blog | 21 octubre, 2003

En defensa de Humala

ILE

Los congresistas Solari y Flores Araoz ahora atacan al Sr. Antauro Humala Tasso y su etnocacerismo. ¡Que bien que hayan dejado su política del avestruz!. Eso está bien: no se puede tapar el sol con un dedo, ni con cinco.

Pero el sistema actual trata a Humala como subversivo y golpista, y más o menos veladamente lo amenaza con acusarle judicialmente y meterle en la cárcel. “Humala contradice la Constitución”, dicen los políticos del Establishment. Pero nada dicen sobre la ideología ollantista, sobre ese “nacionalismo” tono militar que los Humala le proponen al Perú. Los Humala lo que hacen es propalar a los cuatro vientos un cuerpo de doctrina … que sin duda es incoherente, errónea y peligrosa; ¡pero es doctrina al fin! Y dada la interminable crisis y recesión crónica, ¡es doctrina enormemente atractiva para las masas! (Y ya no es tan folclórica: ahora ha incorporado a Lyndon La Rouche.)

¿Por qué los representantes del sistema no combaten ideas con ideas opuestas, como debe ser?

Los Humala están reclutando y adoctrinando adeptos. Les inculcan su pensamiento, los forman y los sacan a las calles a vitoriar su semanario. Disciernen a los líderes potenciales y les desarrollan. Siembran Escuelas de Capacitación y núcleos políticos por todo el país. Su mensaje llega, penetra, convence. Y no es sólo “en provincias”, como antes se decía despectivamente: “es cosa de cholos”. Sí, pero en el Perú todos somos cholos, algunos menos blanquitos y otros un poquito más mientras el 75 % de los limeños no son limeños.

Adoctrinar y organizar es la fórmula de crecimiento de los Humala. Muy buena y eficaz. Todas las corrientes, movimientos y partidos políticos deberían hacerlo. Pero ya no lo hacen más: ahora los partidos están des-ideologizados, y sólo buscan el poder por el poder mismo. Todos quieren lo mismo: “democracia”. A excepción de los Humala y las izquierdas militantes y combativas, rápidamente encaminados a una alianza -como en Bolivia-, junto con los cristianos de izquierda y los nuevos movimientos “ecofemindigenistas”. Y las ONG que responden a la nueva “agenda política correcta” que va desde un concepto de “derechos humanos” abusivamente superextendido (“derecho” a empleo, vivienda, salud, teléfono, etc.), hasta la oposición histérica al libre comercio, junto con el apoyo al control sobre Internet por cuestiones de pedofilia. El Posmodernismo es el común denominador.

¿Y qué hace el sistema? Los partidos oficialistas y de centroderecha convencional… ¿qué dicen? ¿Dan respuesta a los acuciantes problemas económicos? En absoluto. Allí, en ese vacío, es donde el crecimiento de las nuevas corrientes conspiradoras y antisistema es exponencial.

Otro punto en que los Humala tienen razón es que el problema es de sistema, y no de personas. “El sistema está podrido”, dicen. Es verdad, y la verdad atrae. Claro que el sistema que los Humala proponen es remedio igual o peor que la enfermedad; ¡pero eso la mayoría no lo sabe! Y no lo sabe porque nosotros los exponentes del vero-liberalismo no tenemos tribunas ni medios suficientes –salvo honrosa excepción del diario Expreso- como para exponer sistemática y cabalmente nuestro mensaje, sin distorsiones. Del liberalismo la gente conoce sólo lo que distorsionadamente le informan los antiliberales y los farsantes (“neo”) liberales.

Como liberal, yo me opongo frontalmente a las primitivas ideas de los Humala. Pero debo reconocer y admitir que hacen algo muy bueno, que muy pocos hacemos en este país: exponer y ventilar ideas para la discusión. Apelar a la persuasión, tratar de convencer a los demás de la veracidad y justeza de las propias posiciones, que es lo que se supone nos distingue a los animales racionales de los otros.

Y tanto liberalismo como etnocacerismo tienen algo en común: su rechazo al sistema politico y económico actual. Y estamos de acuerdo con que el agotamiento del modelo neoliberal en Bolivia es la principal causa de la renuncia del expresidente Gonzalo Sanchez de Lozada. Evo Morales, otro etno-nacionalista, ha triunfado; Mesa es sólo un mascarón. A los Humalas no se les debe combatir con amenaza de cárcel sino con ideología. Pero no con cualquiera sino con su opuesta: el verdadero liberalismo, la salida para el Perú.

Por José Luis Tapia, Presidente del Instituto de Libre Empresa (ILE)

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