blog | 17 enero, 2002

9 Lecciones de los ’90

ILE

En el Perú la propuesta liberal siempre es considerada “inviable” por la sabiduría popular. Malos sustitutos fueron las llamadas “reformas estructurales” en los ’90, en general muy tímidas e incompletas, vacilantes y contradictorias, muy “mitad de camino”. Y fracasaron. Como en Argentina, esta continuación del estatismo por otros medios desembocó en un capitalismo de amigotes. Y su fracaso abrió la puerta a las izquierdas, ahora reforzadas con novedosas piruetas ideológicas y políticas como el  “Eco-femi-indigenismo”; la larga y extraña lista de “derechos humanos” -y de los niños, pero también de los animales-; y partidofobia, con renovado entusiasmo por la democracia directa, supuestamente encarnada en las ONG. En realidad son ingredientes de un coctel antiliberal como son el populismo, militarismo y cristianismo de izquierda.

¿Por qué fracasaron los “neo” liberales de los ‘90? Hay lecciones muy claras de esas experiencias.

Los cambios necesarios no son de carácter positivo sino puramente negativo. Lo que se requería era derogar leyes malas; desesatizar empresas, escuelas, hospitales y universidades, para que entren en competencia; y quitar impuestos y barreras proteccionistas.¿Cuáles fueron los “cambios” de los ‘90? “Positivos”. Quitaron ciertos instrumentos estatistas, pero impusieron otros. Cambiaron por ej. empresas estatales por agencias reguladoras estatales; monopolios estatales por monopolios privados; inflación por impuestos; control de cambios diferenciales por tipos únicos y fijos (“dolarización”) o flotaciones “sucias”; intereses decretados por manipulaciones con encajes decretados (de papeles, divisas y billetes); controles de precios por “leyes proconsumidor”; aranceles por “derechos antidumping”.

Las ideas importan, para mal o para bien, económicas o políticas. En su mayoría las “reformas” de los ‘90 se emprendieron en interés de los SuperGobiernos, para salvarlos de su inminente quiebra. Por eso rara vez redujeron sus gastos, y más bien aumentaron sus ingresos -con privatizaciones monopolistas, empréstitos externos e impuestos-; y en lugar de eliminar reglamentaciones -tomadas por base de su legitimidad- las incrementaron. Como sus antecesores inmediatos de la economía “social” de mercado, los “neo” liberales no se inspiraron en la tradición del liberalismo político, de Gobierno limitado y libertad individual, que no es nueva. Los gobiernos de los ’90 se inspiraron en cambio en las ideas de economistas anglosajones mal llamados clásicos (y neoclásicos). No de los fisiócratas franceses, a quienes con justicia corresponde el apelativo, con su visión del orden natural del mercado y del “Estado gendarme”.

III. La tradición liberal es la del Gobierno limitado, no la de “una buena política económica”. La del “laissez faire” (dejen solo al mercado libre) es la cara económica del Gobierno limitado, constreñido a aquellas funciones constabularias y arbitrales que son propias de la naturaleza del Estado. La economía es asunto tan privado como la religión. El concepto “política económica” implica el de los “fallos del mercado”, que ve perfecto al Estado, y justifica sus intervenciones. Un liberal no propone al gobierno “una buena política económica” -la única buena es la que no existe-, sino a las empresas, familias e individuos. Y en cualquier caso, toda política económica se resume en el mandamiento “Arrichissez vous”. ¿A quiénes va esta recomendación? A quienes no son ricos …

El capitalismo de libre mercado es para los pobres; para los ricos es el estatismo corporativista. El liberalismo es una fuerza sin duda de derechas en el espectro político, aunque no colectivista, como todas las demás corrientes, de su lado y del izquierdo. Porque el liberalismo no es igualitarista; pone límites a la democracia; y toma a la propiedad privada como uno de los fundamentos del orden social. Pero la posición de cada quien en ese orden no es fija e inmutable, porque depende del servicio prestado al semejante en el proceso de mercado. Por eso el capitalismo liberal es la derecha de los pobres: la creación de riqueza en libertad implica movilidad social hacia arriba. Pero también hacia abajo: todo puede conquistarse, pero por eso mismo todo puede perderse, y no todos tienen pueden conservar en competencia lo que ganaron en esa misma condición; y mucho menos si lo ganaron con otros arbitrios. Libre competencia implica oportunidades abiertas para todos, y amenazas permanentes a los beneficiarios del “statu quo”.Para liberalizar no hay que “hacer” absolutamente nada, sino “deshacer” los férreos lazos del corporativismo, tejidos alrededor de los intereses especiales y sus privilegios. Esos son “los lazos de la pobreza”.

La desestatización de la sociedad es asunto político, no económico. Comprende medidas políticas como son: a) Privatizaciones abiertas de las empresas estatales …; b) y a sus empleados de los centros docentes, médicos, previsionales, recreativos, culturales, etc. del Estado; c) con desregulaciones, y recuperación del Derecho Común y la justicia ordinaria; d) libertad monetaria (eliminar el curso forzoso); e) recortes en el gasto público, aunque no lineales sino reforzando las funciones estatales propias; f) y con reducción, simplificación y unificación de las cargas tributarias; y g) Puede incluir un programa transicional de ayuda a la pobreza, pero con cupones, y debería considerarse suspender a los beneficiarios sus derechos electorales.

La desestatización debe ser completa, simultánea en todos los frentes, y rápida. De otro modo las medidas son inefectivas, salvo para efectos distintos y aún contrarios a los declarados. Y sirven a las izquierdas para descalificar al libre mercado. Una vez desestatizada la sociedad, no hay que esperar demasiado por la riqueza. Mark Skousen explica que el proceso de mercado es en parte uno de transformaciones físicas sobre cosas físicas, en cuestión de meses o pocos años.

VII. Su acción en la economía es “del lado de la oferta”, y para recuperar los equilibrios llamados micro. Los mercados no están nunca “en equilibrio”, siempre hay oportunidades desaprovechadas: necesidades satisfechas y recursos empleados por debajo del óptimo, sobre todo en mercados intervenidos. Y la reasignación de los recursos para aplicarse a las necesidades más prioritarias es función del empresario y no del gobierno, no en el lado de la demanda sino de la oferta, de los productores que somos todos y no sólo el empresario.

Los agentes económicos individuales -de cualquiera dimensión-, han de recuperar sus equilibrios, sin subvenciones ni privilegios. ¿Cuáles agentes? Personas, familias y empresas, instituciones sociales espontáneas (escuelas, clínicas, iglesias, clubes, otras asociaciones privadas incluyendo partidos políticos); y gobiernos, locales y de orden superior. ¿Cuáles equilibrios? Básicamente: entre ingresos y gastos, activos y pasivos.

La llamada “macro” economía es una depravación keynesiana, no es liberal. El liberalismo se funda en una praxeología individualista (Mises), y procede según el individualismo metodológico (Hayek): los comportamientos significativos son de los individuos, no de los colectivos. Implica una premisa filosófica: los entes colectivos no son seres en sentido propio. Las “variables agregadas” son meros ejercicios de estadística descriptiva, y muy defectuosos. Sus supuestas correlaciones causales -tomados como fundamento de las “políticas económicas”-, son muy discutibles.

VIII. No hay sustituto para la salida liberal. Ni para el mensaje liberal, que debe llegar a su destino propio. Todos los supuestos sustitutos se ensayaron y fracasaron, demostrando ser inestables e inviables. La salida liberal es la única viable, y es urgente para los pobres, y para los empobrecidos por el estatismo en cualquiera de sus modalidades. Pero se requiere una intensa labor de clarificación ideológica. Poner la doctrina primero. Y difundir el mensaje liberal sin quites ni agregados, sin distorsiones ni falsificaciones. Completo; incluyendo sus aspectos filosóficos: la tolerancia es liberal, pero no el relativismo, ni el “pragmatismo” (oportunismo). Como finamente lo enseñó Ayn Rand, el capitalismo liberal no es compatible con cualquier filosofía.

Ni hay sustituto para la fuerza política que impulse la salida. Como es muy natural y lógico, los partidos populistas y estatistas han demostrado ser absolutamente incapaces de impulsar la salida liberal. No hay sustituto del partido liberal, que se construye a medida que el mensaje va llegando a su destino -los pobres y la clase media- con los propios interesados, sin intermediaciones. A este fin, la organización celular es la más efectiva y conforme al orden voluntario, como demuestran las iglesias primitivas, los partidos comunistas (en la oposición), Alcoholicos Anónimos, y las organizaciones de ventas multinivel para productos franquiciados.Muchas raíces del capitalismo son cristianas; y no todas las religiones son enemigas de la razón. El sitio de nosotros los cristianos en el partido liberal es adentro, no afuera, menos en contra. Para ubicarlo basta con aclarar algunos malentendidos y confusiones sobre la Biblia, documento que contiene la más antigua formulación escrita del mensaje liberal. Sólo hay que mostrarlo.

Por Jose Luis Tapia, Director de ILE.

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