blog | 17 mayo, 2001

Criterios económicos para una política ambiental

ILE

Manejemos el supuesto de que la política ambiental en un futuro no muy lejano tenga la misma importancia que la política económica. Al menos en esta oportunidad intentaremos esbozar algunos criterios fundamentales que deben guiar una política ambiental que tenga como propósito liberar la energía creadora del mercado y en especial de las empresas privadas. Asimismo, debe permitir el surgimiento de la empresarialidad ambiental como un camino alternativo en la búsqueda de hacer dinero en forma honesta.

Se estima que el aprovechamiento de los recursos naturales por parte de las empresas privadas podrían duplicar las exportaciones mediante la aparición de nuevos econegocios tales como en la actividad pesquera, forestal, de ganadería de camélidos, de agricultura diversificada, eco turístico, biotecnológico, y de cultivos y crianza. RainForest Expeditions y Cuzco Amazónico de Perú, son algunas iniciativas privadas exitosas que utilizan herramientas de gestión empresarial para conservar el ambiente y ganar dinero honestamente. Veamos en esta primera parte algunos criterios para una politica ambiental de libre mercado.

 

Primer Criterio. El Intercambio voluntario incorpora principios de ética ambientaltsta.

Esta demostrado que en un entorno competitivo el intercambio libre y voluntario se caracteriza por proveer de bienes y servicios cada vez de mayor calidad. Así la creciente demanda por mejoras ambientales en los productos no escapa este principio cuando se quiere preservar el siguiente postulado ético-ecológico: “De dejar por lo menos igual el medioambiente tan puro y descontaminado como se encontró”. Al respecto, las mejoras tecnológicas buscan utilizar cada vez menos aquellas materias o recursos naturales que por su escasez se vuelven muy costosos, buscando sustitutos o nuevos materiales que favorezcan la conservación de recursos renovables y no renovables.

 

Segundo Criterio. El precio de mercado impone una disciplina tanto al productor como al consumidor.

La preocupación de los gobernantes es cómo asegurar a sus gobernados bienes y servicios en un mundo de escasez. Los partidarios del desarrollo sostenible sostienen que con medidas regulatorias se pueden imponer la disciplina en la utilización de los recursos escasos. Sin embargo, el precio de mercado es mucho más eficiente que las medidas regulatorias. Los subsidios al agua y otros servicios básicos han desatado un derroche de estos recursos por parte de la población. Esto explica por qué la oferta pública de estos servicios siempre tiende a crear indisciplina en el mercado a través de precios políticos. La solución está en “que el precio de estos servicios básicos reflejen su precio de escasez y utilidad como lo determina la oferta y demanda real de un mercado libre”.

 

Tercer Criterio. El mercado y los ecosistemas son procesos evolutivos.

La ley básica de ambos procesos es que cada cosa está interrelacionada una con otra. Además, la propia dinámica del sistema económico y ambiental es que las distintas especies se van adaptando y modificando de forma espontánea en función de las múltiples circunstancias de tiempo y lugar. Por lo que la información relativa y necesaria para regular al mercado y al ecosistema es difícilmente articulable debido a que es subjetiva, dispersa y privativa que continuamente va cambiando y que sólo puede ser conocida o descubierta por la propia función empresarial.

 

Cuarto Criterio. No hay sistema perfecto.

Se cree comúnmente que el mercado o el gobierno son sistemas perfectos. Sin embargo, producen bienes y servicios contaminantes o protegen efectivamente menores espacios naturales que el óptimo deseado. Pero es una realidad inobjetable que los mercados, gobiernos y organizaciones no gubernamentales persiguen cada uno su propio beneficio. Por ello cuando se dictan medidas ambientales específicas debiéramos tener en cuenta la conducta de cada uno de esos sistemas y, que por regla general del ‘common law” deben ser neutrales y abstractas tal que puedan ser fácilmente entendidos y aplicados a todos por igual.

 

Quinto Criterio. La propiedad privada es una institución eficiente.

Cuando los recursos son de propiedad privada y están bien definidos, protegidos y fácilmente transferibles, las decisiones económicas en relación con los recursos se encuentran descentralizadas. En este caso, la asignación de los recursos y la coordinación entre los diferentes y múltiples planes individuales relativos a los mismos se efectúa a través del mercado. La idea más importante a señalar es que, en esta situación, los propietarios poseen tanto la información que necesitan para llevar a cabo una eficiente asignación de los recursos como el incentivo o estímulo necesario para gestionar tales recursos en forma eficiente en beneficio de los consumidores. Igualmente, los consumidores que han de pagar por los recursos naturales que utilizan se aprovechan de la información que conllevan los precios de los mismos, y pueden asignar de forma más eficiente su renta en función de la escala valorativa que consideren más adecuada y manifiesten en cada elección.

 

Sexto Criterio. El empresario es el que resuelve de manera efectiva los problemas del medioambiente.

Una vez identificado el beneficio, el empresario acude al mercado a resolver las apetencias de los consumidores ambientales, descubriendo a través de la competencia las innumerables señales del mercado, tal información es específica y circunstancial, de variación continua, en donde la habilidad y destreza se desarrolla en el mismo mercado y sólo la creatividad del mismo proceso empresarial, introducirá las soluciones tecnológicas del caso, teniendo en cuenta las circunstancias particulares de tiempo y lugar de cada problema medioambiental. Por el contrario, el Estado no resuelve de manera efectiva por que adolece de la información necesaria, en tanto que el burócrata no desarrolla sus habilidades en el mercado y por último, su interés particular no es el bien común sino el suyo propio.

 

Sétimo Criterio. Es un acto de fe que el burócrata o político maximice el bien común.

El interés particular gobierna en la mayoría de los individuos, y los burócratas del sector público no son están exentos a esta realidad humana. Más que de ocuparse del bien común, él se preocupa primeramente de su bienestar y por consiguiente es un error que sea altruista, sino por el contrario, es un ser egoísta con sus naturales debilidades que nada tiene de heroico que no busca nada a cambio.

 

Al respecto, burócrata y político no escapa de los grupos de presión. Son ellos quienes ejercen influencia en los ambientes del sector público, buscando rentas (rent-seeking) de modo que se produzca un intercambio en el mercado político después de un exitoso lobby. Generalmente las medidas que favorecen a los grupos de presión ocurren por una imprecisión de conceptos que no guían adecuadamente hacia metas en que los ciudadanos estimen conveniente, como por ejemplo, el concepto que encierra el bien o el interés común, así como la justicia social, que son pequeñas ventanas en que el mercantilista entra en búsqueda de privilegios para no competir en el mercado con otros empresarios mas capaces.

Por José Luis Tapia, Director de ILE. www.josetapia.pe

 

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