blog | 29 septiembre, 2007

¿Por qué No Somos Ricos?

ILE

Cuando uno observa las huelgas y protestas de los maestros, cocaleros, agricultores, madereros, transportistas y otros grupos, pidiendo al gobierno aumento de sueldos y mejoramiento de la economía, enseguida uno se pregunta si lo que está sucediendo no es siempre lo mismo. ¿Es natural que en un libre mercado no se produzca riqueza? ¿Se le podrá pedir al empresario que cumpla con crear riqueza y empleo si el clima político que persiste es contraria a la libertad empresarial?.

En el cuadro 1 la ecuación indica que el empresariado crea riqueza y empleo (R,E) siempre que pueda combinar los siguientes factores: recursos naturales (Rn), mano de obra inteligente (Ti), capital (K) y libertad (L).

Sin embargo, hay que señalar que este último factor es tan indispensable para el empresario que se debería otorgar la debida importancia. ¿Y de qué depende, entonces, la libertad?. Depende del respeto a los derechos de propiedad (DP), que a su vez depende proporcionalmente de las influencias favorables (IF) o contrarias (IC) al mercado libre. Si el clima político-ideológico da como resultado que IF es mayor que IC, entonces el resultado es mayor que uno, es decir, que el evidente respeto de los derechos de propiedad potencia N veces la creación de riqueza y empleo. En cambio, si IC es mayor en el denominador que IF, entonces, al no haber respeto a los derechos de propiedad privada la productividad del empresariado disminuirá a causa de las influencias nefastas de un sistema politico estatista. Definimos como sistema estatista aquella sociedad que tiene gobiernos ilimitados en sus funciones, con mercados reprimidos por muchas regulaciones y altos impuestos.

¿De qué manera el empresariado es afectado por el estatismo?. En el cuadro 2, se explica cómo un clima político-ideológico hostil al mercado libre recurre siempre a los famosos impuestos (I) y regulaciones (R).

Si el clima es abiertamente adverso a la iniciativa privada, pronto veremos como la carga negativa de estos instrumentos de política afectarán gravemente el ahorro (A) y la inversión privada (I). Lo mismo ocurre, pero de manera inversa, cuando las instituciones y partidos políticos hacen una defensa moral y económica de las ideas del libre mercado. De modo que para garantizar la creación de riqueza es necesario fomentar el ahorro interno a fin de que la oferta sea lo suficiente para abastecer de capitales a los inversionistas nacionales. A menos que el sector privado recurra a préstamos del exterior, el crecimiento en el largo plazo no será sostenible si dependemos exclusivamente de las inversiones extranjeras. Inclusive, estas inversiones son mucho más sensibles a cualquier incremento del riesgo pais que las inversiones nacionales. Sólo observemos como a pesar de los variados experimentos económicos desde el corporativismo estatal hasta las reformas neoliberales, el empresariado nacional ha seguido apostando por el Perú con pequeñas pero valiosas inversiones. Pero como somos un pais de ciudadanos pobres es difícil que el consumo (C) sea lo suficientemente importante como para reactivar la economía sin recurrir a los experimentos del Ministerio de Economía y Finanzas. Menos aún, si pensamos que el excedente de la empresas (E) va significar que la reinversión de utilidades servirá capitalizar y crecer sostenidamente en el mediano plazo.

Creemos pertinente indicar que el Estado es el único sector que se beneficia de este clima hostil y que acapara buena parte del capital y libertad extraídos injustamente desde el sector privado. Gracias a los impuestos y regulaciones, los empresarios privados son muy poco productivos y las Mypes no pueden crecer. En el cuadro 3 se señala los tres sectores de la economía; estatal, formal e informal.

Mientras que el sector formal se ve desprovisto de libertades por culpa de las sofocantes regulaciones, los impuestos elevados, por su parte, inhiben la formación del ahorro nacional; y las demasiadas regulaciones inhiben las decisiones de inversión. Por otro lado, el sector informal no tiene otra salida que escapar de las regulaciones, y por eso tiene libertad, más carece de capital, porque debe soportar el mayor peso de los costos del estatismo a través de los impuestos. Las cargas tributarias efectivas de todos los impuestos se trasladan hacia abajo mediante los precios, a través de los corredores productivos; y este proceso de traslación afecta a los que están más abajo en la pirámide social. Los de abajo no tienen a quiénes trasladar costos de las ineficiencias; por eso los consumidores y empresas del sector informal siguen siendo pobres. De este modo, el estatismo encarnado en las regulaciones e impuestos excesivos son las pesadas rémoras que impiden el proceso de creación de riqueza de la economía peruana.

¿Solución para acabar con las huelgas y los sueldos bajos?. Terminar con el estatismo. ¿Y cómo? Muy simple: reducir los impuestos y las funciones del Estado, y derogar los cientos de miles de hojas de reglamentos o leyes especiales. Pero es el Congreso y no el Ejecutivo quien tiene el poder de derogarlo y lanzar al Perú por la vía del crecimiento económico. Que no podamos crear riqueza tiene una causa muy específica: las leyes malas, que entorpecen el funcionamiento del libre mercado. Para que haya riqueza en el Perú, bastaría con derogarlas, lo que sólo el Congreso puede hacer. Pero un Congreso con mayoría liberal. ¿Cuáles son esas leyes malas?. Las hay de cuatro categorías:

a) Las que confieren a los Gobiernos atribuciones que no les corresponden, por no ser sus propias naturales, como son las represivas, judiciales, y licitación de obras genuinamente públicas. Entre estas, las leyes de “educación” y “salud”, y otras que interfieren en el funcionamiento de la economía: leyes de Bancos; de crédito (a la vivienda, agricultura, microempresas, etc.); ley bursátil o de mercado de capitales; leyes cambiarias; de seguros; ambientales, etc. Y las leyes antidroga, que magnifican el problema a la enésima potencia. Y todas las leyes que establecen jurisdicciones especiales, en lugar de los tribunales ordinarios.

b) Las que permiten a los Gobiernos detraer recursos excesivos de la sociedad, alegando necesitarlos para cumplir todas las funciones atribuidas, tanto propias como impropias, y “redistribuir la riqueza”. Son las leyes de crédito y endeudamiento público; del Banco Central y curso legal de la moneda; encaje legal y seguro de depósitos, etc. Y todos los “impuestos malos”: punitivos o confiscatorios; fraudulentos; y discriminatorios.

c) Las leyes que ponen a los mercados en condiciones de extrema represión, so pretexto de “corregir sus fallos”. Como por ej. las de profesiones y oficios; reglamento requisitorios de permisos y licencias; controles de precios; de alquileres; leyes de “defensa” del consumidor, “antimonopolio” o “pro competencia”; “antidumping”; aranceles “proteccionistas”, etc. Y todas las leyes “del trabajo”, que crean desempleo: salariales, obreras y gremiales; de contratación colectiva; “protectoras” de niños y adolescentes (que les impiden trabajar, y los arrojan a la mendicidad, delincuencia, crimen, etc.)

d) Las que mezclan indebidamente lo público y lo privado, siendo fuente de distorsiones, empobrecimiento y corruptelas. Entre ellas, las leyes de empresas estatales; de “promoción” a ciertos sectores; subsidios; “Sistemas” estatales de seguridad social, etc.

La libre iniciativa empresarial puede ser una poderosa aliada de los gobiernos para evitar cualquier inestabilidad del clima político y social, solo si estos brindan un marco jurídico-institucional favorable a la libertad y propiedad privada, la cual implica derogar las leyes que imponen regulaciones sofocantes e impuestos fatídicos para los pobres.

Por José Luis Tapia, Director General del ILE. www.josetapia.pe

Nota: solicitar los cuadros a info@ile.pe

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