blog | 24 enero, 2017

Un presidente distinto y distante

ILE

Por lo que se ve, muchos aun no asimilan ni aceptan que Donald J. Trump es el nuevo presidente de los EEUU.

A todos los payasos y vagos de medio pelo del fracaserío – no les llamo progresistas, porque son adictos al fracaso, no al progreso – rojo y la caviarada mundial les duele en el alma que haya llegado al poder del país más poderoso del mundo.

Pero les duele en el alma más porque no es uno de ellos, no es un elitista de escritorio, ni mucho menos un potentado de los dineros públicos.

Al contrario es un empresario millonario que se hizo tal gracias a su ingenio, esfuerzo y visión por eso lo odian.

Porque en el fondo anhelan tener el dinero que él logro amasar en base a esa cualidad de la que ellos carecen.

Pero resulta que lo odian mucho más porque trabaja de verdad sin importarle el qué dirán, ese factor que acompleja y acobarda a los gobernantes latinos, más que acostumbrados al correctismo político y el pietismo financiado con dinero ajeno.

Trump no tiene reparos en decir lo que piensa, eso es lo que les choca, otros se cuidan de todo en cuanto asoman, pero él no y esa esa es su mejor cualidad.

Y es que como dijeron en otro lado, Trump no es un político tradicional al estilo latino o incluso al estilo gringo.

Trump es un empresario que intentó en la política, tan harto como cualquier ciudadano de las imbecilidades dictaminadas por los burócratas del gobierno, por eso ha reaccionado como ese cualquier ciudadano expresando su hartazgo.

De un plumazo ha pulverizado la producción de buenismo sostenido con impuestos y ha quemado ese manual posmodernista que mandaba a pensar que un equipo de gobierno es mejor porque todas sangres y todas las mentes lo conforman, bloqueando la ventana virtual LGBT y la sección en español de la Casa Blanca.

Pero son los sectores acostumbrados al parasitismo los que lo odian más que los demás, son los que drenan dinero público para vivir, eso que llaman Estado de Bienestar, una costumbre habitual de la izquierda y sus acólitos.

Por eso los tradicionales ejércitos de tirapiedras han salido en desbandada a pecharlo, son los ambientalistas que despotrican del calentamiento global cuando el norte del mundo es una congeladora.

Los polos han comenzado a recuperar su hielo, son las feministas que aúllan rabiosas por los feminicidios en EEUU pero se quedaron mudas cuando el criminal régimen de los Ayatolah’s de Irán.

Llegó a la mujer número mil condenada a morir lapidada por violar la sharia y que no condenan la pederastía matrimonial en los bárbaros países islámicos, son los LGBT que quieren obligar al mundo a pensar que la sexualidad es un capricho social y no un asunto biológico.

Demás está decir que es temprano para saber qué resultados ha obtenido, en cortos cuatro días de gestión no se puede, al menos allá no se andan con la peruanada idiota de los “cien primeros días”.

La institucionalidad se impone y punto, se verá lo que va realizando, sobre todo lo concerniente al terrorismo islámico.

Por lo pronto ya anunció un programa de rearme militar sin precedentes y a amenazado a enemigos comunes de EEUU e Israel con reconocer a Jerusalem como la única capital de su aliado moviendo a su embajada hasta esa ciudad.

Lo bueno es que está cumpliendo como nunca sus promesas de campaña y con una pragmaticidad increíble.

Ha empezado a desmontar sin que le tiemble la mano, esa especie de socialismo gringo impuesto por Bill Clinton cuando asumió en Enero de 1992. Que bien por él.

Por Richard O. Campos Villalobos, sociólogo y profesor de la Universidad César Vallejo. Reside en Chiclayo. Email: r_camposvill@hotmail.com

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