blog | 7 abril, 2019

UNIVERSOS PARALELOS Y OBSTÁCULOS AL FUSIONISMO

ILE

Papeles de “El Gimnasio”

UNIVERSOS PARALELOS
Y OBSTÁCULOS AL FUSIONISMO

Alberto Mansueti,Fundador del Centro de Liberalismo Clasico

En América Latina las izquierdas siguen hegemónicas. Es porque todavía no hay partidos de derecha auténtica, la derecha “fusionista”, la que conjuga (“fusiona”) los valores de las libertades económicas con los del matrimonio, la familia y la moral, producto de la ética cristiana. La que se opone tanto al marxismo clásico, económico y educativo, que se nos impuso en el siglo pasado en Constituciones y leyes, como al marxismo cultural, que se nos pretende imponer en el presente siglo XXI.

El caso Bolsonaro ha demostrado que una derecha “fusionista” puede ganar elecciones presidenciales, entronizar un presidente y nombrar ministros y funcionarios. ¡Un éxito rotundo! Pero si no ha ganado elecciones al Congreso, no puede hacer las reformas clave, porque carece de apoyo parlamentario para derogar las leyes malas, socialistas y mercantilistas, las cuales “encarnan” el estatismo, en sus dos versiones: de las izquierdas, y de la derecha falsa o inauténtica, la que se copia del socialismo, y no quiere, no sabe o no puede hacer las reformas estructurales o de fondo.

Con leyes malas las reformas no son posibles, y sin reformas no hay riqueza ni bienestar; por lo tanto, decae el apoyo popular para el gobierno en Brasil, según las primeras encuestas de evaluación, entre febrero y marzo de 2019. Como buen cristiano, Bolsonaro debería leer su Biblia, e inspirarse en las políticas del Rey Josías: bien aconsejado por el profeta Jeremías, el gobernante decretó una amplia “consulta popular” para hacer las reformas, a fin de ganar apoyo, según el II libro de Reyes 23:1-3. Y debería hacerlo pronto, antes de agotar su capital político. Con los datos favorables de su consulta, podría y debería presionar al Congreso de inmediato. Jair Bolsonaro parece no haber leído acerca de Josías en el Antiguo Testamento. Ver mi artículo “El rey Josías en nuestros días”, del 26 de agosto de 2015; como siempre, el tiempo me da la razón, lamentablemente.
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La pregunta es: ¿cuál ha sido y es la derecha auténtica, la derecha “fusionista” en el mundo? Los ejemplos más notorios confirman que las alianzas y contra-alianzas muchas veces se construyen entre aliados que no son ideológicamente homogéneos, al menos no enteramente, pero comparten los mismos objetivos políticos y estratégicos, por diversas razones y con distintos intereses, aunque compatibles.

(1) En EE.UU., el Partido “Demócrata-Republicano”, creado en 1792 por Thomas Jefferson y James Madison. Jefferson afirmó que la libertad tiene un precio, y es “la vigilancia permanente”. Madison, consciente de que las armas más letales contra la libertad son las leyes malas, y de que se disparan desde el Congreso, declaró que la “vigilancia” jeffersoniana la ejerce el pueblo digno, consciente y decente, desde el Parlamento, representado por un partido político militante y apto para combatir por la libertad. La democracia representativa en base a partidos no equivale a la libertad, pero es el marco eficaz para defenderla de la tiranía, por medios políticos, sin tener que recurrir a la violencia.

(2) En Holanda, el Partido “Anti-revolucionario”, fundado en 1879 por el Pastor Abraham Kuyper, sumando los apoyos y los votos de católicos, protestantes, liberales y conservadores, nacionalistas moderados y ciertos intereses de tipo local y sectorial. Su política apuntaba a un enemigo común: las izquierdas, de todos los colores y matices, tanto socialistas y comunistas como “cristianas”. Y su estrategia buscaba curules en el Parlamento, para frenar las leyes inspiradas en los postulados marxistas de 1848.

(3) En España, el “Partido liberal-fusionista”, fundado en 1880 por un político decente, muy lúcido y bien formado: Práxedes Mateo Sagasta. La palabra “fusionista” describe la fusión del impulso para las reformas liberales en economía, que traen prosperidad y bienestar material a la gente de pueblo, con los valores conservadores, sabiendo que sin éstos no hay piso cultural, ético ni político, para avanzar y sostener las reformas, y hacerlas irreversibles.

(4) En la República Checa, el Partido Cívico Democrático, fundado en 1991 por el Dr. Vaclav Klaus, presidente honorario del Foro Liberal de América Latina. Su propósito fue poner freno idóneo a las izquierdas “progresistas” y “globalistas” (europeístas), una amenaza contra las libertades, igual o tal vez mayor que la del anterior Imperio Soviético, disuelto ese mismo año.

(5) En otros países de Europa central y oriental, y en algunos de Asia y África, partidos que han seguido y siguen estos mismos lineamientos “fusionistas”, han ganado el poder, derogado las leyes malas, e impulsado eficazmente las reformas estructurales.

En América latina no hay nada de esto; excepto nosotros, el Movimiento por las Cinco Reformas, el único en su género en este barrio del planeta; no hay otro. Bolsonaro no ha tenido ni tiene un partido de este corte. Ganó las elecciones gracias a una alianza meramente electoral, coyuntural, de sectores cristianos con liberales, contra el PT. Pero esa unión está mostrando ser endeble, puede evaporarse en cualquier momento, y arrojar otra vez a Brasil en manos de las izquierdas. Dios no lo quiera; pero esa posibilidad no puede descartarse.
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La siguiente pregunta es: ¿Por qué razones parece no haber cabida ni espacio para una política de partidos “fusionistas” en nuestra América hispana? La respuesta es que la “fusión” requiere de dos componentes o “sumandos” en la ecuación: liberales y cristianos. Y en ambos campos, los principales actores, tanto liberales como cristianos, no están enteramente prestos para semejante labor, por varias debilidades. Se sigue en este escrito un examen clínico descriptivo de ambos “universos”, el liberal y el cristiano, que deberían hacer el “fusionismo” político. Son universos paralelos, con “tres mundos” en cada uno de ellos.

(I) En el “universo liberal” hay tres mundos separados:

(1) El mundo político, el de los partidos “liberales” de nombre solamente, que se estructura en torno a la “Internacional Liberal”, fundada en el año 1947, en Londres. Por falta de orientación intelectual e doctrinaria, ha sido poderosamente atraído al campo de la izquierda.

(2) El mundo académico, el de las grandes “fundaciones” llamadas “tanques de pensamiento”, que se estructura alrededor de la “Sociedad Mont Pelerin”, también fundada en 1947 pero en Suiza. Este mundo se separó de la política, siguiendo el mal consejo de Hayek al respecto, y se encerró en sus “torres de marfil”. Por eso ni siquiera ha podido rescatar las Universidades, controladas por las izquierdas desde sus bastiones políticos; ni ofrecer luces a los partidos liberales sólo de nombre, los del “mundo” anterior. Tampoco ha ganado influencia, o siquiera incidencia en la arena pública, porque tratan el liberalismo como si no fuese política sino una ciencia (o una filosofía, o hasta una religión, en ciertos casos); por eso demasiados liberales lucen petulantes y engreídos: “¡Yo soy más sabio que tú, eres un burro!”. Muchos gastan su tiempo, energía y recursos en feroces combates sectarios; sobre todo los “libertarios” anarquistas y/o militantes anticristianos.

(3) Hay un “tercer mundo”, que es emergente: el de los partidos de derecha fusionista en Europa, Asia y África. No está estructurado; tampoco es visible como los dos anteriores: está invertebrado y a oscuras: ignorado por la prensa, los “analistas” mentecatos y los “opinadores compulsivos” de las RR. SS., que tanto abundan hoy día. A diferencia de los dos mundos anteriores, estructurados y visibles, éste carece de fuentes y canales de financiamiento, y vías de acceso a la gran prensa. Pero en el Centro de Liberalismo Clásico tenemos un observatorio para identificarlos.
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(II) Por otro lado, en el “universo cristiano” también hay tres mundos separados, como los del universo anterior. Puestos bajo la lupa, o mejor dicho, mirados con el telescopio, son estos tres:

(1) El primero es el de las izquierdas cristianas, socialistas y semisocialistas, que son como dos hemisferios: los primeros giran en torno a la “Teología de la Liberación” latinoamericana, un producto 100 % jesuita. Es originalmente una adaptación católico-romana del “Social Gospel” anglosajón, fruto de la “teología liberal” nacida en Alemania y exportada a EE.UU. Este virus contagia a los evangélicos cuyo voto es para los partidos de izquierda. El segundo hemisferio es el de los cristianos “pro vida y pro familia”, que sin embargo son socialistas en economía, educación y todos los engendros estatistas nacidos del marxismo clásico, vigente en nuestra América desde hace unos 100 años más o menos.

(2) El segundo es el mundo de los cristianos antipolíticos, evangélicos en su mayor parte, y en especial de corte pentecostal. Sus Iglesias, denominaciones y ministerios son su refugio escapista, algo como equivalentes eclesiásticos de los “tanques de pensamiento” alimentados por la Sociedad Mont Pelerin, igual de inservibles para derrotar a las izquierdas, y abrir las compuertas al capitalismo para todos. De otro lado, feroces combates sectarios con y entre supuestos “reformados” son frecuentes. Por eso muchos cristianos lucen petulantes y engreídos: “¡Yo soy más salvo que tú, eres un hereje impío!”

(3) El tercero es el mundo emergente, paralelo a su similar en el universo liberal. También invertebrado y a oscuras, este planeta es desconocido. Para África, hay un excelente libro titulado ‘Christianity, Modernity and Development’, del Profesor Paul Gifford. Retrata un cristianismo más apostólico e histórico, centrado más en el Reino de Dios que en las Iglesias, y que lucha fieramente para apoyar las reformas políticas, económicas, educativas y de servicio público. A diferencia de los dos mundos anteriores, estructurados y visibles, también éste carece aún de fuentes y canales de financiamiento, y acceso a la gran prensa. Pero en nuestra Academia Cristiana de Ciencias Políticas (Internacional) tenemos otro observatorio, apto para descubrirlos, medirlos y reconocerlos.
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En ambos universos, tenemos un “primer mundo” que es de izquierda; y un “segundo mundo” que no es de izquierda, pero que es funcional a la izquierda. Y en Ciencia Política sabemos que vale la premisa “si no eres parte de la solución, entonces puedes ser parte del problema”. ¿Y la solución al problema? Esa está en un “tercer mundo”, aún en construcción, invertebrado, sin visibilidad ni apoyos suficientes.

¿Eso es todo? ¿Son los únicos obstáculos en la vía hacia el fusionismo? No. Hay más. Hay tres jugadas tácticas muy astutas de la izquierda, que paralizan y esterilizan a las derechas.

(1) La prioridad otorgada al marxismo cultural, que no rompe con el clásico, es su continuación ideológica, histórica y política. Su embestida separa a cristianos de liberales “libertarios” con un Muro enorme, de gran altura, y los arroja unos contra otros, para devorarse ciegamente, cerrando así el camino al fusionismo, aparentemente sin esperanza alguna de congeniar unos con otros.

(2) La “histeria anticorrupción”, amante del socialismo, con sus tres hijas malcriadas: la antipolitica, la partidofobia, y la aversión a la democracia representativa, con su secuela de “directismo” (quimera de la democracia directa, según el politólogo italiano Giovanni Sartori). Todas sirven a la perfección a su evidente propósito: embarrar la cancha de juego, para que los cristianos y liberales se confundan, se tropiecen y caigan, finalmente derrotados. Las izquierdas no se confunden, no tropiezan ni se caen; y esto porque sus actores son profesionales expertos, bien financiados, equipados y entrenados para operar en todo terreno, y mantienen oculta una gran parte de su Agenda, en especial en lo táctico.

(3) Las izquierdas son numerosas, y aparecen siempre en múltiples variedades. Mucha gente que podría jugar en una derecha sana, opta por “el mal menor” y el “voto útil”: desconoce la política con “P” mayúscula, y se enreda en las minucias tramposas de la politiquería. Con lo cual actúa ciegamente en favor del mal, no del bien, emitiendo el voto más inútil de todos: por alguna variante socialista.

Y hay para colmo otro factor, una “arrogancia fatal”, con el título de la última obra de Hayek: ‘The Fatal Conceit: The Errors of Socialism’. Hay errores en el socialismo, desde luego, teorías económicas equivocadas, que Hayek expuso y refutó muy lúcidamente; pero son sólo la excusa para disfrazar su maldad. La “arrogancia” no es un error, es un pecado, es la “altivez”, una maldad.

(4) La arrogancia no sólo caracteriza a los promotores y aprovechadores del socialismo; también afecta a muchos “derechistas”, lo cual la izquierda aprovecha. Porque además de hábiles jugadores, las izquierdas son disciplinadas. Y para cambiar el sistema en tu país, no puedes jugar individualmente, tú solo, como “llanero solitario” en las redes sociales. La política es un juego de equipos, actividad de emprendimientos corporativos; y requiere un mínimo de disciplina. Pero hay infinidad de gente incapaz de controlar su “Ego dilatado”. No quiero ser muy duro, pero parece como que en el fondo les importa poco su país, sino sobresalir y destacarse personalmente, en el error que no podrían hacerlo si fuesen parte disciplinada de una sólida compañía política, y de un gran proyecto de alcance transgeneracional.

En el capitalismo liberal, el éxito empresarial resulta del trabajo en equipo, como aprendí de joven, hace muchos años, haciendo encuestas en Gallup International, la gran corporación global. Así mismo es en la democracia representativa, hogar propio de la vida política civilizada: el éxito de los partidos también resulta del trabajo bien coordinado y disciplinado. Los partidos fusionistas se llenaron de hombres y mujeres que destacaron y sobresalieron haciendo equipo, comprometidos en un proyecto trascendente, que hizo una transformación radical para bien de su nación y de su pueblo. Hicieron historia, de la grande, aceptando sujetarse a cierta disciplina, por reglas elementales de la acción política. Controlaron su “Egotitis”, que es la raíz misma del “pecado original” según los más finos teólogos y biblistas.

Conste que no estoy predicando el “altruismo”: el sacrificio del individuo en aras de la masa. De lo que hablo es de grandeza, contra pequeñez. El nuestro es un proyecto muy grande, noblemente ambicioso. Si no puedes curar tu “Ego”; por ejemplo, si crees que te las sabes todas, y nada tienes que aprender, el Proyecto Cinco Reformas no es para ti. Caso contrario, y sobre todo si te duele el futuro de tu país y el de tus hijos, y estás dispuesto a contribuir con eficacia a cambiarlo, entonces puedes ser parte activa de la solución, contribuyendo a transformar tu país, y haciendo historia; ¡bienvenido!

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