacional, es la cantidad total de recursos que debe utilizar para producir un bien dado, no sólo la mano de obra.

Muchos países de salarios bajos, importan bienes peruanos, por que tenemos ventaja comparativa en la producción de esos bienes, pese a que nuestros salarios sean más altos que de los asiáticos. Además, los países de ingresos bajos a la postre debe importar bienes del Perú, por que no pueden hacer otra cosa con los dólares que reciben de sus ventas a nuestro país. Deben usar los dólares para comprar productos peruanos o vender los dólares a alguien más que quiera hacerlo. Los dólares no tienen valor alguno para los paises de salarios bajos, salvo como instrumento de intercambio.

Finalmente, no resulta claro por que es “injusto que los consumidores peruanos disfruten de bienes de menor precio o de mayor calidad producidos en el extranjero por países de salarios bajos (o por cualquier país)”.

 

Quinto Mito: La protección es necesaria para contrarrestar la “inundación”

La llamada inundación ocurre cuando los fabricantes extranjeros venden productos en el Perú, que supuestamente tienen un precio inferior, a aquel al que se venden en el mercado de origen. Existen muchas leyes que prohíben la inundación con el argumento de que trata de competencia desleal. Pero también existen razones económicas sólidas para tales prácticas comerciales. El cobrar por debajo del costo es una práctica comercial competitiva común. Los restaurantes recién establecidos que sirven comidas rápidas, por ejemplo, suelen tener promociones especiales de ‘tres platos por el precio de uno” para inducir a consumir más. Las pérdidas sufridas durante las promociones, se consideran una inversión que producirá ventas futuras al generar una clientela. Es indudable que los precios bajos siempre benefician a los consumidores, pero rara vez acusamos al restaurante local de inundación. Tal vez se deba a que los consumidores puedan ver con nitidez, los beneficios de semejante competencia.

Suele decirse que la inundación ocurre por que los gobiernos extranjeros subsidian a algunos de sus fabricantes, lo que permite a esas empresas tener precios por debajo de las empresas peruanas. Tal vez estas políticas sean erróneas, pero no existe razón alguna para que los consumidores peruanos, deban ser castigados con precios altos, por las políticas equivocadas de los gobiernos extranjeros.

También existe oposición a la inundación, por ser considerada un medio para monopolizar el mercado dejando afuera la competencia con precios bajos. Pero habría que reflexionar que cualquier fabricante que cobrara precios monopolísticos, se enfrentarla a una feroz competencia internacional y nacional, que rápidamente disminuiría cualquier poder monopólico. Las empresas que acusan a sus competidores internacionales de inundación, simplemente, no desean cobrar precios tan bajos como los de sus competidores.

Sexto Mito: Es necesaria la protección temporal para adaptarse a la competencia.

 

La protección rara vez cumple eso. A la industria textil y de calzado se le prestaron auxilio comercial “temporal” en períodos de 1970-1977 y 1985-1989, y aún, están siendo “auxiliados”. Siendo el proteccionismo una mala idea, razón por el cual, muchos etiquetan esa ayuda, como “temporal’. Sin embargo, tiende a empeorar las cosas para la industria, y de ninguna manera, a mejorarlas.

 

Al disminuir las presiones competitivas, el proteccionismo tiende a desalentar la innovación. Las empresas se muestran menos interesadas en invertir en marketing y tecnología, cuando pueden obtenerse utilidades con la misma facilidad, mediante la ayuda del gobierno, o haciendo lobbies  en los ministerios de comercio e industrias.

 

Sucede también que la inversión suele disminuir durante períodos de protección, lo que ocasiona que quede aún más rezagada con respecto a la competencia. Cuantas más dificultades se le presenta a la competencia, más tardan las industrias, en general, a utilizar los progresos tecnológicos de las máquinas y métodos de producción.

 

Sétimo mito: Debemos aplicar barreras comerciales tan igual como lo hacen los países desarrollados.

 

Si esos países son tan inconsecuentes para dañar a sus propios ciudadanos, levantando barreras comerciales, eso es un problema de ellos. Pero no existen argumentos, como para castigar a los consumidores peruanos, y en general a los consumidores del mundo, por erróneas políticas comerciales de sus gobiernos. Además, el empleo de represalias comerciales sería contraproducente para cualquier país en desarrollo. Al reducir el flujo de dólares proveniente del Perú, los extranjeros tendrán menos dólares que gastar en este país, lo que a la postre perjudicará a las industrias exportadoras peruanas. Las exportaciones peruanas suelen decaer una vez que las importaciones se reducen. En consecuencia, el empleo disminuirá en las industrias relacionadas con la exportación.

 

 

Entradas Recientes