blog | 18 agosto, 2000

Dios, la naturaleza y el mercado libre

ILE

Algunos ambientalistas y ecologistas encuentran escandaloso el mensaje de la Creación escrita en el libro de Génesis: Que la tierra ha sido encomendada al hombre para su aprovechamiento. Después que Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, Él le encargó a Adán y Eva lo siguiente: “Procread y multiplicaos, y henchid la tierra, sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre cuanto vive y se mueve sobre la tierra”. Este es el primer encargo, mucho antes de la caída del hombre, dado al ser humano directamente por Dios.

En el segundo capítulo del Génesis, Dios creó la tierra por amor al hombre y a la mujer, y fue más explícito que en el primer encargo: Ellos debían producir más de lo que aparecía en su puro estado natural. El pacto de Dios con Adán requirió de él ejercer el dominio sobre la naturaleza y, ser administrador de la creación con conocimiento de Dios.

Aunque hay muchas malas y buenas formas de hacerlo, debemos preguntarnos cuál es el marco institucional que permite a cada uno poder cumplir con el designio de Dios. Económicamente estaría entre alguna forma de planificación o de libre mercado.

Pero la experiencia ha demostrado que el Estado es un mal administrador de recursos. Una de las razones de esta afirmación es lo que ha sido denominado como la “Tragedia de los Comunes”. Poniéndolo en términos simples, si todos somos propietarios de algún recurso, ninguna persona tiene el incentivo de protegerlo o cuidarlo. Esto gráficamente se puede ver en el desastre ambiental de los ex países comunistas. Aún más, el Estado tiene incentivos para ser un pésimo administrador. Por ejemplo, el Estado peruano tiene bajo su administración algo más de 40 áreas naturales protegidas, muchas de las cuales tienen un valor en el mercado como atractivo turístico. Sin embargo el Estado los supervisa y protege sin obtener de ellas ningún ingreso significativo de dinero.

De otro lado, la experiencia ha demostrado que el mercado es el mejor administrador de recursos. No solo le permite a sus propietarios aprovechar los beneficios de la combinación de sus recursos, sino que ofrece incentivos para que pequeñas minorías hagan uso de los recursos naturales. Por ejemplo, ya existen en el Perú, y de manera dispersa, zoo criaderos particulares y pequeños negocios de venta al público de canarios, pericos, perros, gatos, esto sin contar con la fructífera industria de los pollos, pavos, y vacas.

Esta minoría trata esos animales de una manera apropiada, ganándose el amor de algunos animales. Estas personas han evitado la muerte de estos animales, les han proporcionado alimentación y hogar. A pesar de estas pequeñas burbujas de libre empresa, el régimen de propiedad de estos recursos naturales sigue siendo estatal. Es decir que cualquier reclamo ecologista solicitando mayor protección de estos animales puede arruinar los zoo criaderos y pequeños negocios bajo la figura del interés público para preservar el ambiente y la ecología.

Bajo esta amenaza los propietarios no pueden ser retribuidos económicamente por la prestación de servicios, como lo hacen el Parque de las Leyendas o el Zoo criadero de Huachipa del monopolio SEDAPAL, es decir que ofrezcan y compitan sus servicios en el mercado. Se requiere de trámites engorrosos que desalientan cualquier inversión en pequeña y mediana empresa.

Se nos ha dado la responsabilidad para administrar la creación de Dios. Hagámoslo bien, y consideremos que el rol de los mercados libres puede colaborar con este mandato. ©

Por José Luis Tapia, Director de ILE. www.josetapia.pe

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