blog | 27 diciembre, 2002

¿Rol o reforma del estado?

ILE

Para quienes sostenemos que la libertad es el valor supremo del individuo, la protección de los derechos individuales a la vida, libertad, y propiedad privada es el único rol legítimo que le corresponde al estado. La reforma de esta institución es, por tanto, un procedimiento posterior una vez redefinido el rol del estado, asunto último por ahora no debatido, pero estimamos que llegará su momento una vez que la campaña de EXPRESO tome impulso a inicios del 2003.

Los orígenes del estado que registra la historia es la de expropiación de parte de un puñado de hombres de una de nuestras titularidades fundamentales: el derecho a ejercer soberanamente la protección – en relación a terceros agresores – de nuestro propio cuerpo. El estado por definición es violencia, agresión, imposición. Su partida de nacimiento es la usurpación y la conquista. Como señala Albert J. Nock: «El testimonio positivo de la historia es que el estado invariablemente se ha originado en la conquista y la confiscación. Ningún estado conocido históricamente se originó de otra manera. El estado no es una institución social administrada de modo anti-social. Es una institución anti-social, administrada de la única manera que una institución anti-social puede ser administrada y por el tipo de personas que, según la naturaleza de las cosas, están mejor adaptadas para ese servicio»

Ahora bien, se hace necesario analizar, por un lado, a los países que han tenido como actor principal al estado, y por otro lado, países que han apostado por las libertades individuales. Al respecto, existen muchos casos de economías que han tenido un cierto grado de intervención por parte del estado tales son los casos de Japón, Hong Kong, Israel, etc., en donde los actos se hicieron presentes para salvaguardar sectores económicos de relativa importancia, así como lograr el respeto de la ley y el orden. Cabe destacar que en este tipo de economías no se observó nada que se parezca a un control centralizado de la actividad económica, sino más bien todas han dependido principalmente de la libre empresa y el mercado. En efecto, el éxito de economías, hoy potencias, como Gran Bretaña, Estados Unidos, Europa Occidental y Japón consistió en hacer efectivo los derechos sagrados de la propiedad privada y la fuerza ejecutiva de los contratos lo cual resulta indispensable para servir de estructura de una sociedad libre.

Debemos tener bien claro que los políticos una vez llegados al poder poseen todo el monopolio de la violencia para ejecutar el rol asignado según la Constitución. Por lo tanto, para el debate de la reforma del estado no debe perderse de vista también el debate constitucional, por que a partir de ahí se establecen las autorizaciones otorgadas a los políticos y burócratas respecto de qué harán con nuestras libertades y propiedades. La aparición del derecho constitucional se fundamenta en la necesidad de limitar al estado al uso de la fuerza en los casos que se requiera preservar la seguridad externa e interna y justicia, sin perjuicio de que los individuos se defiendan a sí mismos o resuelvan sus conflictos a través de otros foros no estatales. Solo el estado puede ejecutar ese poder cuando sea necesario para ayudar a defender los derechos básicos de cualquier persona, incluyendo su propiedad, contra agresores físicos como los ladrones. Así cualquiera de nosotros estará moralmente habilitado para usar la fuerza en su propia defensa, por lo que la ayuda del estado en ese sentido es apropiada.

La capacidad de supervivencia de una sociedad como la nuestra depende que se permita la fijación de reglas de conducta para sus integrantes, las mismas que para su vigencia requieren de cierto refuerzo coactivo para protegerlos de los infractores del orden social. En este contexto la utilización de la fuerza y la justicia es un rol legítimo que debe por ahora cumplir el estado con el propósito de preservar nuestras libertades y propiedades individuales

Por Jose Luis Tapia, Presidente del Instituto de Libre Empresa

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