blog | 13 noviembre, 2001

¿Se debe reprimir el contrabando?

ILE

Hay opiniones formadas acerca de este controvertido comercio, que lo realizan muchas personas y hasta familias enteras.

Sin embargo, algunos llegan a confundir la causa con el efecto, planteando inclusive, que es necesario luchar hasta eliminarlo.

Una atenta reflexión nos daremos cuenta que no basta la represión sino se necesita un nuevo enfoque. ¿Qué causa el contrabando y contra qué debemos luchar?

En primer lugar, el contrabando es un comercio como cualquier otro. Más bien, la autoridad política lo ha tipificado equivocadamente como delito.

Pero en el fondo sigue siendo comercio, intercambio entre muchas personas que ofrecen y demandan cosas, a pesar de todos los mecanismos legales y policiales para impedir que muchos se beneficien.

Desde un punto de vista moral, el contrabandista es un empresario que invierte su capital para cumplir una función que Dios le ha enconmendado: la de satisfacer necesidades de su prójimo, inclusive arriesgando su vida y libertad.

Su tarea es beneficiar a millones como tú con mercaderia barata, de calidad, que este al alcance de tu bolsillo.

Es el riesgo que se corre con tal de hacerte llegar productos más baratos que de otro modo estarían costando tres a cuatro veces más que  en una tienda formal.

Desde chocolates, pasando por un balón de gas, hasta llegar a vender ropa. Todo esto a precios accesibles y encima te sobra dinero. Eso es  el contrabando: ponerte barato para aumentar tu capacidad de compra.

Si ustedes miran quienes son los que realmente reclaman, notarán que son los negocios que tributan, que han tenido la capacidad económica de sortear todas las barreras artificiales que el Estado puso para formalizarse.

No debemos olvidar que el contrabando es un efecto de la incapacidad del Estado de absorber al mínimo costo a estos empresarios, que están al margen de la legalidad.

Ya en el libro “El Otro Sendero”, De Soto y Ghersi, exploraron este submundo para explicar que la informalidad es –y el contrabando es parte de ella- el resultado de los altos costos de transacción, –léase barreras artificiales- que el mismo Estado produce, originando en el Perú una economía informal de hasta el 50% de toda la riqueza que vemos, pero que no están registradas en las estadísticas oficiciales.

Entonces, lo que debemos hacer, para solucionar este comercio informal, es hacer un esfuerzo para eliminar en la medida de lo posible, los costos de transacción que produce el propio Estado.

Entre ellos tenemos en primer lugar a los aranceles. Este impuesto es el favorito de unos cuantos industriales ineficientes que se aferran fuertemente para no competir con el extranjero, y de paso, impedir que los consumidores disfruten de productos a menores precios.

Sin embargo, ya no tendrán sentido su actual permanencia en el mediano plazo, debido que en el 2005, van a ser eliminados gradualmente por efecto de la implementación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Desde ahora debemos tomar la iniciativa reduciéndolo drásticamente, para adelantar la fecha de inicio de la desgravación, antes que los industriales mercantilistas salgan a quejarse públicamente diciendo que no están preparados para competir.

Otras barreras artificiales no menos controversiales, son los impuestos al selectivo al consumo, a la venta, a las utilidades, además de otras barreras que aumentan la informalidad como son el pago del sueldo mínimo, beneficios sociales, tasas municipales, entre los principales.

Si inicialmente logramos que estos costos de transacción disminuyan, y en otros casos, se eliminen por ser innecesarios, se habrá logrado incorporar a la formalidad a estos empresarios dedicados al contrabando.

Tengo la sospecha que ellos serán los primeros en inscribirse en las ventanillas de la SUNAT, en lugar de estar bajo la persecución del Estado.

Por último, considero que seguir luchando contra el contrabando es una batalla perdida, cuando hay necesidades que permanentemente incentivan a mucha gente a sacarle la vuelta al Estado, con no pagar los respectivos impuestos.

Más bien, la solución está en que nosotros debemos luchar para que el Estado se reforme y reduzca los actuales impuestos por una cuestión moral y económica.

Solamente cuando se le vea al contrabando desde otra perspectiva, habremos logrado civilizadamente, conquistar a miles de empresarios a entrar en la formalidad, en lugar de perseguirlos y recluirlos en la cárcel como si fueran vulgares asesinos.©

Por José Luis Tapia,  Presidente del Instituto de Libre Empresa (ILE). www.josetapia.pe

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