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28 abril, 2003

En el Perú hay tres sectores desigualmente productivos [FOTOS]

Lima, Perú, 28 de abril de 2003.- Conforme un reciente estudio del ILE sobre la estructura productiva en nuestro país, la economía en el Perú se descompone en 3 sectores: estatal, privado formal y privado informal. El primero lo constituyen las empresas y oficinas estatales; el segundo, las grandes empresas; y el tercero, las pequeñas y medianas.

En la práctica, la expresión “PYME” alude a una inmensa población de microempresas o empresas marginales de la economía, y que bien podría sustituirse por “empresas pobres”. También se incluye como PYMEs a muchísimos trabajadores independientes o por cuenta propia -llamados a veces “cuentapropistas” con más exactitud-, que en realidad son “empresarios pobres”.

La solución que propone el ILE al actual estancamiento productivo es derogar las leyes que imponen regulaciones entrabantes e impuestos empobrecedores. Les llaman “las leyes malas.”

Un perfil deformado

“Una deformación en la estructura productiva es la relativa escasez de grandes empresas”, dice José Luis Tapia Rocha, economista, profesor universitario y Presidente del ILE. Explica que en las economía normales, las grandes empresas constituyen entre el 20 y 22 por mil del parque productivo, mientras que en Perú si acaso apenas llegan al 2 o 3 por mil del universo empresarial.

“El desarrollo económico es un fenómeno de escala. Sin gran empresa (GE) no hay desarrollo”, remata el economista Tapia Rocha. Aclara que las unidades de producción tienen curvas de costos (medios, unitarios y marginales) y economías de escala. Determinadas actividades económicas no pueden ser emprendidas salvo por compañías de considerables dimensiones en inversiones de capital y mano de obra. Por ej., transporte aéreo, o terrestre interurbano, seguros, explotación forestal, etc. Deben ser GEs. No puede ser de otro modo. Es una ley natural de la economía. Y con la naturaleza no se discute.

Por otra parte, las grandes empresas dan cuenta de casi la mitad de los empleos en una economía normal, empleos altamente productivos y bien pagados. “Los obreros del Primer Mundo que vienen por turismo al Perú son obreros ricos”, acotó Tapia Rocha.

La “religión de las PYME”

¿Qué sería preferible: ser obrero rico o empresario pobre? Muchos en el Primer Mundo prefieren lo primero. Pero en el Perú sólo se puede escoger entre ser desempleado pobre u obrero pobre … y empresario pobre en última instancia. Por eso muchas personas son empresarias por extrema necesidad y falta de alternativas, y no por vocación.

Demagógicamente se le hace creer a la gente que la PYME es la salvación, la panacea, el remedio a todos los males económicos. Se dice que los Gobiernos deben “promover” las PYMES a como de lugar, incluyendo subsidios directos o indirectos, u obligar a los bancos a concederles créditos a tasas privilegiadas (a costa de los otros tomadores de créditos, que de este modo pagan tasas mayores.)

Hay una especie de fervor religioso cuando se habla de las PYMEs. Pero ya no hay espacio para más PYMEs, salvo que el escaso número de GEs en Perú al menos se duplique. Sólo las GEs pagan sueldos y salarios elevados para que las PYMEs tengan mercado con poder adquisitivo suficiente para absorber su producción. Con tan pocas GEs, ¿con qué ingresos las personas van a comprar los bienes y servicios de las PYMEs? Hay una relación entre el número de PYMEs que puede haber, y el número de grandes firmas existentes; y en el Perú está excedida hace tiempo: hay mucho más PYMEs de lo que las pocas GEs pueden soportar. Y con el populismo, lo que hacemos es aproximar la estructura productiva de Perú a la de Etiopía o Burkina Fasso.

Capital o libertad, pero no ambos

“¿Por qué no hay más grandes empresas?” Pregunta Alberto Mansueti, abogado, politólogo y Director Académico del Instituto de Libre Empresa (ILE). “Porque el sector estatal de la economía acapara buena parte del capital y de la libertad disponibles”, responde. “Y los privados son poco productivos.”

Explica entonces que el sector estatal es prácticamente improductivo, debido al estatismo. Estatismo es la autoatribución por el Estado de funciones impropias, no connaturales al mismo. Ocasiona una hipertorfia del Estado en tamaño y gastos; y éste se arroga demasiadas competencias y facultades, y recursos. El sector estatal se compone de una porción que consume riqueza sin producir, y otra que además impide reproducirla, con sus arbitrarias regulaciones.

Así los dos sectores privados se ven desprovistos de libertades, y de capital. Por su parte son asimétricos, sigue argumentando el Dr. Mansueti. Sus carencias los hacen poco productivos. El sector informal escapa a las regulaciones, y por eso tiene libertad, mas carece de capital, porque debe soportar el mayor peso de los costos del estatismo. Las cargas tributarias efectivas de todos los impuestos se trasladan mediante los precios, a través de los corredores productivos; y este proceso de traslación es hacia abajo en la pirámide social. Los de abajo no tienen a quiénes trasladar costos de las ineficiencias; por eso son pobres. No pueden capitalizarse.

Por su parte, el sector formal tiene capital mas carece de libertad, ya que las regulaciones los sofocan. Los impuestos elevados inhiben la formación del ahorro nacional; y las demasiadas regulaciones inhiben las decisiones de inversión.

De este modo, regulaciones e impuestos excesivos son las pesadas rémoras que impiden el desarrollo de la economía peruana. Y el estatismo, que es el padre de unas y otros.

¿Solución? Terminar con el estatismo

El estatismo no es la salida, sostiene el Instituto de Libre Empresa (ILE). “Si lo fuese, Perú y las demás naciones de nuestro continente serían ricas y prósperas” -sostienen Tapia Rocha y Mansueti-, pues todas las variantes del estatismo han ensayado: militaristas y civilistas; marxistas y no marxistas; de derechas y de izquierdas; democráticas y autoritarias; de “crecimiento hacia adentro” y hacia afuera (exportaciones); social-demócratas, social-cristianas, socialistas y hasta comunistas (Cuba) … Y sin buenos resultados.

¿La salida? Muy simple: reducir los impuestos y las funciones del Estado, y derogar los kilos de reglamentos o leyes especiales. Pero es el Congreso y no el Ejecutivo quien tiene el poder para lanzar al Perú por la vía del crecimiento económico y la prosperidad. El deficiente comportamiento de la economía en nuestro país y la consiguiente pobreza crónica, tienen una causa muy específica: las leyes malas, que entorpecen el funcionamiento del libre mercado. Para que haya riqueza en el Perú, bastaría con derogarlas, lo que sólo el Congreso puede hacer. Un Congreso con mayoría liberal.

Las reformas del Estado de inspiración genuinamente liberal se basan en tres principios muy simples: Gobiernos limitados; mercados libres; e instituciones privadas separadas del Estado. El estatismo es lo contrario: Gobiernos ilimitados, inflados de atribuciones, privilegios y dinero; mercados reprimidos; e instituciones privadas entremezcladas con el Estado. El estatismo se institucionaliza y encarna en las leyes malas, su expresión concreta.

¿Cuáles son las leyes malas?

Conclusión: los directivos del ILE acusan a las leyes estatistas; es decir, antiliberales. Las hay de cuatro categorías:

1) Las que confieren a los Gobiernos atribuciones que no les corresponden, por no ser sus propias naturales, como son las represivas, judiciales, y contratación de obras genuinamente públicas. Entre estas, las leyes de “educación” y “salud”, y otras que interfieren en el funcionamiento de la economía: leyes de Bancos; de crédito (a la vivienda, agricultura, microempresas, etc.); ley bursátil o de mercado de capitales; leyes cambiarias; de seguros; ambientales, etc. Y las leyes antidroga, que magnifican el problema a la enésima potencia. Y todas las leyes que establecen jurisdicciones especiales, en lugar de los tribunales ordinarios.

b) Las que permiten a los Gobiernos detraer recursos excesivos de la sociedad, alegando necesitarlos para cumplir todas las funciones atribuidas, tanto propias como impropias, y “redistribuir la riqueza”. Son las leyes de crédito y endeudamiento público; del Banco Central y curso legal de la moneda; encaje legal y seguro de depósitos, etc. Y todos los “impuestos malos”: punitivos o confiscatorios; fraudulentos (loterías estatales); y discriminatorios.

c) Las leyes que ponen a los mercados en condiciones de extrema represión, so pretexto de “corregir sus fallos”. Como por ej. las de profesiones y oficios; reglamento requisitorios de permisos y licencias; controles de precios; de alquileres; leyes de “defensa” del consumidor, “antimonopolio” o “pro competencia”; “antidumping”; aranceles “proteccionistas”, etc. Y todas las leyes “del trabajo”, que crean desempleo: salariales, obreras y gremiales; de contratación colectiva; “protectoras” de niños y adolescentes (que les impiden trabajar, y los arrojan a la mendicidad, delincuencia, crimen, etc.)

d) Las que mezclan indebidamente lo público y lo privado, siendo fuente de distorsiones, empobrecimiento y corruptelas. Entre ellas, las leyes de empresas estatales; de “promoción” a ciertos sectores; subsidios; “Sistemas” estatales de seguridad social, etc.

Según Tapia Rocha y Mansueti, los directivos del ILE, “generar un auge económico sin precedentes en el Perú es fácil: basta con derogar las leyes malas. Marcaríamos rumbo y ejemplo en América latina y el mundo.”

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