blog | 13 enero, 2003

El contrabando no se soluciona con más violencia

ILE

El Presidente Alejandro Toledo instaló la comisión que luchará contra los delitos aduaneros, entre ellos, el del contrabando. Felizmente, hasta ahora, el Congreso no ha aprobado una norma que autorice al Ejecutivo una acción militarizada contra este tipo de comercio libre. Se equivocan los gremios empresariales cuando exijen el uso de armas de guerra convencional para combatir acciones pacíficas. Sabemos que Puno, Tacna y Tumbes son los puntos donde el libre comercio tiene comprometido a todo un pueblo. Cualquier acción en contra de este comercio solamente provocará sucesivos levantamientos populares de mayor magnitud que los sucesos de Arequipa, Madre de Dios e Iquitos. Como me comentaba un amigo puneño, todo Juliaca se levantará y luchará hasta las últimas consecuencias sino los dejan trabajar. Si esta es la situación: ¿No es un imperativo moral que las autoridades reflexionen y replanteen su lucha antes de crear un gran problema social? Si algo se va conseguir con una actitud intolerante es que muchos pueblos van a terminar considerando al estado como su principal enemigo.

Mientras tanto, el fenómeno del contrabando sigue poniendo de su lado a más autoridades locales y diaramente cientos de peruanos entran en esta actividad sin sentir culpa alguna. Ahora no es casualidad que esten armados hasta los dientes con tal de defenderse de la acción violenta del estado. Esa poderosa fuerza del mercado libre no ha podido ser erradicada por ninguno de los gobiernos de la historia republicana. Ni creo que va poder serlo a menos que se cambie el actual enfoque que confunde el efecto por la causa. Sino fuera por este comercio informal, cientos de miles de peruanos en Tacna, Puno, y Tumbes estarían desempleados, no llevarían ingresos para sus familias y no harían prósperas a sus localidades de manera pacífica.

Los gremios empresariales no miden las consecuencias sociales de una lucha militar contra el contrabando. El gobierno no ha sido creado para atacar actos pacíficos. Utilizar la fuerza y la represión más corresponde para actos violentos como secuestros o terrorismo, pero de ninguna manera para actos pacíficos como el contrabando. Por ello convertir en delito aquel comercio que no reúna los patrones del mundo formal es destruir de un modo inevitable el respeto a la ley. La corrupción, fraude y las falsas declaraciones que ocurren a diario en las aduanas son cosas inseparables a los aranceles y cualquier impedimento al comercio libre fronterizo. Si algo prueba este comercio informal es el alto contenido moral de quienes quieren supervivir en esta vida sirviendo a otros.

La teoría económica nos indica que el contrabando es un efecto de los altos costos de transacción del Estado, que no permite absorber a empresarios y consumidores que viven y se benefician al margen de la legalidad. Ya en el libro “El Otro Sendero”, De Soto, Ghersi y Ghibellini, exploraron este submundo para explicar que la informalidad es – y el contrabando es parte de ella – el resultado de las altas barreras artificiales que el mismo Estado crea, originando que el Perú tenga una de las economías con menos formalidad en el mundo que ni llega al 40% del PBI  después de Bolivia, según documentos del Banco Mundial.

Los del mundo formal –y en especial el Gobierno- deben entender que el contrabando es un problema económico y social que no se soluciona con más represión o aumentando las penas o castigos. El problema es cómo eliminar las barreras de entrada al mundo formal de tal manera que el gobierno sólo se limite a sus funciones represivas para actos violentos. Por esta razón los economistas liberales reclamamos que el gobierno deje de ver a los contrabandistas como sus enemigos, y más bien se siente con ellos para darle una solución definitiva y pacífica.

Por ello considero que continuar reprimiendo el contrabando es una batalla perdida, cuando la demanda de cada día es la causa eficiente por la cual incentivan a miles de peruanos a sacarle la vuelta legítimamente al estado. Mas bien, la solución está en que el mundo formal debe luchar contra sí mismo para que su estado se reforme y no siga expulsando a miles de peruanos a la informalidad. Solamente cuando se vea al contrabando como acto pacífico y de alto contenido moral, habremos logrado civilizadamente conquistar a miles de empresarios a entrar en la formalidad, en lugar de usar los tanques y soldados para reprimir violentamente al heroíco sector informal.©

Por Jose Luis Tapia, Presidente del Instituto de Libre Empresa

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