blog | 5 febrero, 2017

El desmoronamiento de un mito

ILE

Ahora que la revelación de un colaborador eficaz en medio de las investigaciones sobre el mega escándalo de corrupción creado por el gigante Odebrecht, de que al ex presidente Alejandro Toledo las empresas de dicho conglomerado carioca, habrían sobornado con la ingente coima de 20 millones de dólares no solo se desmorona y finaliza un personaje político contemporáneo, también es el fin de un mito nacido del ridículo y de la pataleta, de un mito nacido de la pura y dura pose.

Es también la caída y extinción de un ídolo de papel higiénico mojado y es el final para la carcajada de toda esa corriente borreguil y de tontos útiles conocida como anti fujimorismo.

Analicemos esto con simpleza, ese señor no fue más que un simple oportunista – de los tantos que han presidido al país – que aprovechó una coyuntura política para lanzarse en pos de la primera chance y ser elegido presidente, sin más méritos que solo ser un anti fujimorista, en pocas palabras, en él solo se condensaron oportunismo y pose y fue suficiente.

Acompañado de adláteres y adulones de medio pelo de la izquierda para variar, (ya que la izquierda está llena de todos estos), se ufanaron en construir el mito, necesitaban un personaje y una leyenda y así fue que nació lo que se ufanaron en construir: Un provinciano pobre, lustrabotas, inmigrante serrano que plantó una estera en la periferia de Lima.

Que con un golpe del destino aprovechó la oportunidad y se fue a estudiar economía becado a una universidad de los Estados Unidos.

Vaya que les salió barata a los pontífices de lo “políticamente correcto” este personaje reunía las características de tantos peruanos provincianos.

¿Quién en Lima sería capaz de negar sus raíces provincianas? A ello añadieron sobre él, una serie de matices estúpidos, como el del porte ancestral y también fue presentado como una reencarnación del emperador Pachacutec, suficiente para embelesar a las masas estupidizadas por la idiota prédica indigenista y revanchista de la izquierda.

Claro que no fue más que pura pose, eso a lo que nos tiene acostumbrados la izquierda, resultó que desde el inicio, Toledo no fue más que un ídolo de barro.

Resultó que reunía las características de muchos peruanos indeseables primero negó hasta el paroxismo a su hija Zarai y tuvo que reconocerla como tal, obligado por las amenazas de unas incómodas pruebas de ADN, solía hacer, como buen provinciano y campechano, de la parranda y la borrachera su costumbre de fines de semana.

Luego se inventó un secuestro en el célebre Hotel Melody para hacerse la víctima, la verdad era que había estado entre tragos – y hasta drogas – en la generosa compañía de unas damas que difícilmente eran su esposa, la impuntualidad era uno de sus valores más marcados, hasta sus prontuariados hermanos y sobrinos manejaban la cosa pública.

Como desde el inicio su popularidad fue la más baja de la historia, se recurrió a plumíferos y pajarracos de prensa que siempre estuvieron diligentes para descalificar los que discrepaban.

Al final quién gestionaba el país, en vista de la ineptitud sin pausa del mamarrachero presidente que el Perú había elegido, era su ministro de economía y primer ministro PPK.

Durante este gobierno se empodera la perniciosa tecnocracia caviar, que empezó a vender el cuento de la “corrupción fujimorista” y reescribió la historia contemporánea a placer y según su conveniencia, según la cual los años noventa fueron los años más corruptos de la República, que esa década corresponde al del gobierno de una dictadura cruel, criminal y genéticamente cleptómana.

Fue durante el gobierno de Toledo que el antifujimorismo de pronto era sinónimo de moralidad y patriotismo y así continuó por los siguientes diez años, de ahí que ahora haya tanto infante idiota repitiendo como cacatúas las consignas antifujimoristas y tirando piedras contra quienes no se unan a su coro.

Hoy el mito se rompe, Toledo y su fama de “luchador anticorrupción” y sus creadores caviares desde periodistas, tecnócratas y políticos han sido expuestos como parte de la red latinoamericana de corrupción que orquestó el financista del Foro de Sao Paulo, Norberto Odebrecht, con sobornos de toda laya y para cualquier encargo.

Es de este modo que, se confirma su doble moral y turbidez. La tan cacareada lucha anticorrupción solo fue mamotreto politiquero para condenar a los enemigos políticos de la chacana, calificar de “mafia” a quienes criticaban, blindar a los sátiros o realizar sucios negocios a costa del Estado.

Si bien es cierto con esto no se limpian las corruptelas habidas durante el fujimorismo y las administraciones del Apra y es un hecho que la corrupción siempre ha campeado, pero demuestra el rostro a las claras del Perú.

La crísis institucional es endémica en nuestro país y aparte de ello existen incentivos en la administración pública que sirven como caldo de cultivo para la corrupción, el tamaño casi ilimitado del estado y el colosal abanico de leyes y regulaciones cada vez más absurdas, de modo que no es este un problema de partido o personaje en realidad es todo el sistema.

Por Richard O. Campos Villalobos, sociólogo y profesor de la Universidad César Vallejo. Reside en Chiclayo. Email: r_camposvill@hotmail.com

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