blog | 9 diciembre, 2017

Requiem por Jerusalem

ILE

Ahora la progresía mundial se araña la cara solo porque el presidente Trump reconoce a Jerusalén como capital del Estado de Israel, en lo personal estoy de acuerdo, pese al berrinche de Macron, la tirada de cabellos de Bergoglio o la consabida triple moral de Putin, Trump ha honrado su promesa electoral legitimándole como capital de Israel.

Aquí no solo cabe la muy personal creencia del judeo-cristianismo y su cuna Jerosolimitana sinó que se necesita ser deficiente mental para seguir afirmando que Palestina es un país y sostenerlo repetidamente y ya sabemos que la progresía padece de esa deficiencia. Tanto Macron, como May y hasta el Papa socialista, han dicho entre pataletas que Trump acaba de “romper el equilibrio mundial”.

Como para que no quepan dudas, es un axioma del pensamiento postmoderno que todo lo que haga o diga Trump, más aún si es políticamente incorrecto, es lo peor de lo peor.

El equilibrio del que hablan los plañideros se refiere al hecho de que Jerusalén está en los “Territorios Ocupados” es decir, en la mal llamada Cisjordania – su nombre real es Samaria – el territorio “palestino” primero anexionado por Jordania y que los israelíes re anexionaron tras la última guerra en la que humillaron a la Liga Árabe que intentó echarlos al mar.

El conflicto existe desde que existe Israel y nada ha cambiado, no ha faltado líder con ínfulas de “héroe del mundo” que no haya propuesto su “plan de paz” para la zona. Y a este desastroso conflicto inacabado, que a veces estalla en violencia directa, es a lo que los opinólogos progres llaman “equilibrio mundial”.

Detrás de los “palestinos” estuvo el mundo musulmán, el islámico, la Unión Soviética y la izquierda paniaguada, por eso se mantenía. Pero han pasado muchas cosas. Ese famoso “equilibrio” ha cambiado la Unión Soviética no existe, los países árabes, se han cansado de perder en masa frente a su solitario enemigo y la solidaridad con los “hermanos palestinos” se ha congelado.

Israel, sin más, es invencible y no solo porque es una potencia nuclear con una fuerza armada temida, capaz de aplastar a sus enemigos a la vez; también es distinto desde un punto de vista de legitimidad, porque Israel ya no es tierra de inmigración; los judíos de Israel no pueden ser devueltos, porque han nacido allí, esa es la única patria que conocen.Ya no son los trasplantes sacados forzadamente de Europa del este, son israelíes, hijos y nietos de israelíes. El hebreo es su idioma y Jerusalén, es su capital.

Ahora bien Palestina nunca fue un país ni lo es, es el nombre de un gobierno artificial, es una marioneta administrativa de dos grupos terroristas – Hamash y Fatah – que ostentan el poder verdadero. Ambos se han repartido el poder de facto, tanto en Gaza como en Samaria, (mal llamada Cisjordania) hasta hoy.

Lo que se conoce como “Autoridad Palestina”, que ni siquiera cumple los requerimientos mínimos de un gobierno formal, empezó a ser llamada como “Estado Palestino” desde 2014 mediante un acuerdo concertado en Francia, tras la crisis entre Hamas y Fatah, es decir, un gobierno por necesidad política, no por representación popular legítima.

Pero nada ha funcionado, Hamas gobierna abiertamente en Gaza, ese es el poder real. En suma, “Palestina” sigue siendo un gobierno, fantoche y “unido”, mediante un títere llamado Mahmoud Abbas, un negacionista del Holocausto, al que han eternizado en el poder.

Si tomamos en cuenta que el Estado es un ente soberano, coercitivo y si no es soberano, es cualquier cosa menos Estado, se desprende que como ente soberano, es capaz de hacer posible tanto derechos individuales como mantener la paz.

En suma, el único Estado existente entre el Jordán y el Mar Mediterráneo, es el de Israel, no existe otro. Palestina es solo un quimérico gobierno establecido en dos zonas (Gaza y Samaria) tiene territorios y  en el caso de Samaria ni siquiera está definido, pues su pertenencia está cuestionada al tener población mayoritariamente judía, pero no tiene autoridad estatal ni gubernamental sobre su pueblo.

Esa es la razón de porqué la sociedad allí, es fallida y que su gente actúe primitivamente pues no tiene límites, puede atacar con Intifadas tirapiedras a los israelíes (sean judíos, cristianos o musulmanes) cuando le place y luego hacerse las víctimas ante la comunidad internacional, por las justificadas represiones israelíes.

Y esto sucede precisamente porque no existe Estado alguno, ni tampoco un Gobierno legítimo que aplique la ley y sancione a los transgresores. Como se verá Palestina no es más que una salvaje nación artificial, creada en un contexto de gran oposición árabe-islámica, anti judía, que pervive hasta, hoy reducida en las mentes de sus delincuenciales dirigentes.

Ya no existe el contexto de fines de los 40’s, el panarabismo de Nasser y sus aliados de la Hermandad Musulmana – madre de Hamash, Fatah y la Revolución Iraní – sus compañeros mártires son recuerdo, lo que ahora ocupa a las petromonarquías del Golfo es su rivalidad con Irán, la salvaje teocracia que aceita la maquinaria terrorista de Hamash y Hezbolah, el grupo que molesta tanto a Israel como a los árabes del Golfo.

Eso ha acercado indirectamente a dichas petromonarquías a Israel, además de la común alianza con los Estados Unidos, solo queda Irán, el malo de la película geopolítica desde hace décadas y de hecho, la caviarada universal, pero esos, no son más que un perro de ladrido tan irritante como de inofensivo mordisco.

Donald Trump, como mandatario elegido legítimamente por su pueblo y como representante de un Estado, puede establecer la embajada de su país en Jerusalén, entendiéndose implícitamente la legitimidad de las imposiciones de Israel, sobre Jerusalem como capital.

Y en cuanto a Jerusalem, le pertenece al Estado que lo ocupa y controla, que hoy por hoy es Israel, nada tiene que hacer la ONU al respecto, cuyas absurdas resoluciones, más bien deslegitiman la soberanía institucional y que por desgracia ha conllevado a esa monstruosa e innecesaria repartición de Jerusalem en fracciones.

Históricamente, quien tiene la existencia es Israel, Palestina es una ficticia división administrativa, que se artificializó en “nación” una mentira no solo extravagante sinó también anti-judía, por supuesto.

Por: Richard O. Campos Villalobos, analista  político

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