blog | 26 diciembre, 2004

Sin norte y sin fondo

ILE

El debate laboral iniciado entre los ministros Kuckzinsky y Neves se ha reducido a muchas formas pero con poco fondo. Quien podría cuestionar en estos momentos si la legislación laboral no es acaso las más entrometida de latinoamérica en asuntos que corresponden al ámbito privado de las negociaciones entre un trabajador y un empresario. La miopía pública no ve más allá de flexibilizar o desregular el mercado laboral, en tanto que nadie debate de manera holística la desregulación y destributación de los mercados, pues las distorsiones que se producen en un mercado como el laboral no hace más que desalentar las reformas liberalizadores de los otros mercados como el financiero, servicios públicos, bancario, comercio exterior, por citar algunos.

Quién debate por ejemplo si la OIT no es acaso presa de los grandes intereses multinacionales y de los sindicatos de los países desarrollados donde cada uno tiene su parcela; una suerte de feudos temáticos sin desarrollar reformas institucionales del estado. En sus diagnósticos figuran temas como género, seguridad laboral, horas trabajadas, protección social, migrantes, etc, pero nada de la reforma del gran desempleador de la economía que es el estatismo.

Tampoco los empresarios organizados hacen una buena defensa debido que no han terminado por entender que los derechos laborales no pueden ser colectivizados. A menos que estén de acuerdo en dejarse ser robados por las leyes de las ochos horas, de los beneficios sociales, del ITF.

Un debate de fondo y con norte será aquella que empiece a preguntarse si los actuales derechos laborales deben corresponder al dominio público. Si las ocho horas no deberían ser por negociación y no por imposición. Si acaso no es más prudente para resguardar la equidad de negociación entre el trabajador y empresario que no sólo se vea la reforma laboral sino todos los demás mercados para que puedan generar los suficientes puestos laborales y no se vea el trabajador perjudicado ante un escenario de alto desempleo. Y si los beneficios sociales no deberían ser examinados a la luz de su correspondiente productividad de cada trabajador.

Todas estas cuestiones son las que pocos se atreven a plantearlo, ni siquiera Confiep esta convencido de su propia posición. Creo que los líderes empresariales han sido vencidos por la fuerza de los argumentos colectivistas. Hace falta retomar la vieja posición capitalista laissez faire si quieren vencer al colectivismo laboral.

Por Jose Luis Tapia, Presidente de Instituto de Libre Empresa

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